El soberano noruego ha sido uno de los monarcas europeos que más tiempo ha permanecido en el trono. Ahora, su hijo Haakon será el nuevo rey de Noruega
La Casa Real de Noruega emite un nuevo comunicado y alerta del "deteriorado" estado de salud del rey Harald: "Está muy grave"
El rey Harald V de Noruega ha fallecido este viernes, 28 de agosto, a los 89 años. Así lo ha comunicado la Casa Real noruega a través de un comunicado. Su muerte llega escasos días después de que el soberano tuviera que ser ingresado en el Rikshospitalet de Oslo el pasado 17 de agosto.
"Con profunda tristeza anunciamos el fallecimiento de Su Majestad el Rey Harald. El Rey Harald falleció en paz en el Hospital Nacional el viernes 28 de agosto a las 6:35 de la mañana", reza la misiva del Palacio noruego.
Ahora, toda Noruega despide a uno de los soberanos europeos que más tiempo ha permanecido en el trono y es su hijo, el príncipe Haakon, quien se convierte en el nuevo jefe de Estado.

La infancia de Harald marcada por la guerra
Harald nació en Skaugum, en Asker, el 21 de febrero de 1937. Era el tercer hijo y único varón del entonces príncipe heredero Olav y de la princesa heredera Märtha, y nieto del rey Haakon VII. Fue el único heredero varón de la Corona y, con el tiempo, estaba destinado a convertirse en el tercer monarca de la dinastía de los Glücksburg en Noruega. Sin embargo, su infancia quedó muy pronto condicionada por uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX: la Segunda Guerra Mundial.
El difunto rey tenía tres años cuando Alemania invadió Noruega en abril de 1940. Tras dos meses de combates en el norte, la situación se volvió insostenible. Y el 7 de junio de aquel año la familia real abandonó el país y comenzó un periodo de exilio para evitar ser capturada por las tropas nazis.
La situación llevaría al pequeño príncipe primero a Suecia y después a Estados Unidos por invitación directa del presidente Franklin D. Roosevelt junto a su madre y sus hermanas, las princesas Ragnhild y Astrid. Allí vivieron en una finca rural en Pool Hill (Maryland), a las afueras de Washington.
Mientras tanto, su abuelo y su padre permanecieron en Londres coordinando la resistencia armada y vinculados al Gobierno noruego. Harald regresó a Noruega exactamente cinco años después, el 7 de junio de 1945, después de la liberación del país. Tenía ocho años.
La guerra le marcó y formó parte, por tanto, de sus primeros recuerdos y de la generación de la familia real que tuvo que crear de nuevo la relación entre la monarquía y una sociedad que había vivido la ocupación por la Alemania nazi.

Formación militar y estudios en Oxford
Después de la guerra, Harald continuó su educación en Noruega. Estudió en la Oslo Cathedral School y después ingresó en la Academia Militar noruega.
Entre 1960 y 1962 estudió en Balliol College, en Oxford, donde cursó ciencias sociales, historia y economía. Mientras tanto, su posición dentro de la familia real había cambiado.
En 1957 murió Haakon VII y Olav se convirtió en rey Olav V. Harald pasó entonces a ser príncipe heredero. A partir de ese momento comenzó a asumir funciones oficiales y a prepararse para una responsabilidad que todavía tardaría décadas en llegar.

Su controvertida relación con Sonja Haraldsen
En 1959 conoció a Sonja Haraldsen, hija de un comerciante de Oslo. La relación no fue sencilla desde el punto de vista institucional. Sonja no pertenecía a una familia real ni aristocrática y, en aquella época, el matrimonio de un heredero con una persona sin origen dinástico podía tener consecuencias para la sucesión.
Harald y Sonja mantuvieron una relación durante varios años mientras esperaban el permiso necesario para casarse. Finalmente, en 1968, el rey Olav autorizó el matrimonio.
La boda tuvo lugar el 29 de agosto de 1968 en la catedral de Oslo. Sonja pasó a ser princesa heredera y, más de dos décadas después, se convertiría en reina.
La pareja tuvo dos hijos: la princesa Marta Luisa, nacida en 1971, y el príncipe Haakon, nacido en 1973 y ahora nuevo rey de la Corona.

Su época como heredero
Antes de ser rey, Harald desarrolló una faceta que le acompañaría durante toda su vida y que le asemejaría al actual rey emérito Juan Carlos: la vela.
Participó en los Juegos Olímpicos de 1964, 1968 y 1972 como representante de Noruega, dejando claro que la navegación no fue solo una afición asociada a su imagen pública. Harald continuó compitiendo durante décadas y consiguió títulos internacionales.
La vela también le proporcionó una actividad al margen de sus obligaciones institucionales y fue una de las constantes de su vida personal. El deporte, junto con la naturaleza y la vida al aire libre, se convirtió en una de las características más conocidas del príncipe y después del rey.
De príncipe a rey
Durante los últimos años del reinado de Olav V, Harald comenzó a asumir una parte cada vez mayor de las funciones de su padre. En 1990 se convirtió en regente cuando la salud del rey Olav se deterioró, y el 17 de enero de 1991, Olav V murió y Harald accedió al trono como Harald V. Tenía 53 años.
El nuevo monarca juró respetar la Constitución ante el Parlamento noruego el 21 de enero de 1991. Meses después, el 23 de junio, recibió la bendición en la catedral de Nidaros, en Trondheim.
Desde entonces, Harald ha desempeñado las funciones constitucionales y representativas propias del monarca noruego. Su lema ha sido el mismo que el de su padre y su abuelo: "Alt for Norge", es decir, "Todo por Noruega".

Sus problemas de salud
Estos últimos años de su vida han estado condicionados por diferentes problemas médicos. En 2005 fue sometido a una operación para sustituir una válvula cardiaca y en 2020 se le reemplazó aquella válvula. En 2021 volvió a pasar por el quirófano por un problema en una rodilla. También fue hospitalizado después de contraer COVID-19 en 2022 y volvió a ingresar en 2023 debido a una infección.
En 2024 sufrió una infección mientras se encontraba de vacaciones en Malasia. Fue ingresado allí y se le implantó un marcapasos temporal. Tras su regreso a Noruega, los médicos le colocaron un marcapasos permanente.
En febrero de este año volvió a ser hospitalizado durante unas vacaciones en Tenerife por una infección y deshidratación. Este mes de agosto llegó su último bache de salud, tras ingresar después de varias semanas recibiendo tratamiento con cortisona por una anemia hemolítica, una enfermedad de la sangre que destruye los glóbulos rojos. El tratamiento había provocado una acumulación de líquidos en el organismo que requería atención hospitalaria. Durante su estancia en el hospital apareció la infección bacteriana en la sangre.

Un reinado de más de tres décadas
Pero más allá de sus problemas de salud, su reinado de más de tres décadas se ha caracterizado por su capacidad para unificar a la sociedad en momentos de crisis, su defensa de los derechos humanos y una apertura social sin precedentes.
Su aportación más recordada es la firme defensa de la diversidad y la inclusión. En septiembre de 2016, pronunció un histórico discurso en los jardines del Palacio Real que se volvió viral en todo el mundo al declarar que la Noruega moderna la componen tanto los nacidos en el país como los inmigrantes, defendiendo abiertamente los derechos de la comunidad LGBTIQ+ y la libertad religiosa. Esta misma política de reconciliación lo llevó a ser el primer monarca en pedir disculpas formalmente al pueblo indígena Sami por las políticas históricas de opresión cultural que sufrieron.
En el ámbito institucional, Harald V eliminó el arraigado elitismo de la corona. Tras haber luchado él mismo durante nueve años en su juventud para poder casarse con Sonia Haraldsen, como rey aplicó esa misma mentalidad abierta y apoyó a sus hijos cuando decidieron casarse por amor con personas sin origen noble, como el príncipe heredero Haakon con Mette-Marit.

Además, respaldó la histórica reforma constitucional que separó la Iglesia del Estado en Noruega, renunciando voluntariamente a ser la máxima autoridad de la Iglesia Luterana nacional.
Tras los atentados terroristas de Anders Breivik en 2011, que dejaron 77 muertos en Oslo y la isla de Utøya, sus emotivos discursos centrados en la democracia, la apertura y la humanidad ayudaron a canalizar el duelo. Esa misma cercanía la demostró durante la pandemia de COVID-19 y tras desastres naturales, emitiendo mensajes directos de calma y resistencia desde su hogar.
Este pasado mes de enero cumplió 35 años en el trono.

