Cáncer

Los duelos diarios tras un diagnóstico de cáncer metastásico: "Nadie está preparado para enfrentarse a la idea de morir antes que sus padres"

Izaskun González, paciente cáncer mama metastásico. Cedida
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Escuchar la palabra 'cáncer' es algo que estremece a cualquiera. Solo en 2026 se estima que más de 301.000 personas escucharán esta palabra durante su diagnóstico en España. Pero no solo ellos, sino también su círculo más cercano. Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 92% de la población mundial se verá afectada por el cáncer en algún momento, ya sea como paciente o como familiar. 

Más allá de los tratamientos y las secuelas físicas, el cáncer también deja una profunda huella psicológica. Sin embargo, esta parte continúa siendo una de las grandes olvidadas dentro de los sistemas sanitarios y muchos pacientes sienten que tienen que afrontar solos el impacto emocional de la enfermedad. 

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A Izaskun González, diagnosticada cuando tenía 40 años (hace ocho) de un cáncer de mama con múltiples metástasis óseas, nadie le ofreció atención psicológica. "Tuve que buscarla por mi cuenta para sobrellevar este proceso durísimo y agotador", relata en una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'. 

En ese camino conoció a Esther Álvarez, psicooncóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de Vizcaya, que explica que "el cáncer no afecta únicamente a nivel físico". "Rompe el equilibrio de la persona y tiene consecuencias en el bienestar emocional, familiar, social, laboral y económico". La intensidad de ese impacto, explica, depende de factores como el tipo de tumor, el grado de la enfermedad, el momento vital o la red de apoyo con la que cuenta cada paciente, entre otros.

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Los duelos que llegan con el cáncer 

Desde que aparece el diagnóstico, los pacientes van viviendo una sucesión de duelos por las pérdidas que la enfermedad les ocasiona, teniendo que reconstruir su vida. "El diagnóstico conlleva un trabajo psicológico enorme porque generalmente hay un montón de procesos de duelo", explica Álvarez. 

Para Izaskun esos duelos "son diarios". El primero fue el diagnóstico. Después llegó mirarse al espejo y no reconocerse, ni física ni emocionalmente. "Tuve que empezar de cero". Y es que la enfermedad también cambia la relación con el propio cuerpo. El dolor, la fatiga o las secuelas de los tratamientos obligan a convivir con unas limitaciones que antes no existían. "Hay que aprender a reconocer ese nuevo yo", indica la especialista.

"No todos los duelos son iguales. Algunos dependen del momento vital de cada persona", señala Álvarez. En el caso de Izaskun, uno de los más difíciles fue abandonar su profesión como auxiliar de enfermería. "Me gustaba muchísimo mi trabajo. Cuando te conceden la incapacidad dejas de saber quién eres. Pierdes tu rutina y no sabes qué hacer con tu tiempo". 

También tuvo que despedirse también del flamenco, una de sus grandes pasiones, porque el dolor articular le impedía seguir bailando. "Era algo que me llenaba de vida. Tienes que buscar otras actividades y adaptarte". 

Pero las pérdidas no terminan ahí. Igualmente pueden cambiar las relaciones personales. "Pierdes gente por el camino. No todo el mundo sabe estar al lado de una persona con cáncer metastásico que sabe que se va a morir. No saben qué decir, dejan de llamarte o de invitarte a sus planes", cuenta Izaskun. 

La especialista explica que gran parte del proceso consiste en asumir que la vida ha cambiado. "Hay que tomar conciencia de qué está suponiendo la enfermedad, identificar las pérdidas que estás viviendo y aceptar esa nueva versión de ti. Se trata de reencontrarte con quién eres ahora e intentar buscar de otra manera las satisfacciones que antes encontrabas. Si nos quedamos esperando volver a ser quienes éramos antes, ese duelo puede hacerse patológico", advierte. 

"Esta enfermedad te pone frente a la muerte" 

A todos esos duelos se suma la incertidumbre. "No saber qué va a pasar es otro gran caballo de batalla", explica. "En quienes la enfermedad ha remitido, el miedo suele disminuir con el paso del tiempo, aunque nunca desaparece del todo por el temor a una recaída. Cada revisión vuelve a despertar la sensación de vértigo".

Sin embargo, cuando el cáncer es metastásico, la amenaza de la muerte permanece mucho más presente. "Nadie, siendo joven, está preparado para enfrentarse a una enfermedad de esta magnitud ni a la idea de morir antes que sus padres", reconoce Izaskun. 

Aun así, asegura que convivir con esa realidad también ha cambiado su forma de mirar la vida. "Esta enfermedad te pone frente a la muerte, pero también te acerca al presente". 

Aprender a vivir con la incertidumbre 

Aceptar que no todo está bajo control es uno de los trabajos psicológicos más difíciles durante la enfermedad. "Podemos seguir los tratamientos, cuidarnos, hacer ejercicio o trabajar la parte psicológica, pero llega un momento en el que hay que aceptar que nuestra vida no está completamente en nuestras manos", explica Álvarez. 

Ese proceso no consiste en dejar de tener miedo, sino en aprender a convivir con él. "Se trata de integrar que sí, que me puedo morir antes de lo que me gustaría, pero que hoy sigo viva y, mientras esté viva, voy a vivir. Parece sencillo decirlo, pero requiere un trabajo psicológico muy importante". 

Izaskun siente que precisamente eso es lo que ha aprendido durante estos años. "Los problemas banales pierden importancia y frases como 'disfruta hoy' cobran sentido de verdad. Una tarde en una terraza con amigas la saboreo al máximo. Si quiero viajar y puedo hacerlo, no lo dejo para el año siguiente. He perdido a más de 40 compañeras en estos ocho años y eso te hace muy consciente de que hoy estás aquí y mañana no se sabe". 

Compartir el camino con otras mujeres que atraviesan la misma enfermedad también ha sido una de sus mayores fuentes de apoyo. Recuerda especialmente un viaje a México con una amiga que también tenía cáncer metastásico. "Me dijo que antes de morir le gustaría conocer cómo vivían allí la muerte. Le respondí: '¿Y para qué esperar? Nos vamos este año'. Fue una experiencia maravillosa". Su amiga falleció un año después. "La pena es enorme, pero me queda la satisfacción de haberlo hecho juntas". 

El apoyo psicológico desde el primer día 

Tanto Izaskun como la psicooncóloga coinciden en que la atención psicológica debería formar parte del abordaje del cáncer desde el mismo momento del diagnóstico. "Tiene que haber un psicólogo o una paciente experta al lado cuando te dan la noticia. Entras en un bloqueo absoluto. No puede ser que te suelten esa bomba y te manden a casa. Alguien debería acompañarte en ese momento y después, durante todo el proceso", reclama. 

Álvarez comparte esa necesidad. "Siempre hay un impacto emocional, aunque la persona todavía no sea consciente porque está en shock. Igual que se hace una valoración médica, también debería realizarse una valoración psicológica desde el diagnóstico para decidir si es necesaria una intervención o un seguimiento". 

La especialista explica que, durante los tratamientos, muchas personas concentran todas sus fuerzas en sobrevivir. Sin embargo, el malestar psicológico está acumulándose. "Es frecuente que toda esa ansiedad, esos miedos o ese sufrimiento aparezcan cuando terminan los tratamientos. Si se ha trabajado previamente la parte emocional, esa etapa suele ser mucho más llevadera". 

Izaskun también pide que la atención sea más personalizada. "No somos todas iguales. Cada paciente tiene sus emociones, sus necesidades y sus creencias. Tienen que tenernos en cuenta en las decisiones". Y recuerda que humanizar la atención va mucho más allá del trato cercano. "No es solo dar cariño. También es reducir la burocracia, acortar los tiempos de espera, avisar de los efectos secundarios y, sobre todo, que no nos dejen solas", concluye.