Dentro de la Bóveda de Svalbard, el mayor semillero del mundo: "Su misión es garantizar el futuro de la alimentación de la humanidad"
Carlos Franganillo viaja hasta la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, reconocida en los Premios Princesa de Asturias
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Ha sido sin duda uno de las sorpresas de este año. El premio de Princesa de Asturias de Cooperación Internacional lo ha recibido la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada en Noruega. En su definición es uno de los lugares más remotos del país noruego, Svalbard es la única isla poblada que está más cerca del Polo Norte.
Tal y como explica Carlos Franganillo en el reportaje, es un proyecto "casi de ciencia ficción". Allí se encuentra el Banco de Semillas más grande del mundo, aunque este tapado por una capa de nieve, y puede pasar desapercibido, se encuentran semillas de más de 6.300 especies de plantas diferentes, desde este año también semillas de olivo, directas desde España. La finalidad de este lugar es tener garantizada el suministro, en caso de que un desastre natural o humano pueda poner en riesgo los cultivos.
Hasta allí se ha desplazado Informativos Telecinco. El principio de esa historia se remonta a 120.000 años atrás en el tiempo, cuando el ser humano empezó a practicar la agricultura desde el Neolítico. El uso de semillas y de plantas ha servido para alimentar a la humanidad, primero con apenas ocho cultivos.
Las guerras y el cambio climático como amenaza de los cultivos
A partir de entonces, el ser humano ha cultivado ya más de 6.000 especies vegetales diferentes. Hemos sacado cada vez más partido a la Tierra para alimentar a 8.000 millones de personas, pero a la vez hemos ido unificando genéticamente los cultivos. A día de hoy, más del 66% de la producción agrícola mundial se debe solo a nueve plantas concretas y muchas especies locales acaban desapareciendo.
Un factor de riesgo son las guerras. La invasión de Rusia a Ucrania ha inutilizado miles y miles de hectáreas de cultivo de cereal, complicando el suministro mundial de alimentos, especialmente en África. Las catástrofes naturales son otra grave amenaza. Por ejemplo, los incendios que tanto sufre España solo en 2026 han ardido en nuestro país más de 16.000 hectáreas solo de cultivos.
Y además, el cambio climático avanza. Según un estudio reciente de la Comisión Europea, el 53% del territorio español está en grave riesgo de desertificación. Para garantizar la existencia de la biodiversidad. hay que viajar al norte.
La única isla poblada cerca del Polo Norte
"Estamos en Svalbard, es el lugar poblado más al norte de la Tierra", señala Franganillo. "Estamos muy cerca del polo, aunque aquí vive muy poca gente, apenas 2.500 personas, muchas menos que osos polares. Se estima que hay unos 4.000 ejemplares", añade el periodista.
Allí, al salir del pueblo es obligatorio llevar un fusil "si uno no quiere convertirse en merienda de oso". Las islas son territorio de Noruega, pero hay un tratado de hace algo más de un siglo que permite que casi 50 países puedan comerciar. Hay minas operadas por Rusia, pero no se tolera la construcción de bases militares.
La noche polar en Svalbard dura casi cuatro meses cada año y las temperaturas caen hasta los 20° bajo cero. Ese frío mantiene el permafrost, que es la porción de suelo congelado que puede llegar a decenas o cientos de metros de profundidad.
"Estamos aquí para proteger la diversidad de los cultivos, tanto de desastres provocados por el ser humano como de catástrofes naturales"
Por eso en Svalbard desde hace décadas está prohibido llevar a cabo enterramientos porque ese suelo está congelado. De alguna manera, esas islas son una súper nevera. Fuad Gaši, profesor de genética y coordinador de la Bóveda de Semillas de Svalbard, habló con Carlos Franganillo desde allí.
"La bóveda global de semillas de Svalbard alberga la mayor colección de semillas y su misión es garantizar el futuro de la alimentación de la humanidad. Estamos aquí para proteger la diversidad de los cultivos, tanto de desastres provocados por el ser humano como de catástrofes naturales", explica el científico.
"Los bancos genéticos de todo el mundo depositan duplicados de sus semillas en la bóveda. Solo hemos tenido un caso de retirada, el del Banco de Alepo, en Siria, cuya colección se perdió debido a la guerra civil. A lo largo de varios años retiraron sus semillas, regeneraron y repusieron las colecciones y después volvieron a depositar el material", recuerda.
Un tesoro procedente de 134 países
Gaši habla de la importancia de mantener la diversidad de los cultivos y no centrarse solo en unos pocos, aunque sean muy productivos. "Las variedades muy productivas tienen sin duda su lugar, pero son genéticamente uniformes, lo que hace que la producción de alimentos basada en ellas sea muy vulnerable", cuenta.
La diversidad de los cultivos es necesaria para desarrollar nuevas variedades capaces de afrontar los desafíos del cambio climático global, pero también nuevas enfermedades, nuevas plagas y las necesidades cambiantes de la población humana en materia de alimentación y nutrición", añade.
Hay que avanzar hacia el interior de la montaña hasta llegar a una profundidad de 130 metros. "Aquí todo está pensado para resistir una erupción volcánica, un terremoto y la radiación solar, y el sistema de refrigeración garantiza una temperatura de 18° bajo cero y muy baja humedad", señala Carlos Franganillo.
Si la refrigeración fallara, el permafrost natural mantendría las semillas a 5° bajo cero. Se almacenan en tres grandes cámaras, pero solo una se ha utilizado hasta el momento. Y después se guardan en cajas con las semillas en su interior, protegidas por bolsas resistentes al agua. Es un tesoro procedente de 134 países. Ahí ya hay muestras de 1.400.000 especies vegetales procedentes de bancos genéticos de todo el planeta y aún hay espacio para tres millones más.