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Rossy De Palma, sobre la Movida madrileña: "Es bueno recordar esa época y agradecer haberla vivido"

Rossy De Palma, el valor de la diferencia. Getty Images
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La Movida madrileña tuvo muchos rostros, pero pocos resultan tan reconocibles y tan fieles a su espíritu como el de Rossy de Palma. Su silueta inconfundible, su manera de vestir, su sentido del humor y, sobre todo, su negativa a encajar en moldes convencionales la convirtieron en uno de los símbolos de aquella explosión cultural de comienzos de los años 80.

Cuando llegó a la capital desde Mallorca, Rossy todavía era Elena Rosa García Echave, una joven que perseguía una vida artística al margen de cualquier plan establecido. Madrid era entonces un laboratorio abierto en el que músicos, fotógrafos, cineastas, pintores y diseñadores compartían escenarios, bares y noches interminables. Allí conoció a Pedro Almodóvar, quien no dudó en incorporarla a su universo cinematográfico, convirtiéndola en una de sus musas más reconocibles.

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Creatividad sin permiso

Hoy puede rememorar aquellos días como una explosión de creatividad espontánea en la que todo estaba permitido. "Es bueno recordar esa época como una toma de tierra de las buenas y agradecer haberla vivido, por supuesto, pero, sobre todo, celebrar que su energía primigenia, la que nos movía a tod@s, no era ni hacernos ricos, ni famosos ni influyentes, sino, aunque a veces fuera inconsciente, se trataba de la imperiosa necesidad de expresarnos con y en libertad", explicaba en una entrevista en 'Harper's Bazaar'.

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Sin embargo, la actriz, modelo, cantante y empresaria siempre ha hablado de la Movida con una mezcla de entusiasmo y lucidez, alejándose tanto de la idealización como del ajuste de cuentas. En otra entrevista concedida a AnOther Magazine en 2016, recordaba que aquella recién estrenada libertad tuvo un precio. Hubo excesos, pérdidas y heridas: “También fue duro. Mucha gente cayó en las drogas. Mucha gente murió de sida o por sobredosis. Era decadente, pero muy rico en creatividad”.

El valor de ser diferente

Si algo representa Rossy de Palma dentro de la historia de la Movida es la reivindicación de la diferencia. Su imagen desafió desde el principio los cánones tradicionales de belleza. Lo que para algunos fue motivo de burla acabó convirtiéndose en una de sus mayores fortalezas. Con los años ha reflexionado sobre ello en numerosas entrevistas. En una conversación para Movistar+, recuperada posteriormente por diversos medios, recordaba: “Me veo de joven y era monísima, no sé por qué me veían fea".

Esa actitud conecta de manera natural con el espíritu de los primeros 80 madrileños. La Movida no solo celebraba nuevas músicas o nuevas formas de vestir, sino que defendía el derecho a construir una identidad propia sin pedir permiso. Además, al recordar aquellos años, Rossy rara vez cae en la nostalgia o en el discurso melancólico con el que a menudo se evocan. Lo que ella rescata de aquella época es una forma de estar en el mundo que considera vigente. "Cuanto mayor me hago, más alegría tengo y más conexión siento con la niña que se sorprendía por todo”, decía en 'AnOther Magazine'.

Hoy, Rossy de Palma puede presumir de haber trascendido al fenómeno de la Movida sin renunciar a él. En su caso, la rebeldía estética se convirtió en una forma de vida. Y cuando recuerda aquellos años lo hace agradecida por haber formado parte de un momento irrepetible.