Liza Minnelli cuenta todos sus excesos en sus memorias: "A los trece yo era farmacóloga y psiquiatra de mi madre, Judy Garland"
La icónica protagonista de 'Cabaret' ha decidido compartir su historia sin filtros en el libro autobiográfico 'Kids, wait till you hear this!'
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A punto de cumplir 80 años, Liza Minnelli ha decidido contar su historia. 'Kids, wait till you hear this!', que se publicará el próximo 10 de marzo, no es solo un libro de memorias, sino un acontecimiento cultural. Porque Liza no es solo una artista, sino un mito. Hija de Judy Garand y Vincent Minnelli, creció entre camerinos, focos y aplausos, pero si algo definió su trayectoria es que nunca se resignó a vivir a la sombra de nadie. Construyó su propio brillo, afilado, eléctrico, indomable. "Estoy segura de que hay mucha gente dispuesta a sacar tajada de la vida de Liza Minnelli, igual que hicieron con papá y mamá. Lamentablemente, mis padres nunca tuvieron la oportunidad de aclarar las cosas. Pero ahora yo sí", asegura en un extracto de su autobiografía adelantado por 'People'.
Liza, que lleva once años sobria, pasa revista a toda una vida y lo cuenta todo. De sus romances con Martin Scorsese y Peter Sellers a la noche en que se sintió saboteada en los Oscar con Lady Gaga, pasando por su recuperación de las adicciones que casi acaban con ella. "Tengo ochenta años y la suerte de estar viva", admite, con la esperanza de que compartir su historia pueda ayudar a otros.
Su infancia ya quedó marcada por la inestabilidad y la responsabilidad precoz. “A los trece años, yo era enfermera, doctora, farmacóloga y psiquiatra para mi madre. Perdí la cuenta de las veces que llamé a los médicos para decirles que se había quedado sin pastillas. Les decía: “¡Soy una niña! ¡Por favor, hagan la receta a mi mamá!”, cuenta la artista, cuya adolescencia no pudo ser más nómada. llegó a asistir a veintidós escuelas, siempre entre hoteles y camerinos.
Adicciones, relaciones tóxicas y pérdidas
Después su carrera fue una coreografía de reinvenciones. Broadway fue su primer templo: tablas, sudor, orquesta en vivo. Ganó su primer premio Tony en 1965 y dos años después se casó con el cantautor Peter Allen, quien terminó confesándole su homosexualidad tras pillarle en la cama con otro hombre. Luego vino el cine, y con él la consagración definitiva con 'Cabaret', donde su interpretación de Sally Bowles la transformó en icono.
Pero la leyenda no se construye solo con premios. También con caídas. Adicciones, relaciones tóxicas y pérdidas. “¡El mundo me conocía como Liza! Por primera vez en mi vida, me pregunté qué significaba eso realmente, sobre todo entre la confusión de sustancias. Benzodiazepinas. Barbitúricos. Anfetaminas. Alcohol. Cocaína", confiesa. Su vida fue un continuo vaivén entre el exceso y la resiliencia.
Un romance muy peligroso
En 1976, protagonizó 'New York, New York' y se embarcó en una relación con su director, Scorsese. “A decir verdad, nuestro romance tenía más matices que una lasaña. Ambos éramos italianos. Apasionados. Intensos. Comprometidos con nuestro oficio. Ambos teníamos temperamentos volcánicos (...) Con la guía de Marty, por poco ortodoxa que fuera, hice algunos de mis mejores trabajos. Me contuve por una vez en mi vida. ¡Yo!“, asegura.
En 1979 se casó con el director de escena Mark Gero. Sufrió dos abortos espontáneos, el segundo a los cinco meses de embarazo. "La incapacidad de ser madre es una tragedia que jamás superaré”, admite ahora. Los años de Studio 54, las giras con Frank Sinatra y la experimentación con todo tipo de sustancias llevaron a asociar su nombre tanto al arte como al exceso. En 1984 su hermana Lorna la llevó por primera vez a una clínica de rehabilitación, convencida de que no hacerlo terminaría como su madre.
La artista sobrevivió también a múltiples operaciones. Desde reemplazos de cadera y rodilla hasta cirugías en la espalda y en las cuerdas vocales. Siempre se las arreglaba para regresar. Por ejemplo, en 2008 volvía a Broadway y ganaba su cuarto Tony. Este libro de memorias marca su enésimo 'come back'. Y no se siente como una despedida, sino como una declaración: sigo aquí. En la memoria colectiva, en la cultura pop y en la memoria de millones de personas que no han dejado de adorarla.
