Un enclave a menos de 15 minutos del Cañón del Río Lobos con menos de 400 habitantes
El pueblo madrileño que tiene siglos de historia y cuenta con un escenario de película
Hontoria del Pinar es un pueblo de la Sierra de la Demanda burgalesa que no aparece en las guías tradicionales de escapadas ni en lo alto de los rankings de destinos rurales de moda. Sus poco más de trescientos habitantes viven a 1.046 metros de altitud, a diez kilómetros de la frontera con Soria y a menos de un cuarto de hora en coche de la entrada norte al Parque Natural del Cañón del Río Lobos.
La antigua estación de tren del pueblo, cerrada al tráfico ferroviario en 1984, se ha convertido hoy en el argumento principal para aquellos que eligen esta zona para pasar unos días de desconexión. El conjunto de edificios que la conforman, de los años veinte, está situado a las afueras del casco urbano y aislado en un paraje abierto. Por esto, se ha convertido en un alojamiento rural que conserva el aire original de las viejas estaciones de la línea Santander-Mediterráneo.
Una estación devuelta al viajero
Su rehabilitación se ha resuelto en dos edificios independientes con vocación distinta. El primero, es la propia casa rural, que ocupa lo que en su día fueron los baños de la estación. Es un dúplex acogedor con capacidad para seis personas, dos dormitorios, cocina equipada, comedor con chimenea de leña y cuartos de baño con ducha, apto también para quien viaje con mascota previo aviso.
El segundo es un albergue turístico, y ocupa el edificio principal de viajeros, contando con un total de 23 plazas repartidas en cuatro cuartos con literas, zonas comunes amplias, cocina industrial para grupos y comedor con hogar-chimenea que funciona también como horno. El conjunto se ha respetado en su volumetría original y conserva restos de la vía ferroviaria, señalización antigua y elementos ferroviarios recuperados que decoran los espacios comunes.
Existe un precedente cercano en la Estación de Rabanera del Pinar, a apenas a diez kilómetros, que también ha sido restaurada y está en la misma línea ferroviaria, siguiendo el mismo criterio de conservación del carácter industrial original. Ambas apuestan por un tipo de turismo pausado, sin actividades organizadas ni exigencias de agenda, orientado a familias que quieren descansar y grupos que buscan silencio.

Otoño en el Cañón del Río Lobos
El acceso norte al Parque Natural del Cañón del Río Lobos queda a menos de 500 metros a pie del alojamiento. Declarado en 1985 y con 9.580 hectáreas repartidas entre Burgos y Soria, el parque alberga uno de los sabinares mejor conservados de Europa. La sabina albar mantiene el verde durante todo el año, pero el propio cañón está poblado también por quejigos, robles melojos, chopos y sauces ribereños que en otoño encienden el paisaje. Entre finales de octubre y mediados de noviembre, las hojas viran del verde al amarillo dorado, del ocre al rojo cobrizo, y transforman por completo el aspecto habitual de la garganta calcárea excavada durante millones de años por el río Lobos.
La ruta más recorrida sale del propio pueblo, atraviesa el puente y la calzada romanos siguiendo el sendero señalizado, y alcanza la ermita templaria de San Bartolomé, obra románica del siglo XIII situada en el corazón del propio cañón. El recorrido completo tiene 12 kilómetros de ida y vuelta, sin desnivel apreciable, apto para cualquier caminante en forma media. En pleno otoño, la caminata regala una alternancia de sabinas oscuras y árboles caducifolios encendidos que difícilmente se encuentra en otros parques españoles. El mirador del Costalago, en la parte alta del cañón, ofrece la panorámica cenital que aparece en la mayoría de fotografías del paraje.
Qué más ver
La comarca ofrece cinco atractivos adicionales que se pueden disfrutar sin problemas durante un fin de semana largo. El Burgo de Osma, a treinta minutos en coche, con su catedral gótica y su casco medieval amurallado. Santo Domingo de Silos, a una hora, con el célebre claustro románico y el canto gregoriano de los monjes benedictinos en las horas litúrgicas. Calatañazor y la Fuentona, tierra sabinera con casas de piedra y adobe donde según la leyenda Almanzor "perdió su tambor". La Laguna Negra de Vinuesa y los picos de Urbión, punto de nacimiento del río Duero, en la vertiente soriana. Y las lagunas de Neila, complejo glaciar de siete lagunas de origen kárstico en plena Sierra de la Demanda, con hayedos y robledales que también culminan su ciclo cromático anual entre octubre y noviembre.
La Vía Verde del Ferrocarril Santander-Mediterráneo, recuperada sobre el propio trazado de la línea original, permite recorrer en bicicleta o a pie los antiguos kilómetros del tren que en su día pasaba por la estación de Hontoria. El bucle es circular y regresa al pueblo por la tarde. En el propio alojamiento hay bicicletas disponibles bajo alquiler previa reserva.

