Procrastinar: un error cada vez más común en la era digital que provoca trabajadores quemados y ansiedad
Si eres de los que tienden a dejar las cosas para más tarde, toma nota de estos consejos para no procrastinar
MadridA todos nos pasa de vez en cuando, y en tiempos de confinamiento es más frecuente aún: procrastinar, o lo que es lo mismo, dejar las cosas para más tarde, es una práctica frecuente que nos lleva a gestionar nuestro tiempo de forma inadecuada y, en definitiva, a malgastarlo y utilizarlo de forma desordenada y poco eficaz. Posponemos tareas, pero a la vez éstas nos persiguen porque sabemos que tenemos que cumplir con ellas, por lo que tampoco disfrutamos del tiempo de descanso o dedicado a otras cosas. ¿Qué es procrastinar y cómo evitarlo?
¿Qué es procrastinar?
El término procrastinar procede del latín y es el resultado de la unión de dos conceptos: pro ('adelante') y 'crastinushace' (en referencia al futuro). Por lo tanto, procrastinar es la acción de posponer o aplazar actividades y situaciones por otras que nos resultan más agradables o que atraen nuestra atención, llevándonos a posponer la consecución de lo verdaderamente importante.
En plena era digital es más fácil que nunca caer en esta trampa y evadirnos de la responsabilidad de cumplir con las tareas que nos hemos marcado inicialmente: Facebook, Instagram, WhatsApp o Internet en general son fuentes de distracción que pueden llevarnos a consumir muchísimo tiempo. La idea de procrastinar va unida también a la de usar esas actividades secundarias como refugio y excusa para no avanzar.
Aunque lo habitual es que podamos controlarla a través de ciertos trucos o pautas (procrastinación eventual), también puede convertirse en un problema crónico: algunas personas procrastinan constantemente y en muy variadas situaciones, lo que genera frustración y falta de cumplimiento con sus obligaciones o metas.
¿Cuáles son las causas de la proctastinación?
Algunas causas de la procastinación son la dificultad de la persona para autorregularse y gestionar su tiempo o incluso el miedo al fracaso o un excesivo perfeccionismo que puede provocar profesionales quemados. Cada vez más estudios apuntan hacia la dificultad que supone para muchas personas (especialmente los nativos digitales) concentrarse en tareas cuya recompensa se obtiene a largo plazo, acostumbrados a estímulos constantes y 'victorias' rápidas y placenteras, propias de las herramientas digitales. La incapacidad para esperar por una gratificación no inmediata y la baja tolerancia a la frustración se encuentran entre los motivos más comunes de la procrastinación. Además, cuanto más aburrido o complicado nos resulte un reto, más fácil será que tendamos a procrastinar.
Por otro lado, la procrastinación puede funcionar como mecanismo para proteger nuestra autoestima: tememos el fracaso y, por ello, posponemos o evitamos llegar a la consecución de una meta para evitar la posibilidad de fallar. Esto se relaciona con creencias negativas sobre uno mismo: pensar que no valemos lo suficiente, que nuestro trabajo o ideas no son lo bastante buenas... son ideas que pueden arrastrarnos a la procrastinación.
El resultado es experimentar sentimiento de culpa, frustración, estrés, peor rendimiento, e incluso una reducción de la autoestima y un aumento de la ansiedad.
Trucos para no procrastinar
Tal y como aconsejan desde la web Psiclogía Online, la procrastinación está íntimamente relacionado con la voluntad, así como con la falta de autocontrol y autorregulación. Ello nos lleva a una mala gestión del tiempo que, afortunadamente, puede corregirse siguiendo ciertos consejos:
- Comienza la tarea. Lo primero que debemos hacer es enfrentarnos al momento de comenzar la tarea y dar el primer paso para llevarla a cabo. Es probablemente el momento más complicado de afrontar, pero puedes ayudar a construirlo rodeándolo de cosas que sí te gusten, como comenzar en un lugar agradable o en un momento del día especialmente lúcido, tener todo tu entorno en orden para reducir la posibilidad de 'tentarte' a realizar otras tareas, poner música que te inspire...
- Reduce las distracciones. Cada uno tiene sus propias técnicas, por lo que es importante que te escuches y que no hagas trampa contigo mismo. Si te concentras mejor en una biblioteca o cualquier otro espacio, acude a él. Si necesitas cero interrupciones, evítalas en la medida de lo posible. Toma conciencia de que en este momento concreto tu prioridad única y absoluta es la tarea que tienes delante, y relega lo demás a un segundo plano.
- Crea un entorno de trabajo agradable. Muchas personas necesitan poner en orden su vida antes de enfrentarse a tareas complejas o prolongadas. Por ejemplo, ordenar su habitación o su casa y hacer limpieza antes de comenzar a estudiar o a trabajar. En tu espacio de trabajo, elimina todo aquello que pueda distraerte o que te incomode: archiva papeles viejos, tira aquello que no utilices o te sea inútil, reorganiza el espacio si es necesario e invierte en aquello que te haga sentirte verdaderamente cómodo en él. Aparta información sobre otras tareas que no corresponden en este momento. También es positivo cambiar de vez en cuando de lugar de trabajo para romper un poco con la rutina y reducir la sensación de vivir en ¡el día de la marmota'.
- Márcate metas (y cúmplelas). Planificar el tiempo de que disponemos para cumplir una tarea es clave. Valora su volumen y el tiempo necesario para cumplirla, divide el trabajo en jornadas o en semanas de trabajo, y define qué debes cumplir en cada periodo. Es mejor ser realista con estas metas para evitar frustraciones y atracones de trabajo. Del mismo modo (sobre todo en pleno confinamiento, con la montaña rusa emocional que ello puede acarrear), aprende a escucharte y permítete la licencia de tener días menos productivos si realmente no eres capaz de concentrarte. Puedes aprovechar esos momentos para adelantar otras tareas que requieran menos concentración. Planificar te ayudará también a ver tu meta de forma más realista, a acotar su complejidad y sus dimensiones. Muchas veces, cuanto más posponemos algo, más magnificamos su peso.
- No olvides los descansos. Los seres humanos no somos máquinas, por mucho que ciertos entornos puedan propiciar que nos sintamos como tales. Necesitamos descansar para recuperar fuerzas y para seguir siendo capaces de pensar. Además, tomarte descansos te ayudará a dejar de percibir ciertas tareas como castigos o pesadas losas, ya que el ejercicio de esa actividad estará equilibrado con otros espacios que te permitan cambiar de aires.
- Prémiate. Muchas veces podemos 'trucar' el sistema creando pequeñas metas dentro de la meta superior para animarnos a seguir. Por ejemplo, realizar una actividad placentera cuando lleguemos a cierto punto de la tarea. Es una forma de reconocer tu buen trabajo y disfrutar del proceso, además de permitirte descansar y saborear los resultados que vas obteniendo.