Los tiburones detectan una gota de sangre a kilómetros: de la realidad a la exageración en este mito
Los tiburones tienen un olfato extraordinario, pero la idea de que detectan una gota de sangre a kilómetros es una exageración muy extendida
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MadridLos tiburones tienen un olfato extraordinario, pueden detectar sustancias químicas disueltas en el agua en concentraciones bajísimas y usan este sentido para poder orientarse, localizar alimento e interpretar lo que pasa a su alrededor. Por eso, se ha hecho tan popular el mito de que un tiburón puede detectar una gota de sangre en el agua a kilómetros de distancia.
La realidad es mucho menos espectacular: algunos tiburones pueden detectar ciertas sustancias muy diluidas, pero la distancia va a depender de la especie, de la sustancia, de la corriente, de la cantidad de sangre y de cómo se dispersa en el agua. Este mito, como muchos otros, nace de una verdad parcial: tienen un sistema olfativo muy sensible, pero no son capaces de detectar una gota de sangre desde cualquier punto del océano.
Un olfato muy desarrollado, pero no sobrenatural
Los tiburones no respiran por la nariz como lo hacemos los humanos. Sus orificios nasales, situados en la parte inferior del hocico, están dedicados al olfato. El agua entra por esas aberturas y las sustancias químicas disueltas estimulan células especializadas del epitelio olfativo. Después, esa información es procesada por el cerebro donde se interpreta como una señal química del entorno.
Este sistema está muy desarrollado. En muchas especies, el olfato es una herramienta fundamental para detectar alimento, otros animales o señales del ecosistema. Pero no funciona como un radar mágico. El olor no se expande en el mar de forma uniforme ni instantánea. Se mueve con las corrientes, se diluye, se dispersa y forma una especie de rastro irregular.
La famosa gota de sangre: ¿qué hay de verdad?
La frase de la gota de sangre suele repetirse sin contexto. Algunas fuentes divulgativas explican que ciertos tiburones pueden detectar sustancias en concentraciones de una parte por millón, e incluso algunos compuestos en concentraciones mucho más bajas. Esto sería algo parecido a detectar unas gotas en una piscina o incluso una gota en una piscina olímpica, dependiendo de la sustancia y la especie que sea.
Pero una piscina no es un océano. En una piscina el agua está contenida; en el mar hay oleaje, corrientes, profundidad, salinidad, temperatura, turbulencia y una dispersión constante. Una gota de sangre no permanece compacta ni tampoco viaja intacta durante kilómetros. Se diluye rápidamente y su señal química se fragmenta.
El papel de las corrientes
Para entender este mito hay que pensar menos en el olor y más en el agua. En el aire, un olor puede viajar empujado por el viento. En el mar pasa algo parecido con las corrientes. Una sustancia química se desplaza siguiendo el movimiento del agua, no en todas direcciones al mismo tiempo.
Si hay una corriente que lleva partículas de sangre o restos orgánicos hacia un tiburón, el animal podría detectar ese rastro a cierta distancia. Si la corriente va en sentido contrario, puede no detectar nada que esté relativamente cerca. La distancia, por tanto, no depende solo del tiburón, sino del escenario.
La sangre humana no es necesariamente una llamada irresistible
Otro punto importante es que los tiburones no reaccionan igual ante cualquier sangre. Muchas especies se alimentan de peces, focas, tortugas, rayas, crustáceos o carroña marina, según el caso. La sangre humana no forma parte habitual de su dieta.
No se ha demostrado que los tiburones se sientan atraídos específicamente por el olor de la sangre humana. Aun así, se recomienda no entrar al agua con una herida abierta, no porque una gota vaya a convocar a tiburones a kilómetros, sino porque es una medida básica de prudencia.
La sangre puede ser una señal más dentro de un conjunto de estímulos. Si se combina con chapoteos intensos, peces heridos, pesca cerca, agua turbia o presencia de alimento, entonces puede aumentar la curiosidad o excitación de algunos tiburones. Pero por sí sola, no convierte automáticamente a un bañista en objetivo.
Los tiburones no cazan solo con el olfato
Otra exageración del mito es imaginar que el tiburón depende únicamente del olor para encontrar presas. En realidad, estos animales utilizan una combinación de sentidos muy sofisticada. Además del olfato, cuentan con visión, oído, tacto, gusto, línea lateral para detectar vibraciones y electrorecepción mediante las ampollas de Lorenzini.
Ese último sentido es especialmente llamativo. Les permite detectar campos eléctricos muy débiles producidos por otros seres vivos, algo útil cuando están cerca de una presa, incluso si esta se encuentra parcialmente enterrada o escondida. El olfato puede ayudar a localizar una zona de interés, pero los otros sentidos también participan en las fases finales de la aproximación y la identificación.
¿Qué aumenta realmente el riesgo?
Los consejos de seguridad para evitar encuentros problemáticos con tiburones suelen centrarse en factores mucho más prácticos. Conviene evitar nadar al amanecer, al atardecer o de noche en zonas donde haya tiburones, porque muchas especies están más activas en momentos de baja luz.