Actores

Javier Cámara o cómo el fracaso y la frustración te pueden llevar al éxito: "Soy un desertor del arado, una víctima del fracaso escolar"

La extrema timidez de Javier Cámara fue solo uno de varios obstáculos. Europa Press
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Pocas dudas hay de que Javier Cámara uno de los actores más talentosos de su generación. Ha demostrado ser capaz de darlo todo en la comedia y también saber encontrar el punto perfecto para interpretar papeles dramáticos, pero lo cierto es que su vida podría haber sido muy diferente de no haber escogido esta profesión. 

Ese no era el camino que tenía planeado, si es que había planeado alguno. De hecho, durante una entrevista con El País, llegó a afirmar que "he acabado dedicándome a esto por descarte". También en La matemática del espejo reflexionaba sobre los motivos por los que tal vez había acabado en esta profesión y que estaban muy ligados a quién es como persona y cómo había vivido en su juventud. 

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"Al final uno se inventa una vida y pasas por encima de todo. De hecho, creo que en gran parte soy actor porque me inventé mi vida a veces", explicaba tras confesar que en su adolescencia había sufrido bullying por ser gay y que le había costado mucho aceptarlo y contárselo a su familia. 

Esta profesión llegó a él casi por azar, pero Javier supo abrazarla y hacerse un nombre, algo que no ha sido nada sencillo porque para llegar hasta donde está ha tenido que aceptar el fracaso y también la frustración de que algunos de sus éxitos no pudiera sentirlos como tal porque el momento no parecía el adecuado. Un camino arduo, pero del que ha salido reforzado. 

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Javier Cámara y el camino al éxito a través del fracaso

Han sido varias las ocasiones en las que Javier Cámara, que nació en Albelda de Iregua, un pequeño pueblo de La Rioja, ha hablado sobre cómo llegó a convertirse en actor y cómo este no era el camino que sus padres esperaban para él. "Creo que he acabado dedicándome a esto por descarte. Yo soy más bien un desertor del arado, una víctima del fracaso escolar al que su padre quería convertir en agricultor", explicaba hace tiempo en El País. 

"Me sacaba de la cama a horas intempestivas y me llevaba a vendimiar en las pequeñas parcelas de la familia. Yo lo hacía con desgana, pero tampoco tenía argumentos para oponerme a ello, porque nunca tuve muy claro qué otra cosa quería hacer con mi vida". La posibilidad de formarse como actor surgió gracias a la recomendación de un profesor, "me habló de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, una de las pocas escuelas superiores a las que un pésimo estudiante como yo podía acceder sin aprobar COU".

Siguió su consejo y se trasladó a Madrid, a pesar de ser un chaval tímido, que podía pasar días sin hablar con nadie. Su inseguridad no le abandonó una vez que comenzó a formarse y la primera vez que le dieron una frase durante una obra de teatro (para que se luciera delante de su familia, que había ido a verle), se quedó en blanco, paralizado por el miedo escénico.

Un miedo del que nunca ha llegado a desprenderse y que hizo acto de presencia la primera vez que trabajó para Almodóvar, un mal momento del que sacó una gran lección de vida. "Pedro me llevó aparte y, con tacto exquisito, me dijo: 'No pasa nada, pero nunca vuelvas a cortar una toma. Fíjate, mientras tú te quedabas en blanco, Darío estaba poniendo una cara de expectación fascinante, y eso también es cine. En el cine, los errores son siempre bienvenidos'". Una frase que le ayudó a vivir la profesión de otra manera, "con sentido de la responsabilidad, pero sin ese punto de neurosis paralizante".

Aprender de un fracaso no es algo que todo el mundo sea capaz de hacer, pero Javier Cámara lo ha logrado. Precisamente de esos fracasos hablaba durante la promoción de 'Yakarta', señalando que él había "fracasado mucho en la vida. Incluso algunos de mis éxitos profesionales los he vivido como fracasos, porque me han llegado en un mal momento personal y han contribuido a angustiarme y desequilibrarme". 

"Aun hoy, mis sueños más recurrentes tienen que ver con el fracaso", continuaba diciendo en la citada entrevista. "Sueño que estoy a punto de rodar la escena de mi vida y me quedo en blanco. O que acudo de nuevo a recoger un premio que ya he ganado y esta vez, incomprensiblemente, se lo dan a otro, y yo me quedo ahí, con la sonrisa torcida". 

Sueños que nada tienen que ver con el resultado de su trabajo y el éxito que ha ido consiguiendo y que no solo se refleja en el cariño de la profesión y de la audiencia, también tiene su reconocimiento en forma de premios (que sí gana), como sus dos Goyas o los premios en festivales tan importantes como el de Málaga o el de San Sebastián.