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Ser niño en Camboya

Ser niño en Camboya no es fácil. Para entender su situación hay que abstraerse de lo que significa un hijo en Europa y ponernos por un minuto en la piel de quién no tiene más que un dólar al día para sobrevivir. Eso le sucede en este bellísimo país del sudeste asiático a la mayoría de la población. Camboya es uno de los países más pobres del mundo, el 36% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

La vida se complica un poco más lejos de la capital. Viajamos junto a responsables de la ONG española Manos Unidas a Poipet, el principal paso fronterizo hacia Thailandia. Esa situación marca su vida diaria. Cientos de camboyanos cruzan cada día la frontera para ir a trabajar al país vecino. Allí hay más trabajo y cobran más. Y, ¿qué ocurre mientras con los niños?
Algunos se quedan al cuidado de los hermanos pequeños, otros directamente solos. En cualquier caso, es complicado que vayan al colegio. Por eso, la  ONG Damnok Toek, socio local de Manos Unidas, ha creado una escuela a su medida.
Un lugar al que van cuatro horas, cuatro horas en las que aprenden matemáticas o lengua jemer, y algo muy importante, se van a casa con al menos una comida en el estómago.
Conocimos allí a Ranaá, un niño que vive junto al vertedero de la ciudad. Es casi irrespirable estar allí. Pero él cada día ayuda a sus padres a rebuscar entre la basura para luego vender lo que puede ser reciclado.
Camboya
En la residencia de la ONG vive Yam Lay. Desde que era un bebé mendigaba en Thailandia. Primero, en brazos de su madre, a los seis años ya lo hacía sola. Su madre solo vigilaba. Pero ni siquiera su madre pudo evitar que fuera detenida y deportaba a su país. Ahora vive en la residencia porque su madre murió.
Gracias a los proyectos de esta ONG niños como ellos tienen la oportunidad de mejorar su futuro.