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Robert Downey Jr. y su secreto para llegar en forma a los 61: “Me ayudó a superar mi alcoholismo”

Robert Downey Jr
Robert Downey Jr.. Getty Images
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A sus 61 años, Robert Downey Jr. no parece especialmente interesado en perseguir el ideal de un cuerpo cada vez más musculado. Hubo un momento, cuando le tocó ponerse la armadura de Iron Man, en el que sí se lo tomó muy en serio, pero ya no. Su planteamiento es más bien entrenar lo suficiente para sentirse fuerte, ágil y preparado, sin convertir el ejercicio en otra fuente de desgaste.

En el centro de esa filosofía hay una disciplina que le acompaña desde hace más de dos décadas, el Wing Chun Kung Fu. Downey empezó a tomarse en serio las artes marciales alrededor de 2003, cuando se encontraba en el proceso de dejar atrás sus adicciones. Su maestro, el sifu Eric Oram, se convirtió desde entonces en una figura fundamental de su entrenamiento y posteriormente también en asesor de las escenas de lucha de varias de sus películas.

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La conexión entre el Wing Chun y la recuperación de Downey es algo que el propio actor ha explicado repetidamente y que volvió a abordar durante su conversación con Chris Wharton en The LIVING Room Podcast, dedicado precisamente a la disciplina, la salud y la longevidad.

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En esa entrevista situó el comienzo de su compromiso con las artes marciales a finales de la treintena. No buscaba una actividad sencilla ni gratificante desde el primer día. Al contrario, necesitaba enfrentarse a algo que exigiera paciencia. “Las artes marciales me ayudaron a superar mi alcoholismo; al tocar fondo y ponerme sobrio necesitaba hacer algo difícil", explicaba.

El protagonista de 'Iron Man' necesitaba sustituir viejos hábitos por otros capaces de estructurar su vida. El Wing Chun, una modalidad china de combate a corta distancia, exige precisamente equilibrio, concentración y enfoque, elementos esenciales para muchos aspectos de la vida. "Me aporta muchísimo; sin duda me ha dado estabilidad y fomenta el respeto (...) Ha sido fundamental en mi vida, tanto física como mentalmente", reconocía.

Más técnica que castigo físico

Una de las claves del entrenamiento de Downey está en que no parece perseguir el agotamiento como objetivo. En el mencionado podcast defendió sesiones breves y eficientes. Unos 35 minutos pueden ser suficientes para construir una rutina que resulte difícil de abandonar precisamente porque no representa una montaña diaria. “La consistencia lo es todo”, afirmó.

La idea encaja con su evolución personal. Su entrenamiento en el gimnasio se intensificó considerablemente después de conseguir el papel de 'Iron Man' en 2007, a los 41 años. Junto a su entrenador, Brad Rose, ganó más de 10 kilos de músculo en un año con un enfoque tradicional de entrenamiento de fuerza para aumentar su volumen. En los años siguientes sus entrenamientos evolucionaron para incluir más entrenamiento en circuito y movimientos atléticos.

En aquella época, Downey Jr. se ejercitaba cinco días a la semana en sesiones de hasta una hora. Su rutina combinaba ejercicios tradicionales con máquinas y peso corporal, además de herramientas menos comunes como mazas indias, pesas rusas, sacos de arena, neumáticos, mazos y cuerdas.

La disciplina después de los excesos

Su planteamiento actual resulta mucho más sostenible. Entrenar antes de que comience el día, activar el cuerpo y conservar energía para el resto de las obligaciones. En su conversación con Wharton explicó que es especialmente celoso de su energía y que durante años ha trabajado para no llegar al límite de sus pulsaciones durante una práctica de kung fu o durante las exigencias físicas de un rodaje. A los 60 la condición física no depende necesariamente de entrenar cada vez más, sino de encontrar una dosis que pueda mantenerse durante años.

En el Wing Chun también existe una dimensión de aprendizaje bajo la tutela de un maestro y de comprometerse con un proceso sin pretender dominarlo inmediatamente que Downey considera especialmente importante. Para él, escoger a alguien de quien aprender y aceptar durante años la posición de alumno forma parte del valor de la práctica.

Ese enfoque explica por qué el Wing Chun ha sobrevivido a cambios de profesión, películas, viajes y etapas vitales. A los 61, su secreto tiene por tanto bastante menos que ver con entrenar como Iron Man y mucho más con haber dejado de buscar soluciones espectaculares. Una sesión eficiente, una disciplina que conoce desde hace décadas, capacidad para conservar energía y la voluntad de seguir siendo alumno.