Fútbol

Un entrenador gallego convierte años de anécdotas en un libro sobre los padres en el fútbol base: “Cada día se dan situaciones esperpénticas”

El libro 'Lo malo son los padres', de José Carlos de Miguel, está a la venta en Amazon y en la librería Couceiro de Santiago. CEDIDA
  • José Carlos de Miguel acaba de publicar ‘Lo malo son los padres’, un libro sobre la presión familiar en el fútbol base

  • El entrenador compostelano denuncia los excesos de algunos padres que convierten el fútbol infantil en una competición de adultos

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“¿Cómo quedasteis?, ¿Cuántos goles marcaste?, ¿Eran buenos?”… son sólo algunos ejemplos de las preguntas que muchos niños tienen que escuchar cuando, al terminar un partido de fútbol, vuelven a casa con sus familias. Antes incluso de saber si se han divertido, si han aprendido algo o cómo se han sentido en el campo, el resultado del encuentro y el rendimiento individual suelen convertirse en el centro de todas las conversaciones. Una costumbre aparentemente inocente que refleja hasta qué punto las expectativas de los adultos pueden condicionar la experiencia deportiva de los más pequeños.

Es una de las situaciones sobre las que invita a reflexionar el entrenador compostelano José Carlos de Miguel en Lo malo son los padres, el libro que presentó este martes en la librería Couceiro de Santiago, escrito a partir de sus propias experiencias acumuladas durante años como entrenador de fútbol base.

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El autor, que además de técnico deportivo es padre, pone el foco en un problema que va más allá de los terrenos de juego: la presión que algunos progenitores ejercen sobre sus hijos y la dificultad de transmitir valores cuando los propios adultos pierden de vista el verdadero sentido del deporte.

“Es un libro para que la gente reflexione, que relativice”, explica De Miguel, que compagina su profesión de farmacéutico con los entrenamientos en la E.D.S. Santa Marta de Santiago de Compostela, donde afronta su sexta temporada al mando de equipos de categorías Benjamín, Alevín e Infantil, es decir, con niños que no superan los trece años a los que, en ocasiones, se les exige demasiado.

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Niños que parecen jugarse la Champions

Su experiencia le ha demostrado que la competición, en más ocasiones de las que le gustaría, ocupa un espacio desproporcionado en edades en las que el fútbol debería servir, ante todo, para aprender, divertirse y convivir. “En muchas ocasiones estamos hablando de niños de ocho, nueve o diez años que parece que se juegan la Champions”, señala el entrenador, en referencia a las exigencias y las reacciones de algunos padres desde la grada.

La presión no siempre se manifiesta en grandes enfrentamientos. A veces aparece en forma de reproches después de un fallo, expectativas desmedidas o recompensas por marcar goles y ganar partidos. De Miguel ha conocido a familias que prometían cinco euros a niños de siete u ocho años si conseguían marcar, o su comida favorita si su equipo ganaba.

También ha visto a pequeños buscar desesperadamente la mirada de sus padres después de cometer un error. “Hay niños con demasiada presión de sus padres que, cuando fallan un gol, lo primero que hacen es buscar su mirada de recriminación en la grada”, relata a Informativos Telecinco.

El problema, advierte, es que el fútbol puede dejar de ser una actividad elegida por los propios menores para convertirse en una obligación. Recuerda el caso de un niño que, cuando llegó el momento de saltar al campo, pidió permiso para ir al baño y acabó encerrándose allí porque no quería jugar. Al preguntarle por lo ocurrido el fin de semana siguiente, el pequeño le confesó que tenía que jugar porque temía que su padre lo castigase si se negaba.

Son experiencias que el entrenador fue acumulando hasta decidirse a escribir el libro. “Lo escribí como una válvula de escape de situaciones esperpénticas que iba acumulando”, reconoce. La recopilación, sin embargo, no está cerrada: “Cada día hay anécdotas nuevas que podría añadir al libro”.

Las rivalidades también estallan dentro del mismo equipo

Las tensiones entre las familias no se limitan a los enfrentamientos entre aficionados de equipos contrarios. De Miguel asegura que las discusiones entre padres rivales son habituales, pero apunta una realidad menos evidente: “Me atrevería a decir que incluso más entre padres del mismo equipo”.

En su memoria guarda, entre otras situaciones, la reacción de un progenitor que protestó porque su hijo no había sido elegido mejor jugador de un torneo, pese a que el galardón había recaído en un compañero de su propio equipo. Las rivalidades pueden acabar trasladándose incluso a las redes sociales, donde algunos adultos magnifican los logros de sus hijos o cuestionan los de los demás.

“Hay padres que creen que sus hijos están jugando la Champions y son Messi”, resumía el entrenador en una reflexión que da sentido al título de la obra.

El fenómeno, puntualiza, no es exclusivo del fútbol. Sin embargo, considera que en este deporte adquiere una dimensión mucho mayor por la cantidad de personas que se implican en cada partido y por la importancia que se concede a los resultados. “Si en otro deporte puede haber dos o tres padres ‘petardos’, en el fútbol hay veinte, es proporcional a su dimensión”, afirma.

Educar en el respeto, también desde la grada

El libro no se limita a cuestionar el comportamiento de las familias. También aborda la responsabilidad de entrenadores, árbitros, medios de comunicación y futbolistas profesionales a la hora de construir referentes para los más pequeños.

De Miguel defiende que el trabajo de los técnicos de categorías inferiores no consiste únicamente en enseñar a jugar, sino también (y sobre todo) en ayudar a los niños a gestionar las victorias y las derrotas, respetar al rival y entender que equivocarse forma parte del aprendizaje.

Esa tarea, no obstante, se complica cuando los referentes del fútbol profesional protagonizan conductas contrarias a los valores que se intentan inculcar. “Tanto padres como entrenadores nos esforzamos por inculcarles unos valores que luego en el fútbol profesional no ven. Es muy difícil”, admite.

Otro de los focos de preocupación son los insultos desde las gradas, especialmente cuando se dirigen a los árbitros, algunos de ellos menores de edad. El entrenador recuerda que los colegiados pueden equivocarse, como cualquier otra persona, pero eso no justifica las descalificaciones ni los ataques.

“Hay que educar hasta donde se pueda”, sostiene. Una labor que considera fundamental en un deporte que moviliza a tantas familias y que, durante la infancia, debería servir también para aprender a convivir: "Hay que replantearse que solo es una actividad extraescolar más", conciencia.

Un llamamiento a mantener la calma

Detrás de Lo malo son los padres hay, por tanto, una invitación a revisar comportamientos cotidianos que pueden pasar inadvertidos hasta que sus consecuencias afectan a los niños. El objetivo no es enfrentar a familias y entrenadores, sino recordar que todos deberían trabajar en la misma dirección.

De Miguel conoce esa realidad desde ambos lados: es padre y entrenador. Por eso, su mensaje no busca señalar únicamente a quienes protestan desde la grada, sino animar a las familias a tomar distancia de los resultados y escuchar a sus hijos. “Mi consejo, a modo de resumen, es que como padres de niños futbolistas hay que mantener la calma”, afirma.

Una recomendación sencilla que pretende devolver el fútbol base a su propósito inicial: que los menores disfruten, se diviertan, aprendan y encuentren en el deporte un espacio para crecer, sin sentir que cada gol fallado o cada derrota sea un fracaso personal.