Día Mundial del Cáncer de Mama

A Monserrat le detectaron cáncer de mama con 36 años tras dar a luz a su hijo: "Pensaba que no iba a recordar quién había sido su madre"

Montserrat Jiménez, diagnosticada de cáncer de mama. Cedida
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"Lo primero que hice tras saber que tenía cáncer fue coger en brazos a mi hijo pequeño, que apenas tenía unos meses de vida, y olerlo sin parar. Creía que me iba a morir y quería llevarme su olor". Después, Montserrat Jiménez fue a comprarse una cámara de fotos y se hizo fotografías con sus dos hijos —el mayor tenía cinco años— en todas las posiciones y formas posibles. "Pensaba que, sobre todo el pequeño, no iba a recordar quién había sido su madre. Me volví loca", cuenta. Tenía 36 años cuando le diagnosticaron dos tumores de mama.

Conocer aquella noticia después de meses escuchando que los bultos que se había notado en el pecho eran benignos fue desgarrador. "Horrible", resume. No podía creérselo. "Lo recuerdo como una de las peores cosas, una pesadilla de la que no me despertaba. Por las noches me levantaba, miraba a mis hijos y pensaba: 'Madre mía, ¿quién los cuidará? ¿Quién estará con ellos?'. Miraba a mi marido y decía: '¿Quién será la persona que ocupe mi lugar?'".

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Han pasado casi 13 años desde entonces y ha podido ver crecer a sus hijos. El diagnóstico cambió por completo su vida y las cosas que antes le parecían un problema dejaron de tener importancia y entendió que no podía seguir posponiendo sus sueños y deseos, por pequeños que fueran. Cuando la posibilidad de la muerte se vuelve mucho más cercana, explica, "dejas de pensar que la vida es eterna".

De aquella experiencia también nació su compromiso con otras pacientes. Fundó Las Supernenas, un colectivo de mujeres de Castilla-La Mancha, originario de Tomelloso, que han padecido o padecen cáncer de mama, y la asociación Lanza Sueños. Ahora, Montserrat se encuentra en un proceso de recuperación después de sufrir una recaída en octubre del año pasado, que la ha obligado a volver a pasar por quimioterapia y un duro bache psicológico.

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Un diagnóstico inesperado

"A las 17 semanas de embarazo noté dos bultos en una mama, pero al principio creía que se debía a una inflamación propia del proceso de subida de la leche, por lo que no le di importancia", explica Montserrat durante una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco' con motivo del Día Mundial del Cáncer de Mama, que se celebra cada 19 de octubre.

Fue a los meses después de dar a luz cuando supo que aquellos bultos eran dos tumores. Se trataba de dos lesiones que anteriormente habían sido consideradas fibroadenomas (tumores benignos). "Los tenía desde los 24 años y habían estado controlados, aunque nunca se habían analizado mediante una anatomía patológica porque consideraban que, como era tan joven, no era importante", recuerda.

Sin embargo, el diagnóstico reveló que no ya se trataban de dos lesiones benignas. Uno de los tumores era de un tipo más habitual, mientras que el otro era HER2 positivo, un subtipo de cáncer de mama que puede tener un comportamiento más agresivo y que requiere un tratamiento específico.

Llegar hasta ese diagnóstico no fue sencillo. "Acudí al médico porque uno de ellos me dolía, pero me dijeron que no había nada de lo que preocuparse y que los fibroadenomas habían crecido por las hormonas del embarazo. Yo no me quedaba tranquila y me mandaron una ecografía que tardó mucho tiempo en llegar, lo que provocó que los tumores casi se duplicaran de tamaño", relata.

Aun así, después de realizarle una ecografía y una mamografía, el radiólogo consideró que no había indicios de malignidad. "De cero a cinco, indicó que el riesgo era cero. A pesar de ello, mi ginecólogo no se quedaba tranquilo debido al tamaño de los bultos y me solicitó una biopsia. Seguramente, gracias a esto hoy puedo decir que estoy viva".

"Creía que lo tenía todo. Un trabajo fijo, una casa, embarazada de mi segundo hijo... Es a lo que como sociedad aspiramos. Y, de repente, te das cuenta de que la vida no es eso y empiezas a valorar las cosas y a disfrutar de aquello que habías pospuesto"

Montserrat recuerda perfectamente el día en que recibió la llamada avisándole de que ya estaban los resultados de la punción. Estaba trabajando en un hipermercado cuando le comunicaron que tenía que acudir al hospital. "Cuando te hacen una biopsia te dicen que a los 15 o 20 días te dan el resultado. A mí me habían llamado a los cuatro o cinco días, pero, como me decían que no había nada de lo que preocuparse, fui tranquila. Sin embargo, cuando vi la cara del especialista supe que algo bueno no me iban a decir".

"Al escuchar la palabra cáncer entré en shock. Recuerdo que me hablaban, pero yo estaba totalmente desconectada. Mi cuerpo estaba presente, pero mi mente se había largado. Solo podía pensar en mis hijos y no recuerdo ni cómo llegué a casa", cuenta. Pasó otro mes hasta que, después de someterse a más pruebas, conoció el alcance de la enfermedad. Después llegaron los tratamientos: quimioterapia y una mastectomía.

Un cambio de vida y la búsqueda de un porqué

"Sentí el diagnóstico como una sentencia de muerte. Como un ladrón sigiloso que entra por la ventana con el único fin de quitarte la vida. Y lo que tú creías que controlabas se escapa entre tus manos, que es tu vida", recuerda.

Montserrat se sentía "en un agujero negro lleno de incertidumbres y miedo". Primero llegó la negación, después la rabia y, más tarde, una profunda tristeza. Hasta que, como ella misma lo describe, "desperté y me agarré a la pasión por vivir".

"Creía que lo tenía todo, una vida prácticamente perfecta: un trabajo fijo, una familia formada, una casa, embarazada de mi segundo hijo... Es a lo que como sociedad aspiramos, lo que se nos ha enseñado. Y, de repente, te das cuenta de que de eso no se trata la vida. Cuando te ocurre algo así empiezas a valorar las cosas y a disfrutar de aquello que habías pospuesto porque eres joven y nunca crees que vas a tener una enfermedad de ese tipo. De repente, es como una bofetada que te hace despertar", señala.

'¿Por qué yo?' es una pregunta que se hizo en numerosas ocasiones y que, además, da título al libro que publicó en 2022. "No tenía factores de riesgo. No bebía, no fumaba, era joven, tenía una buena alimentación y practicaba deporte... Tampoco tenía una predisposición genética. Y entendí entonces que había una parte emocional que no estaba bien. Y que la salud mental afecta a nuestro organismo. Somos un todo. Eso no significa que todo el mundo que tiene un problema emocional tenga cáncer".

"La primera vez estás asustada, pero no sabes a lo que vas. Ahora sabía lo que me tocaba sufrir. Me encontraba físicamente mejor que nunca, no tenía ningún síntoma, pero resulta que el cáncer ha vuelto"

La búsqueda de respuestas también la llevó a replantearse su vida. "Esto de rosa no tiene nada", aclara. "Pero sí puedo decir que gracias a esta enfermedad he vivido 12 años haciendo cosas y viviendo situaciones que jamás hubieran sucedido en mi rutina, porque posponemos todo o dejamos de hacer cosas por el qué dirán".

Empezó a practicar senderismo y ciclismo de montaña, cumplió su sueño de montar a caballo, subió en globo y se inició en el buceo de profundidad. También ha hecho el Camino de Santiago en diez ocasiones. "Son esos pequeños detalles que nunca haces y que te alegran la vida".

La recaída: volver a enfrentarse al cáncer

La recaída, en octubre del año pasado, supuso un golpe muy duro para Montserrat. "Lo primero que sentí fue incredulidad. '¿Cómo puede volver otra vez a estar aquí?', pensaba. Pero lo peor de este diagnóstico no fue cómo me lo tomé yo, sino cómo se lo tomaron mis hijos".

La primera vez que enfermó, el pequeño era un bebé y el mayor tenía cinco años. En esta ocasión, el pequeño tenía 12 años y el mayor, 18. "Eran mucho más conscientes de lo que implicaba la enfermedad".

El mayor fue el primero en conocer la noticia. Jugaba al baloncesto y su madre siempre lo acompañaba a los partidos. "Me dijo que no jugaría nunca más un partido si yo no estaba para verlo. Y las notas en el instituto comenzaron a bajar".

La reacción del pequeño fue todavía más difícil de asimilar. "No puedo olvidar ese día. 'Me vas a dejar solo', me repetía constantemente con un ataque de ansiedad. Fue un impacto tan grande que lo que más me hizo sufrir fue eso y la preocupación por mi padre, que acababa de perder al amor de su vida", cuenta emocionada.

Volver a enfrentarse al tratamiento tampoco fue fácil. "Estar tan informada también juega una mala pasada. La primera vez estás asustada, pero no sabes a lo que vas. Ahora sabía lo que me tocaba sufrir. Yo me encontraba físicamente mejor que nunca, no tenía ningún síntoma, pero resulta que el cáncer había vuelto y que lo que me iban a poner para salvarme la vida iba a hacer que volviera a sentirme enferma".

La experiencia acumulada durante esos años, sin embargo, también le sirvió para afrontar esta nueva etapa a nivel emocional. "Todo lo que había aprendido ayudando a otros pacientes empecé a aplicármelo a mí. Hice todo lo que estaba en mi mano. Yo no soy una luchadora, soy una superviviente".

El mensaje a la Montse del pasado

Al mirar atrás, tiene claro qué le mensaje le transmitiría a la Montse del pasado. "Le diría que fuera ella. Soy una persona altamente sensible y durante mucho tiempo estuve peleando constantemente por integrarme en la normalidad que está establecida, peleando contra esa Montse que se diferenciaba del resto desde pequeña".

"Le diría que no se guardara nada, que no tuviera miedo a enfrentarse a ser ella misma, a mostrar su personalidad, que no se escondiera. Pienso que en la vida venimos todos a cumplir una misión y que la enfermedad me tocó porque tenía que ser yo. La vida es mucho más fácil de lo que muchas veces nos imaginamos", concluye.