"Mamá, quiero hacerme un retoque estético": una psiquiatra juvenil explica cómo hacer frente a esa petición

¿Tú hija o hijo te ha pedido hacerse un retoque estético? Marta Carulla-Roig, psiquiatra infantil y juvenil en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, nos da algunas respuestas al respecto
“Mamá, ¿estoy gorda?”: una experta en educación positiva explica a los padres qué contestar a esa pregunta
¿Sabías que el 50% de la población española se ha realizado un tratamiento de medicina estética? Así lo asegura el informe de la Sociedad Española de Medicina Estética ‘Percepción y uso de la Medicina Estética en España 2023’. Según sus datos, el perfil de los pacientes se está polarizando y se amplía el espectro de edad: aumentan (14-20%) los pacientes más jóvenes, de 16 a 25 años (14-20%) y las personas mayores de 45 años (28-38%). En cuanto a la clase social, el 69% corresponde a clase alta o media-alta. Además, el 65% retoques estéticos se hacen en clínicas o establecimientos no cualificados, de ahí que el SEME, la Sociedad Española de Medicina Estética, haya lanzado la campaña 'Tu cara no me suena' para concienciar e informar sobre las posibles consecuencias y cómo podemos valernos de información frente a estos fraudes. Por ejemplo, antes de nada debemos verificar lo siguiente:
- Verificar la autorización del centro. Esto se puede hacer mediante el REGCESS, aquí podemos ver si cuenta con la autorización U.48, otorgada por la Consejería de Sanidad.
- Confirmar la titulación oficial del profesional comprobándola en CGCOM (Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos). Así sabremos si es médico y se encuentra colegiado.
- Pide la identificación. Una vez en el centro, si el médico no la lleva de forma visible, exige que te la muestren. Si ponen trabas, vete.
Antes esto y la creciente demanda de este tipo de servicios en redes sociales, es fácil pensar a la cantidad de presión estética a la que estamos sometidos habitualmente. También, y de forma preocupante, los más jóvenes. "En la consulta vemos cómo la preocupación por la apariencia puede llegar a condicionar la manera en que niños y adolescentes se valoran y se relacionan. La presión estética ya existía antes de las redes sociales, pero estas tienen un efecto multiplicador: amplían la exposición a determinados ideales de belleza y las oportunidades de comparación, que pueden acompañarlos a lo largo de todo el día. La presión estética nos afecta a todos. También a niñas y niños que están bien, sin que exista ningún problema de salud mental. Puede influir en su autoestima y en la relación que construyen con su cuerpo, especialmente en unas edades en las que la aceptación del grupo adquiere mucha importancia y en una sociedad que concede tanto valor a la apariencia". Quien habla es la doctora Marta Carulla-Roig, psiquiatra infantil y juvenil en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, donde trabaja con niños y adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria y otros problemas de salud mental y autora del libro 'Me miro, me veo, me quiero' (Molino, 2026). Este, precisamente, tiene el objetivo de que niñas y niños aprendan a relacionarse con su cuerpo desde el respeto y que las familias, los educadores y los profesionales tengan herramientas para acompañarlos.
Cómo contestar cuando tu hija pide hacerse un retoque estético
"Mamá y papá, quiero hacerme un retoque estético". Esta es una de las frases a la que seguramente se han tenido que enfrentar muchos padres. Posiblemente más de adolescentes mujeres que de hombres, porque suelen ser las mujeres las que demandan más este tipo de tratamientos y operaciones. Ante ella, la psiquiatra -a la que hemos consultado para hacer este artículo- señala que lo primero que hay que hacer es escuchar la petición sin juzgar o ridiculizar. "Podemos preguntarle desde cuándo le preocupa esa parte de su cuerpo, si piensa que un retoque cambiaría su vida o su manera de verse, y si ha recibido comentarios o se compara con imágenes y filtros. A veces no hay burlas: una característica física que destaca, como el tamaño del pecho o de las piernas, puede adquirir mucho peso en su autoconcepto. Esa preocupación merece ser escuchada y puesta en perspectiva, para que su bienestar no dependa de una característica física".
En el caso de que sea una cirugía lo que pide, hay que distinguir las intervenciones por motivos de salud o para tratar una malformación o las secuelas de una lesión o de un tumor de las intervenciones puramente estéticas. "En menores, cualquier indicación debe evaluarse individualmente por profesionales especializados, teniendo en cuenta su desarrollo y su bienestar. No conviene presentar una intervención estética como solución inmediata a una inseguridad: primero hay que entender qué significa esa petición para el adolescente y acompañarle", añade. En el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona trabajan estos casos de una determinada manera, sin buscar culpables, también desde la perspectiva de los adultos, porque muchas veces debemos los padres analizar que tipo de relación tenemos también con nuestro cuerpo.
"También es importante abrir conversaciones con los hijos, escuchar cómo viven su cuerpo, interesarse por lo que ven en las redes y tomar en serio los comentarios que reciben. En casa podemos favorecer una relación tranquila con la comida: ofrecer habitualmente alimentos saludables sin recurrir al control excesivo, las prohibiciones estrictas ni la demonización de ciertos productos. Estas restricciones pueden favorecer la culpa o hacer que, cuando se presenta la oportunidad de comerlos, se consuman con mayor ansiedad. Acompañarles implica observar cómo se sienten y revisar juntos los mensajes que reciben y los hábitos cotidianos", subraya la doctora.
Cómo reconocer la presión estética
La presión estética puede afectar a la autoestima y a la relación con el propio cuerpo, favorecer la comparación constante y contribuir a la ansiedad, los síntomas depresivos, la incomodidad en situaciones sociales o el aislamiento en nuestros jóvenes. En algunas personas, además, aparecen preocupaciones muy intensas por supuestos defectos físicos. Uno de los problemas más graves son los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Aunque, como advierte la psiquiatra Marta Carulla-Roig, son complejos y multifactoriales, es decir, que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales, y no pueden explicarse por una sola causa. Sin embargo, la presión estética constituye uno de los factores sociales principales asociados.
"Desde la pandemia estamos atendiendo más casos de TCA de inicio en edades tempranas, también en la preadolescencia: vemos pacientes de 12 o 13 años e incluso menores de 12. Por eso merece la pena prevenir pronto, también antes de que exista un problema clínico, y prestar atención a las señales de malestar. Me gustaría que niñas y niños pudieran vivir con mayor libertad en sus cuerpos, cuidándolos en todos los sentidos, mediante hábitos saludables y una alimentación adecuada pero llegando a un equilibrio, sin que la comida o el propio cuerpo se conviertan desde pequeños en algo que deban controlar constantemente o en una fuente de sufrimiento".
Es cierto, que en la pubertad suelen ser comunes las preocupaciones o dudas sobre el propio cuerpo, e incluso el rechazo a algunas partes de nuestro cuerpo, pero hay señales de alerta que pueden servir a los padres para detectar cuando hay que acudir a un profesional. Habría que prestar atención si empieza a sentirse avergonzado de su aspecto, evita las fotos o actividades que antes disfrutaba, cambia su forma de vestir para ocultarse o se compara constantemente. "Si el malestar es intenso, persiste o limita de forma importante su vida cotidiana, conviene consultar a un profesional. No todos los problemas de imagen corporal derivan en un trastorno de la conducta alimentaria; si se acompañan de restricción u otros cambios preocupantes en la alimentación, es importante valorarlo también". Y añade: "El cuerpo cambia a su ritmo, mientras las imágenes que consumen parecen mostrar un único ritmo y una única forma de crecer. Y hay mensajes dirigidos a niños cada vez más pequeños que convierten rasgos normales —la textura de la piel, el vello o los cambios corporales— en supuestos defectos que requieren un producto o una solución".
Por lo tanto, la presión estética es el conjunto de mensajes que nos dicen cómo debería ser nuestro cuerpo para resultar aceptable o valioso. Suelen afectar normalmente a las niñas que reciben desde más pequeñas mensajes relacionados con su apariencia física y el valor. "Necesitamos reconocer la presión estética como un problema social, revisar el lenguaje que utilizamos al hablar de los cuerpos y acompañar a niños y adolescentes en los contenidos que consumen. Los algoritmos de las redes sociales pueden repetir una y otra vez imágenes de cuerpos presentados como ideales, junto con mensajes que nos invitan a encontrar algo que "corregir" en el nuestro".
