ANIVERSARIO GASTRO

Los Cañadío cumplen 45 años dando de comer a lo cántabro: "Las empanadillas son de mi abuela Angélica"

Las míticas rabas del Cañadío
Las míticas rabas del Cañadío, en Santander y Madrid, celebran su aniversario. (Foto: cedida)
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Si vives en Madrid, es muy difícil que no hayas ido, al menos una vez a Cañadío, La Maruca, La Primera, La Bien Aparecida o el siempre concurrido Gran Café Santander, que ya ha celebrado su primer lustro en uno de enclaves más codiciados de la ciudad. Lo que tienen en común todos ellos, más allá de que pertenecen al grupo hostelero creado por Paco Quirós hace 45 años, es que rinden homenaje a la tradición cántabra desde una visión cosmopolita. Porque, aunque cada restaurante tiene su propia personalidad, en cualquiera de las marcas del Grupo Cañadío vas a encontrar las mismas señas de identidad: respeto al producto, compromiso con la estacionalidad y confianza ciega en esas recetas ajenas a las modas que siempre funcionan.

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No existen mejores embajadores de la cocina cántabra en Madrid que el mencionado Paco Quirós y Carlos Crespo, que se sumó al proyecto unos años después de la apertura del primer restaurante Cañadío, coincidiendo con el salto a la capital.

Para comprobar que no exageramos solo hay que darle una oportunidad a sus rabas, la tortilla de patata -considerada una de las mejores de Madrid desde hace décadas- o sus distintas elaboraciones con la merluza -uno de sus pescados fetiche- como protagonista. Por no hablar de esa irresistible tarta de queso -combina queso crema y queso fresco- que no ha dejado de ganar adeptos desde que entró en la carta de cada uno de los restaurantes del grupo.

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Nos lo cuenta Javier Quirós, hijo de Paco y el fichaje más reciente del grupo, mientras damos buena cuenta de que ese recetario sigue en plena forma a pesar de que ha pasado cerca de medio siglo. "La tortilla de patata y la tarta de queso, aunque ahora se hayan puesto extremadamente de moda, son dos platos llevan 45 años con nosotros. Y la receta sigue siendo exactamente la misma".

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Es lo que nos comenta este joven de 34 años, recién cumplidos, antes de darnos las claves del éxito de sus negocios: "Por un lado está el tema de la constancia, es algo en lo que siempre ha insistido mucho mi padre. Siempre nos ha dicho que, para que el cliente vuelva, la croqueta tiene que estar siempre igual. Y te puedo asegurar que eso no es nada fácil. Y el resto consiste, básicamente, en hacer lo que sabes hacer, ser constante y estar vigilante, no bajar jamás la guardia".

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Descubrimos que Javier -formado entre Londres y Madrid- forma parte de la dirección estratégica desde hace un año. Y también comprobamos que la lección la tiene bien aprendida: "Seguimos apostando por esos sabores que buscan la tradición. Hoy en día lo llaman comida fácil de identificar, pero no es otra cosa que lo que se hacía en casa de tus abuelos o de tus padres". Se refiere a esas recetas, como la ensaladilla o los buñuelos de bacalao, que se han convertido en auténticos emblemas en todos sus locales. Bocados que evocan esas reuniones que se prolongaban durante horas cada domingo en el hogar familiar y que hoy muchos optan por celebrar en cualquiera de los comedores o reservados del grupo.

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La suya es una cocina sensata, honesta y fiel al producto de temporada que es capaz de conquistar a perfiles de todas las edades. De hecho, los Quirós utilizan un concepto muy participar para referirse a su público objetivo: "Nosotros, en la intimidad, solemos hablar de la esquela". Ante nuestra cara de estupefacción, Javier prosigue: "Generalmente en las esquelas aparece el hijo, el marido, el sobrino y el nieto, ¿no? Pues aquí pasa igual, vienen los padres a tomarse un pincho con sus hijos de 16 años, también muchas parejas, sobre todo por las noches, y es súper habitual encontrarse con reuniones familiares en cualquiera de los locales".

Cocina de la abuela, en sentido literal

En estos tiempos en los que se utilizan con demasiada facilidad conceptos como 'cocina de la abuela' o 'recetas familiares', es de agradecer que haya restaurantes que se toman muy en serio estas etiquetas. De hecho, varios de los platos que no suelen faltar en las comandas de Cañadío, La Maruca, La Primera o La Bien Aparecida han sido, literalmente, creados en casa de los Quirós.

Nos lo confiesa el propio Javier: "Los callos son de mi tía Elena. Las empanadillas, de mi abuela Angélica. Y la tarta de limón, de mi madre Teresa, y esto creo que no lo sabe nadie (risas). De hecho, en algunas de las cartas, aparecen mencionadas las autoras de esas recetas". Así que aprovechamos para felicitarlas a todas ellas por haber hecho felices a tantos comensales a lo largo de 45 estos años. ¡A por otros 45!