El regreso del clan del bizcocho

telecinco.es
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El clan del bizcocho vuelve a estar reunido en la casa de Guadalix. Pepe, María, Marta y Sindi vivirán juntos la final de Gran Hermano, o por lo menos pasarán unos días de aquí hasta el próximo lunes 28, día en que tendrá lugar la gran final (aún no se sabe si este jueves saldrá el finalista menos votado o no). No lo ha querido el destino sino también los votos de la audiencia votante y la decisión de María, que se convirtió anoche en cuarta finalista.

Curiosa y emocionante esta historia de la elección del concursante "más uno" de los finalistas. Salvo Dani, ninguno terminó eligiendo quien cabía esperar, aunque los tres hicieron una elección deseada. Esta contradicción se concreta en que nadie hubiera apostado por que Alessandro eligiera a Marta, aunque buena parte de la audiencia deseaba ver a esta concursante de nuevo en la casa. Lo mismo pasó con Pepe y Noemí.

Lo de anoche fue algo distinto puesto que la mayoría apostaba por Pipi como cuarta finalista, pero finalmente terminó siendo María y esta no se llevó a Hugo sino que prefirió volver a contentar, sin saberlo, a la mayor parte de la audiencia. Sindi merecía estar ahí, solo sea por volver a ver la estampa de Pepe con ella a un lado y Marta a otro en la cama peninsular de la piscina, escena que presenciábamos esta madrugada en directo.

María se ganó anoche las simpatías del público al tomar tan deseada decisión. Se trata de una decisión generosa por la sospecha fundada de que en caso contrario no se hubiera producido, a no ser que antes de salir para Fuencarral acordasen este apoyo mutuo. Imposible que lo pactaran a partir de ese momento porque les condujeron en vehículos distintos hasta el plató. María eligió como su "más uno" a una Sindi que cuando hubieron de votar para decidir si se quedaban los dos candidatos a repescados, solamente uno o ninguno, prefirió que se quedase Cristian. Por ella, María se hubiera ido en ese preciso momento. Luego, la nominó hasta tres veces, prefiriendo salvar a Dani, reconociendo que no era tan importante como ella para María.

María sabía todo lo anteriormente señalado y aún así decidió que merecía estar en la final, aunque fuera como su "más uno". Así se lo explicaba a Mercedes: "Elijo a Sindi porque se ha portado conmigo superbien, siempre haciendo alegría en la casa y se lo merece. Tengo que reconocer que mi corazón elegiría otra persona, es verdad. Pero eso ya lo dejaremos para más tarde". De alguna manera estaba siendo justa tras conocer que el 51.6 % de los votos la habían preferido a ella, frente al 48.4 % que prefirió a Pipi. Una exigua diferencia que merecía tener la compensación de ver regresar a las dos a la casa.

Podemos interpretar que María tuvo anoche tiempo suficiente para madurar esta decisión puesto que salieron del loft para volver fugazmente a la casa grande y encontrarse primero con las "más uno" (todas chicas) y los tres finalistas que había hasta ese momento. Conocieron entonces toda la verdad sobre esta mecánica mareante que nos ha hecho dar más vueltas que un hámster en la noria de su jaula, y desde entonces ambas sabían que podían hallarse en la situación de tomar esa decisión un rato más tarde. Se equivoca el que piense que a Sindi le tuvieron que hacer un gráfico en colores para que entendiese la movida. Es más, ella ya sabía que Marta había estado en el loft junto a Pepe y Dani porque les vio a los tres en el monitor del 'confe'.

Ignoro el proceso mental de Sindi, aunque su decisión hubiera estado condicionada por su madre con toda seguridad. En esa grada que reparte carnés de 'reventolandia' (aunque anoche no eran mayoría aplastante), Sergio y Cristian aparecían en primera fila, algo inusual. La madre de Sindi en la última, como han venido haciendo con los familiares de nominados o candidatos a finalistas, con Mary Joy y Berta a ambos lados bajo ella. Creo que hubiera señalado a la filipino-valenciana.

La decisión de María puede que estuviera motivada por el hecho de que Pipi sea supuestamente más fuerte que Hugo, pudiendo ser más útil llevarla como "más uno" con el fin de ganar el concurso. Este pudo ser su proceso mental, aunque no estoy descartando que sea sincero lo dicho en la explicación que he transcrito. También Hugo puso piedras en su camino cuando el jueves respondía "ya lo sé", en lugar del clásico "yo también", cuando María le decía que iba a echarle mucho de menos. Como suele pasar, es posible que varias de estas motivaciones llevasen conjuntamente a María a tomar su decisión.

No es Pepe el único a quien puede acusarse de haber tomado una decisión estratégica no guiada por el corazón. María lo dijo explícitamente: "Mi corazón elegiría otra persona". La diferencia es que esta fue la estrategia de María, que muchos aplaudimos, mientras en el caso de Pepe se trató de la estrategia que le marcaban sus familiares y amigos. En cualquier caso, ni ellos ni el propio Alessandro cometieron delito alguno ni violaron ninguna norma cuando jugaban a lo que ellos interpretaron como caballo ganador. ¿O acaso queríamos que tomasen una decisión para brindarle caballerosamente el triunfo a otro? El quijotismo español en este caso se habría convertido en tontería suprema.

Lo más importante no es si María tomaba la decisión con la cabeza o el corazón sino que su decisión dejaba contenta a la audiencia. Y aquel concursante capaz de hacer aquello que la audiencia le reclama tiene ganado un trocito del botín final, que cada vez está más cerca. Ciertamente, muchos pensaban que Sindi merecía más ser la cuarta finalista, aunque la audiencia decidió anoche que debía serlo María.

El viernes pasado apuntaba alguna de las razones por las que pensaba que la jerezana estaba más cerca que nunca de esa meta. Uno de los atractivos era que entrase con Hugo y se produjese en enfrentamiento de este con Noemí. También que lograse pararle un poco los pies a Dani. Aunque bien mirado casi mejor que no haya sido así, al menos por la primera de las razones.

Noemí no está bien. A estas alturas es una obviedad decirlo y aunque algunos interpreten maliciosamente que cuando lo digo me estoy burlando de esta concursante en realidad sufro por ella. Da lástima verla cerrar los ojos llorando mientras pide otra pastilla, escena que pudimos presenciar anoche. Creo que en su estado no debería haber vuelto a entrar en ningún caso, incluso me planteo si no necesita una baja médica, más sol y playa, apartarse un tiempo de este mundanal ruido de la televisión.

Sus reacciones extemporáneas ya no sorprenden. Anoche llegó bajarse el pantalón del pijama enseñando el reverso a la cámara y el anverso a sus compañeros, para poner el letrero con el número de teléfono que hará ganador a Pepe delante de su pubis. Un rato antes, imitando a Ari lo había puesto delante de sus pechos, con la diferencia de que aquella llevaba ropa interior. El 'súper' llamó a ambas para recomendarles contención. Menos escandalizarse por cosas menores y más prestar atención a una concursante en la que se observan unos cambios de humor preocupantes, en rápidos ciclos de depresión y euforia. Los psicólogos del programa son de primera categoría, pero tal vez lo que necesite Noemí no sea eso sino ser tratada desde fuera.

Su culebrón con Alessandro tuvo anoche un enésimo capítulo. Tras ver el relato seguido en la gala, excepcionalmente bien montado en una sucesión de vídeos, es difícil sentir algo distinto a la perplejidad. No extraña tanto la obsesión de Noemí por tocar los huevos, lo cual hizo repetidamente a Pepe y Alessandro, aunque posiblemente más a la audiencia y hasta al propio programa para el que trabaja. Con sus compañeros es textual y en los otros casos figurado.

No creo que a muchos trabajadores de este país les permitiera la empresa que les tiene contratados dudar de su limpieza. Anoche decía Noemí que "Gran Hermano juega con quien quiere", y preguntada por Dani sobre si se lleva bien con Mercedes repetía esa misma frase como un mantra. No soy nadie para hacer un diagnóstico, pero esa especie de paranoia por la que Noemí cree que todo está en su contra me parece muy preocupante. Apuesto a que anoche pensó que la elección de María como cuarta finalista era otra treta más del programa. No lo digo porque sí, sino basado en sus propias palabras y reacciones. No sé si es un egocentrismo exagerado o manía persecutoria, pero me preocupa igualmente.

En cuanto a Alessandro, anoche recibió otra señal del exterior y volvió a reinterpretar lo que más le puede beneficiar o perjudicar en el juego. Tantas señales han terminado por cegarle, convirtiéndole en un jugador de fútbol que no sabe quiénes son los suyos. Por eso chuta a una puerta y la contraria, pero no lo hace según sopla el viento sino guiado por señales equívocas que han conseguido anular su propio criterio. También le han hecho perder el preciado maletín. Ya no es posible tragarse su discurso de que se acerca a Noemí y se interesa por ella porque no quiere verla mal. En eso tiene razón ella, que anoche mismo se lo reprochaba.

Alessandro vio anoche que la audiencia votaba a María para ser cuarta finalista. ¡Alerta! María es enemiga declarada de Noemí. La audiencia la apoya. Ergo, la audiencia no está apoyando a Noemí. Este silogismo bastó para que Alessandro cambiara de forma ostensible su actitud hacia Noemí. Ni una palabra, ni una mirada desde que entró María en la casa. El italiano respondía en la mesa del comedor a requerimiento de Noemí. "No tengo confianza en ti", decía escuetamente. ¿Quién puede no entender esto? Normal que no confíe. Ahora bien, para que su actitud de los últimos días fuera coherente le sobra haberle seguido el juego en varias ocasiones.

Las imágenes que describí ayer vistas en su integridad lo demuestran con claridad. Cada uno en su cama, Noemí con la almohada de Alessandro y este entrando en su juego. Tontea con ella. La invita a su cama. No hay más. Los distintos signos del exterior ciegan y anulan a Alessandro. Lo explicaban anoche con claridad Dani y Marta, todos los días escuchan desde el exterior gritos apoyando a Noemí. Una de las últimas consignas fue: "Pepe, apoya a Noemí, que vais a ganar". Ha hecho falta que pasaran varios días para que se dieran cuenta de que siempre era la misma seguidora. El domingo la voz era de un chico y llegaron a pensar si no sería su novio. Alessandro debe pensar ahora que no tiene muchos seguidores sino uno muy persistente.

"Estoy harta de mentiras", decía enérgica Mercedes Milá. Lo de menos es que Sergio sea un machista, producto de su educación e ignorancia. Mucho más dañino es que le dijera a Pipi en una discusión: "Que he dejado un trabajo por ti". También le contó que no tenía seguro si podría volver a su trabajo cuando una excedencia de cuatro meses garantiza conservar el puesto de trabajo.

Esto provocó un rifirrafe entre Sergio y la madre de Sindi, con cruce de ofensas. Él le dijo: "Estás más colgada que un chupete", lo cual es todo un descubrimiento como insulto. Ella fue más sencilla a la par que discreta y a media voz le llamaba "sinvergüenza", aunque ya sabemos que los micrófonos los carga el diablo y el suyo estaba abierto en ese momento.

Luego apareció Azucena utilizando el viejo método de empezar con palabras amables para una vez confiado el contrario empezar a sacar los puñales. Defendió a Sergio, y está en su derecho a hacerlo, pero el fallo fue basar su discurso en que Sindi se "rebozó" con Pepe. ¡Ni que fueran 'cocretas'! Entre unas cosas y otras, Sindi estaba a las nueve y media de la mañana contando todo a Pepe bastante desmoralizada, en una conversación ejemplar en la que el bailaor le daba apoyo y conseguía calmar su ánimo. Mercedes puso el lado amable a su entrevista, porque el resto fue demasiado para Pipi.

"No quiero un espectáculo aquí", le decía Pipi a Sergio, añadiendo: "A mi madre la respetas". Se había ido hacia él como una loba, y poco después remataba desde la mesa de entrevista: "Para mí eras grande, pero esto que estoy viendo aquí me demuestra que eres esto", y puso la mano tan abajo que casi se cae del taburete. Bastante amable fue después de que Sergio dijera que la ha cuidado durante cinco años y medio. ¡Ni que fuera un perro!

Moleskine del gato

Casi lo conseguimos. Pipi estuvo a punto de llorar derramando lágrimas al final de la gala. Fue justo cuando le dijo Mercedes que volvía a la casa porque María le había elegido, aunque en verdad lo vio directamente en la repetición de lo sucedido un rato antes en ese mismo plató. Nunca antes había visto tanto brillo en sus ojos. Y eso que entonces todavía no sabía que podría llegar a ganar 20.000 euros. Aunque más que eso creo que le emocionaba posponer el encuentro directo con Sergio.

Tras una gala perfecta (récord de audiencia de la temporada, con un 25%), la madrugada nos ha vuelto a traer aromas de ese Gran Hermano que nos enamoró en esta edición como en pocas. Pipi volvió a la casa y hemos vivido otra madrugada en la que hacían una de esas particulares recenas de las cinco y media de la madrugada, junto a Pepe y Marta. Los tres pasaron casi todo el rato juntos, como en los mejores tiempos. A pesar del cansancio y la falta de sueño acumulada durante los últimos cuatro meses, ahora mismo detendría el tiempo si pudiera y me dejaría embriagar durante un tiempo indefinido por este trío de concursantes que me ha tocado el corazón.

En definitiva, esta edición ha sido la de Pepe y Noemí, le pese a quien le pese. También la del clan del bizcocho. Por eso sonrío al ver a sus cuatro integrantes genuinos de nuevo juntos, teniendo dos de ellos serias posibilidades de llevarse el maletín. Ah, mientras tanto, Dani anoche volvía a librarse de que el gran público viera sus ofensas o comentarios hirientes dirigidos a sudamericanos, filipinos, gitanos e Irene Villa. Pero el pobre hizo eso que nunca debe hacer un finalista de Gran Hermano. Quitó el letrero con el número de teléfono de Alessandro para poner el suyo. ¡Es de ser inútiles!