La Tarjeta Sanitaria Europea da acceso a la asistencia sanitaria pública en 32 países de Europa, y que debería ser indispensable a la hora de salir de España
El error al buscar hoteles que puede hacer pagar mucho más por la misma habitación
Se puede haber calculado el itinerario al minuto, comprado los billetes con meses de antelación, reservado el hotel con desayuno bufé y descargado en el móvil el mapa offline de la ciudad de destino, y aun así olvidarse de un trámite administrativo que puede marcar la diferencia entre una anécdota veraniega y una catástrofe económica: revisar la vigencia de la Tarjeta Sanitaria Europea antes de subirse al avión.
Este es un documento, personal, intransferible y absolutamente gratuito que acredita de manera oficial a su titular el derecho a recibir asistencia sanitaria pública en treinta y dos países del continente en las mismas condiciones que un ciudadano local. Su ausencia obliga al viajero enfermo o accidentado a costear la factura íntegra del sistema sanitario extranjero, con desembolsos que, en países como Suiza o los estados nórdicos, pueden ascender fácilmente a varios miles de euros por una urgencia menor.
Un pasaporte sanitario para treinta y dos países
La TSE, emitida en España por el Instituto Nacional de la Seguridad Social, opera en los veintisiete Estados miembros de la Unión Europea más Reino Unido, Noruega, Liechtenstein, Islandia y Suiza. Su cobertura territorial excluye, conviene subrayarlo, Andorra. Quien vaya al Principado con la sola tarjeta se llevará una sorpresa desagradable si sufre algún percance, ya que allí es necesario un certificado especial gestionado también por la Seguridad Social. Fuera de esa acotación, la tarjeta funciona con independencia de la naturaleza del viaje y ampara al titular durante toda estancia temporal.
Su cobertura se articula sobre un doble principio de necesidad médica y equivalencia con la asistencia pública local. La tarjeta ampara todas las prestaciones sanitarias que resulten "necesarias desde un punto de vista médico" durante la estancia, incluidas las derivadas de enfermedades crónicas preexistentes. Esa cobertura se dispensa en las mismas condiciones y con las mismas eventuales copagas que soporta un ciudadano del país de destino, principio que introduce una asimetría relevante, dado que los sistemas sanitarios europeos no ofrecen catálogos idénticos, algún servicio que en España sería gratuito puede en Suecia requerir un ticket moderador, y viceversa.
Lo que no cubre, en cambio, es el catálogo íntegro de otros servicios que el viajero suele asociar al concepto genérico de "seguro de viaje". No atiende la asistencia sanitaria privada, no financia el vuelo de regreso en caso de repatriación urgente, no compensa la pérdida o sustracción de equipaje, no cubre gastos si el viaje tiene por objeto expreso recibir tratamiento médico en el extranjero, y no vale si el desplazamiento constituye un cambio de residencia, supuesto en el que el asegurado debe registrarse en el país de destino mediante el formulario S1.

Cómo se solicita la tarjeta sanitaria europea
La solicitud de la TSE es íntegramente electrónica y gratuita. Se tramita en la sede electrónica de la Seguridad Social, o a través del portal Impor@ss, mediante tres vías alternativas de identificación: certificado digital, sin certificado digital, o vía SMS con el teléfono móvil registrado en la base de datos de la Seguridad Social. En la solicitud se indica el domicilio postal al que debe remitirse la tarjeta, así como los beneficiarios a cargo cuyas tarjetas se soliciten simultáneamente. Es importante saber que cada miembro de la familia necesita su propio ejemplar, aunque viajen juntos. El plazo máximo de recepción es de cinco días hábiles. La tarjeta tiene una validez de dos años y su renovación es igualmente gratuita.
Para quien deba viajar antes de que llegue el plástico, la sede electrónica permite descargar de forma inmediata el Certificado Provisional Sustitutorio, documento con idéntica validez legal durante un periodo limitado. Es la solución operativa para el descuido de última hora, y su descarga apenas requiere cinco minutos si se dispone de las credenciales de acceso.
Un trámite gratuito que evita una factura desagradable
Cerca de un año después del lanzamiento de la campaña europea de recordatorio veraniego, la Seguridad Social sigue insistiendo en la conveniencia de revisar la vigencia del documento antes de cada desplazamiento. Los servicios sanitarios públicos de los treinta y dos países en los que opera están obligados a aceptar la tarjeta cuando el paciente la exhiba. Cinco minutos de trámite doméstico y cinco días de espera postal —o cinco minutos adicionales para descargar el certificado provisional— separan al viajero español del techo asistencial más amplio del continente. Un olvido barato de corregir. Y un descuido carísimo de arrastrar hasta la primera urgencia.

