Leticia Sala, escritora, sobre los retoques estéticos y el miedo a envejecer: "El botox funciona como una droga, siempre vas a necesitar más"

Las escritora Leticia Sala habla en 'Dame veneno que quiero vivir' del bótox, un fenómeno en la industria cosmética que ha llegado a nuestras vidas para quedarse (por lo menos durante un tiempo)
El riesgo creciente del bótox clandestino: "8 de cada 10 intervenciones las hace personal no cualificado"
¿Qué supone para ti la palabra envejecer? ¿Estamos en un momento donde nos genera rechazo escucharla y vivirla en nuestra propia piel? En muchas culturas ancestrales, envejecer es sinónimo de sabiduría y de respeto, y, sin embargo, en nuestra sociedad "el viejo" es apartado y criticado, por lo menos, en el ámbito público. Incluso se utiliza esa palabra como insulto o como una forma de menospreciar al otro. Los datos aseguran que no queremos ser viejos o que queremos retrasar el paso del tiempo, que estamos coqueteando con los retoques estéticos cada vez más. El 46% de la población española se ha realizado tratamientos de estética (y el 30% se lo plantea), aunque desconozca que ha de ser un médico quien le trate, en una clínica legal U.48. Estos datos son los que se desprenden del nuevo informe de la Sociedad Española de Medicina Estética, realizado por Sigma Dos. Así que la industria cosmética se puso ya hace años manos a la obra, y todo está plagado de rutinas 'skincare' y de centros donde inyectan bótox y ácido hialurónico que prometen devolvernos la cara que teníamos a los 20 años; y las que los tienen ahora mismo, creen que van a asegurarse que a los 40 esas arrugas no aparecerán. Es decir, el bótox ha aparecido para ellas en forma de preventivo. Muchas veces sin un control médico real detrás.
En el libro 'Dame veneno que quiero vivir' (Anagrama, 2026) de Leticia Sala precisamente se habla de esto; de cómo nuestra cara se ha convertido en una superficie de control, en la prueba del tiempo o de su negación. "Este no es un ensayo sobre cremas ni rituales de bienestar, sino sobre lo que ocurre cuando nos miramos al espejo con una nueva arruga y un pensamiento intrusivo que también es nuevo. Sobre el gesto íntimo y cotidiano de aplicar una crema en el rostro por la mañana mientras nuestras hijas toman nota. Sobre la sospecha de que el nuevo imperativo es tener un cuerpo delgado y una piel perfecta", subraya Leticia. En este libro -el cuarto que publica en su carrera- aborda otro tema muy peliagudo que es el del incipiente auge de la industria cosmética infantil y del fenómeno de las Sephora Kids, o lo que es lo mismo, menores que comparten sus trucos de belleza en las redes.
Pregunta: ¿Por qué en tu cuarto libro querías hablar de bótox?
Respuesta: Como escritora, el motivo que me llevó a sentir inspiración en realidad por este tema fue, sobre todo, el momento en el que leí en la realidad un cambio. Observé que había un cambio en nuestra relación con el envejecimiento y, concretamente, con la piel y el rostro. Especialmente esto ocurrió tras la pandemia, en mi opinión. Pero luego, contrastándolo con datos, efectivamente ha coincidido con que hubo un aumento masivo de retoques, que lo menciono en el libro, en el 2021. Observé un cambio afuera, pero también en mí misma, en mi intimidad y hacia adentro, cuando, como menciono en el libro, justo coincidió con que yo me convertí en madre y ,de pronto, mi relación con el envejecimiento y mi relación con mi rostro y con los cuidados y con las manos se transformó por completo. Quise indagar más sobre ello y me encontré con datos entre estremecedores y asombrosos en los que, efectivamente, ha habido un cambio enorme en la industria cosmética.
P: El botox es bastante reciente, pero estamos viviendo una gran oleada ahora mismo, es decir, un pico de consumo.
R: Sí, efectivamente. Ya existía antes de la pandemia, pero ha sido postpandemia cuando ha ido todo en alza. Y las previsiones es que seguirá creciendo en un futuro, es decir, que la demanda aún será más alta.
P: ¿Por qué crees que será así? ¿A qué conclusiones has llegado después de escribir el libro?
R: No tengo para nada la verdad absoluta, pero sí que creo que el encierro por el Covid nos hiciera estar más en contacto con el móvil y, por lo tanto, más en contacto con nuestro rostro por la cámara frontal, por el zoom, por los filtros. El tener al acceso a una versión "supuestamente" tan mejorada de nuestro rostro -que nos devuelve una 'baby face'- ha terminado generando un efecto psicológico en nosotras. Muchos cirujanos señalan, precisamente, que tienen clientas que les piden la cara que ven en Instragram.
P: En contrate, también estamos viendo en redes una gran crítica y una corriente por una belleza más realista y sin filtros, ¿no lo crees?
R: ¡Por supuesto! Sí, además, estoy absolutamente feliz de que eso suceda porque el libro va en esa dirección. Por un lado, los datos y Hollywood y una serie de 'inputs' nos dicen que los retoques ahora mismo son todo, pero es verdad que siento que hay cada vez más mujeres que también estamos atravesando unos años de una conciencia mayor. Por lo tanto, sí, hay una resistencia, vamos a decir, de gente que no solo no lo hace, sino que además se pronuncia explicando que existen otras alternativas.
Los retoques invisibles son los más caros y, por lo tanto, también acaba siendo una cuestión de clase social
P: El bótox es en sí mismo muy contradictorio, porque, por un lado, identificamos perfectamente una cara con bótox, pero por el otro, queremos esconderlo, "que no se note demasiado".
R: Es de las cosas que más perversas de todo este conflicto. No debemos culpar a la mujer, sino a la presión estética que sufre. Porque nos metemos en retoques estéticos y encima sufrimos porque el otro se dé cuenta. No tenemos libertad, y esto viene porque sí que existe un mandato, invisible o no, de que tenemos que ser agradables físicamente para el otro y mantenernos en este estándar de la jovencita que mencionaba la escritora americana Susan Sontag, a la que menciono en el libro, pero al mismo tiempo que no moleste tampoco esta imagen al otro es decir, que no se note en exceso lo que se ha hecho en la cara porque si no se lo va a juzgar de excesivamente vanidosa. Y una mujer no puede ser vanidosa. No es un momento en el que se nos lo está poniendo fácil.
P: ¿Por qué lo crees?
R: Acceder a estos retoques invisibles son los más caros y, por lo tanto, también acaba siendo una cuestión de clase social. Es decir que estamos en una tela de araña. Por un lado, efectivamente cada vez es más asequible, porque la industria cosmética no es tonta y dice si hago un producto más barato con componentes probablemente peores la gente lo va a comprar, pero también más nocivo. Ya se está hablando del bótox pirata y se está avisando de lo peligroso que es. Cuanto más barato, más nocivo. Entonces, al final sí que tiene mucho que ver con tu estatus y con tu capacidad, con tu poder adquisitivo.
P: Hablas de esa accesibilidad, y en efecto, cada vez más jóvenes se están apuntando a la moda del bótox. Es tan fácil como darse una vuelta por redes sociales o programas de televisión para notarlo... Por ejemplo, se ve claramente en la moda del aumento de labios. ¿Cómo lo explicas?
R: Sí, es verdad. En ese sentido, indudablemente hay un cambio. ¿Por qué la gente joven está accediendo a este tipo de tratamientos tan vistosos? Debe haber un tema indudable de moda, como millones de otras modas que han sucedido en la historia de los tiempos, pero es verdad que esta es una moda que tiene unas consecuencias. El bótox se ha vendido de un modo inocuo, de "el cuerpo lo reabsorbe y no pasa absolutamente nada", pero no es así. El hecho de que sean personas tan jóvenes quienes lo consuman tiene efectos a largo plazo, y las veremos.
P: Tú eres millennial y seguro que recuerdas cÓmo se popularizaron en los años 2000 aproximadamente los rayos UVA. Había centros por todas partes y era habitual hacerse antes de salir o de cualquier evento social. Hoy en día, tenemos muy en cuenta el cáncer de piel y cómo el sol puede dañar la piel a largo plazo. Quizá deban pasar unos años para verlo así de claro con el bótox...
R: Sí, efectivamente. De hecho, hay un capítulo en el libro donde hago un breve repaso de algunas modas de belleza como esta. En concreto, Coco Chanel fue la que nos liberó de la obsesión por la piel blanquecina, que esa es la que nos precedía. Todo hubiera podido quedarse ahí, pero vino la industria cosmética y nos empezó a meter el bronceado, los rayos UVA, y toda esa época en la que España, por lo menos, estaba plagada de cabinas. Como ahora la lucha es contra las arrugas, y el sol provoca arrugas, este es el enemigo.
P: ¿Crees que el uso de bótox también que está un poco ligada a la autoestima?
R: Es un tema delicado de tratar. De nuevo insisto en que las mujeres cargamos intrínsecamente con la culpa. Respondiendo a tu pregunta, entrevisté a una mujer -que cito en el libro- que me reconocía que tenía la autoestima muy baja y que pagar por ponerse bótox, es decir, por soluciones y verse la cara perfecta, le subía la autoestima. Me encantó su sinceridad. CÓmo el bótox funciona como una droga, cuanto más tiempo va pasando, más vas a necesitar de ese producto para que haga el mismo efecto, pues es algo a tener en cuenta como mínimo. Después cada uno hará lo que quiera con lo que tiene y en la situación en la que se encuentre, pero creo que deberíamos contar con la información completa porque no es un producto que se vaya del cuerpo y "no pasa nada".
P: Una de las partes de tu ensayo e investigación está dedicado al boom de la cosmética infantil y de la exposición del 'skincare' en redes. Es, sin duda, una de las partes más oscuras de esta industria y del momento en el que vivimos... ¿Es más peligrosa la industria o el ejemplo que nosotras le podemos dar a nuestras hijas, sobrinas, etc.?
R: Yo creo que con una industria con más moral o moralidad o ética nos iría mejor, estaríamos más protegidas. Yo, sin duda, a quien critico más es a la industria cosmética. Como madre de una niña de cuatro años, he podido observar el enorme efecto que tengo yo en ella, tanto en lo que hago de forma consciente como inconsciente, por eso, quería también relacionar ese hallazgo con la cultura del 'skincare' también. En ese sentido, sin duda las niñas particularmente tienen una identificación mayor con la madre, y si ese monstruo que es la industria cosmética nos hace sentir que necesitamos algo tanto, ellas también lo van a creer así. Hay una industria imparable, con marcas como la de la actriz canadiense Shea Mitchell -que ha creado una gama de productos para niñas de tres años para cuidarle la piel- que es fantasmagórica. Las mujeres aplicamos mucho el autocuidado pero merece la pena detenernos para ver qué es lo que les estamos mostrando a las niñas sobre ese tipo de autocuidado.
"Si vas a hacerte un tratamiento, el que sea que te quieras hacer, a no ser que pidas una opinión directamente, la persona no debería darte ninguna opinión de tu rostro"
P: En el autocuidado puede haber mucha autoexigencia, claro. La línea es muy fina en cuando nos aplicamos autocuidado y cuándo nos estamos autoexigiendo un rostro perfecto y joven.
R: Realmente es una línea muy compleja de dilucidar, porque además desde fuera nos confunden. Si ya es difícil saber si haces algo por esclavitud o por cuidado, todavía lo es más cuando el exterior se encarga de enviarte mensajes confusos. Pero dicho esto, intento compartir algo que a mí me sirve, que es cómo intentar responder desde el cuerpo si esto que estoy haciendo es por placer o es por miedo. Para mí ir a ver a mi esteticista María, por ejemplo, es cuidado, es placer e ilusión, pero hay muchas mujeres que cuando entran en una cabina o en un esteticista y salen peor. Eso es violencia estética.
P: ¿Qué es para que todas la podamos identificar?
R: Si vas a hacerte un tratamiento, el que sea que te quieras hacer, a no ser que pidas una opinión directamente, la persona no debería darte ninguna opinión de tu rostro. Pero, muchas veces, sales de ahí desesperado porque ha habido una violencia verbal, que se hagan comentarios no solicitados acerca de tu rostro o tu físico o que te hablen en términos médicos de algo puramente estético.
P: ¿Qué relación tienes tú ahora mismo con el concepto de belleza? Confiesas en el libro que no te has puesto bótox y que tampoco quieres criticar a quienes lo hacen,
R: Claro porque yo solo sé lo que es envejecer hasta la edad que tengo, hasta mis 37 años recién cumplidos. Obviamente sería mucho más fácil decir "yo nunca voy a hacer nada", pero precisamente como yo soy otra de todas las mujeres del universo que está bajo una presión estética y como precisamente no puedo hablar de algo que no vivo en experiencia propia, solo leo hasta aquí. Me parece mucho más sincero y honesto no hacer declaraciones enormes de cosas que desconozco porque yo no sé lo que es tener 57 años o 45 años. No es lo mismo estar todo el día trabajando frente a una cámara, que no. Me parece más liberador no hablar de una forma drástica, sino que nos hagamos preguntas y abrir el debate, por lo menos tener toda la información al completo.
