Alzheimer

Consiguen transformar un gen de alto riesgo para el Alzheimer en una variante menos peligrosa para frenar la enfermedad

Un hombre mayor haciendo un puzzle. Magnific
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Los avances para tratar la enfermedad del Alzheimer continúan abriéndose paso. Ahora ha sido un equipo de la Universidad de Bristol el que ha propuesto un nuevo enfoque, aunque explican que todavía “es experimental”, este ya ha mostrado sus primeros resultados positivos. Se trata de un posible nuevo tratamiento consiste en convertir un gen en otro: el APOE4 y APOE3, que son factores de riesgo para el Alzheimer.

Para entenderlo hay dos claves que hay que tener en cuenta: la primera, es que el gen APOE4 está presente en, aproximadamente, una de cada cuatro personas. Además, este es el gen de los dos que más riesgo presenta a la hora de contraer la enfermedad.

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Por su parte, el gen APOE3, tiene un riesgo inferior respecto al APOE4 a la hora de desarrollar la enfermedad y es el genotipo más común, ya que llega a estar presente en hasta el 50% de la población. 

Con estos datos encima de la mesa, lo que ha llevado a cabo el equipo liderado por el Doctor Kevin Kempf ha sido convertir el gen APOE4 en las personas portadoras, por el gen APOE3, para así reducir el riesgo de contraer la enfermedad. 

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Los genes se han cambiado usando células de la sangre

¿Cómo es posible que se pueda cambiar un gen? En este caso, ha sido posible gracias a dos elementos. El primero de ellos, el aislamiento del gen APOE4 para poder actuar sobre éste de forma directa. El segundo, ha sido la utilización de células inmunitarias de la sangre, las cuales han actuado de forma directa sobre el gen.

Así pues, lo que han hecho es tomar células que contienen el gen APOE4, extraídas de personas con Alzheimer, y las han puesto a interactuar con las células inmunitarias de la sangre. Aunque las pruebas preliminares se han llevado a cabo en animales, ya se han observado primeros avances que el equipo de investigación califica de “prometedores”. 

Otro de los motivos por los cuales se ha optado por usar el torrente sanguíneo como método de transporte de las células es para que las células penetren directamente en el cerebro. De esta forma, se pretende evitar la barrera hematoencefálica, la cual es una membrana que separa la circulación general de la sangre del fluido extracelular del cerebro y la médula espinal. 

El ADN de las células se ha mantenido estable

Cuando se trata de introducir elementos externos de un cuerpo en otro, observar el comportamiento y la ‘interacción’ del elemento insertado con el resto del entorno es crucial para asegurar el correcto funcionamiento.

En este caso, de acuerdo con el comunicado que la propia Universidad de Bristol ha hecho público, “apenas se afectó al resto del ADN celular, lo que sugiere que la terapia podría ser segura y provocar efectos secundarios mínimos o indeseados”. Dicho de otro modo, al insertar las células inmunitarias para que interactúen con las células que contienen APOE4, el resto de información genética que estas contienen, apenas se ha visto afectada.