Una comunidad en lugar de miles de 'me gusta': la nueva forma de vivir de escritores y pintores con una cuota mensual
Miles de seguidores pagan cuotas mensuales para acceder a consejos, clases y contenidos de artistas, escritores y creadores
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¿Se puede vivir tan solo compartiendo algo que se te da bien? La era digital lo permite. Escritores, pintores o creadores de contenido tienen una comunidad que cree y apuesta por ellos. Pagan una cuota mensual por aprender de estos perfiles. No todo el mundo es capaz de monetizar un sueño.
Pintores, ilustradores o escritores están rompiendo su relación tóxica con las redes sociales tradicionales, como Anna Mayer, divulgadora de la gastronomía italiana. Miles de personas pagan al mes o al año por sus consejos.
"No es una cuestión económica, es una cuestión casi más de anímica y psicológica. Esa persona ha apostado por mí por un año", reflexiona Mayer. Mientras, Alicia Aradilla, ilustradora y profesora de pintura, indica: "En mi caso, yo lo que hago es utilizar una plataforma para crear mis propias clases de acuarela y de cuadernos de viaje". Y Ana Calatayud también sueña a partir de sus novelas.
Comunidades con referentes que comparten los mismos gustos
Alicia Aradilla lo dejó todo hace años para viajar y dibujar sus viajes. "Busqué las herramientas y en este caso encontré Patreon. Pone las cosas muy fáciles a los creadores", precisa sobre su plataforma, un sitio web de micromecenazgo para proyectos creativos, fundado en 2013 por el músico Jack Conte y el desarrollador Sam Yam, ambos afincados en San Francisco.
"No cuesta pasta hacerse la cuenta y no cuesta pasta tener abierta la página de Patreon, aunque no subas nada durante un año, no cuesta dinero", señalan los usuarios. Han dejado de competir por un 'me gusta' que no paga el alquiler y han cambiado a un millón de desconocidos por una comunidad pequeña pero fiel.
"Es muy bonito, porque se crea una comunidad de personas que tienen los mismos gustos y los mismos intereses, y eso hace también que los alumnos se motiven", destaca Arandilla.
"Aparte de crear por amor al arte, porque nos sale del alma, también nos gustaría poder comer de ello", sentencia Calatayud. Ahora sus jefes son la gente que realmente valora su trabajo. Vivir del arte sin vender el alma.