Entrevista

Dime con qué selección de fútbol vas en el Mundial y te diré qué chocolate comer

La selección española tiene torreznos en esta aventura chocolatera. (Foto: cedida)
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El Mundial 2026 ya ha comenzado y con él se viven en los hogares momentos de reunión y disfrute en los que la comida se convierte en fundamental. En torno a la mesa, cerveza fría o vino, aceitunas, patatas fritas, tortilla, frutos secos, nachos... Más allá de los clásicos picoteos que acompañan a un partido de fútbol, una iniciativa de Sabina Banzo, periodista y creadora de contenido gastronómico con más de 2,5 millones de seguidores, y Raúl Bernal, maestro chocolatero y uno de los nombres más reconocidos de la chocolatería española, ha despertado la curiosidad de los fans del fútbol y el chocolate.

Se trata de Sabor a gol, de Yumtrip, una caja de edición limitada (solo hay 500 unidades que cuestan 85€) convertida en toda una experiencia gourmet en la que encontrarse con 11 países, 11 camisetas y 11 sabores escondidos "en una propuesta dulce que convierte cada bocado en una pequeña quiniela gastronómica", dicen sus creadores. Gastro ha entrevistado a Sabina Banzo para descubrir lo que esconde cada bocado de su nuevo proyecto.

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¿Cómo surgió la idea?

La idea nace de mezclar varias de nuestras dos grandes pasiones: comer y viajar. En dar un bocado y que te transportes a un lugar, a un recuerdo, a un momento… y que eso te remueva por dentro. Yo llevo años probando turrones, chocolates, dulces y productos curiosos en redes, y siempre me ha fascinado cómo un sabor puede llevarte directamente a un sitio, a un recuerdo o a una cultura. Después de hacer esta Navidad mi “mundial de turrones”, que empezó casi como una broma y acabó convirtiéndose en un fenómeno entre mis seguidores, me quedé con una idea muy clara: a la gente le encanta probar, comparar, debatir y jugar con la comida. A partir de ese momento, mi socio e ideólogo del “mundial de turrones”, Sergio Alejandre, me propuso crear Yumtrip. Y para nuestro primer drop, ¿quién mejor que el finalista del mundial de turrones, Raúl Bernal? Reconocido como Mejor Maestro Artesano Chocolatero de España 2023 y 2011, mejor bombón de España 2023 y Mejor Pastelero de Obrador de España 2025. Teníamos claro que queríamos hacer chocolate de países; el fútbol era la mejor excusa y Raúl propuso hacer algo mejor que bombones: snacks de chocolate que se pudieran compartir delante de la tele mientras ves un partido.

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¿Por qué con chocolate?

Porque el chocolate es un lenguaje universal. Le gusta a muchísima gente, permite jugar con dulce, salado, ácido, picante, crujiente, cremoso… y además tiene algo emocional. El chocolate no se come solo por hambre: se regala, se comparte, se celebra, se guarda para un momento especial. Y técnicamente nos daba muchísimo juego para representar países sin caer en algo literal o aburrido. Te invitan a ver el partido, ¿qué llevas? ¿Una botella de vino? ¿Un helado? ¿Unos bombones? Nosotros proponemos algo más divertido, más informal, más de “pico uno y lo comento”, pero hecho con la técnica y la materia prima de un obrador de altísimo nivel. Esa mezcla entre juego y excelencia era justo lo que buscábamos.

¿En qué momento está el chocolate dentro del universo foodie?

Creo que el chocolate está viviendo un momento muy interesante porque está dejando de ser solo “el dulce del final” para convertirse en un auténtico producto gastronómico. Durante mucho tiempo se ha hablado del chocolate casi siempre desde lo clásico: bombones, tabletas, postres, turrones… pero ahora cada vez hay más curiosidad por el origen del cacao, por el “bean to bar”, por los porcentajes, por los tostados, por las texturas, por los rellenos inesperados y por los maridajes que se salen de lo obvio.

A mí me encanta cuando el chocolate se atreve a mezclarse con ingredientes que en principio no esperarías: queso, chile, maíz, aceite de oliva, sal, tomate, especias, frutos secos tostados, incluso sabores salados como el queso. Ahí es donde empieza la magia, porque el chocolate tiene esa capacidad de envolverlo todo y hacerlo coherente si está bien trabajado. Para ello, claro, hay que contar con los mejores, como es el caso de Raúl Bernal. También creo que estamos en una etapa en la que el consumidor busca experiencias, no solo productos. Ya no basta con que algo esté bueno. Queremos una historia, una sorpresa, algo que podamos compartir, enseñar, comentar. Y el chocolate funciona muy bien ahí porque tiene un punto lúdico y sensorial enorme: lo hueles, lo partes, lo muerdes, se funde, cambia en boca… Y esta caja mezcla un poco todo eso. Es chocolate, pero también es juego, viaje, diseño y conversación.

11 snacks, 11 inspiraciones. Cuéntanos cómo llegasteis a cada uno de ellos.

Queríamos que cada país tuviera una identidad muy reconocible, pero sin hacer algo obvio o plano. La idea era traducir un país a un bocado. Y eso suena fácil, hasta que te sientas delante de una lista de países y dices: “Vale, ¿cómo hago que alguien pruebe esto y viaje ahí sin ponerle una bandera encima?”. Raúl Bernal ha pasado semanas dándole vueltas a esto. Algunos sabores los tuvo claros desde el principio, pero otros, como Uruguay o Brasil, terminaron de nacer unos días antes de la presentación. Son 11 países porque un equipo tiene 11 jugadores.

¿Qué países?

Tuvimos claro que tenían que estar los 8 que tienen al menos un Mundial en su poder. Italia está eliminada, pero tiene estrella en su camiseta… así que entraba en la caja. Después, EEUU y México por ser anfitriones. Canadá también lo es, pero se quedó fuera de la convocatoria porque nos parecía más divertido, que el jugador 11 fuera “Holanda”, el eterno perdedor, que siempre llega a la final, pero nunca consigue ganar. Al final, a la hora de crear algo así, hay que pensar en el ‘story telling’ y en que todo sea muy gamberro y divertido.

  • Argentina está inspirada en el alfajor y en el dulce de leche, que para nosotros son casi patrimonio emocional argentino. Es dulce de leche bañado en chocolate, con polvo de alfajor casero y recubierto con cacao en polvo. Queríamos que tuviera ese punto goloso, cremoso y muy reconocible, pero llevado a un formato pequeño y muy fácil de compartir. Es de esos sabores que cuando lo pruebas dices: “Vale, esto es Argentina”.
  • España es probablemente uno de los más locos y de los que más conversación genera: torrezno con chocolate con leche. Sin embargo, es buque insignia desde hace años de La Paca, el obrador que Raúl Bernal tiene en Huesca. El torrezno está cortado a mano en bocados pequeños, se pinta con chocolate con leche y se cubre con polvo de oro, que es un guiño a la estrella de 2010. Es un sabor que puede sonar rarísimo al leerlo, pero en boca tiene muchísimo sentido: grasa, crujiente, sal, chocolate, ese punto umami… Es un “o lo amas o lo comentas durante media hora”, que también nos parecía muy España.
  • Francia tenía que tener elegancia y pastelería clásica, así que fuimos a por una tarta Tatin. Lleva manzana seca recubierta de chocolate blanco caramelizado, caramelo en polvo, polvo de hojaldre caramelizado y un puntito de canela. Queríamos que recordara a una tarta, pero sin ser una tarta. Es más delicado, más perfumado, con ese punto de manzana caramelizada que te lleva directamente a la repostería francesa.
  • Alemania representa la tarta Selva Negra. Lleva cereza deshidratada envuelta en capas de chocolate blanco y chocolate negro 64%, con polvo de bizcocho de chocolate y cereza en polvo. La cereza le da un punto ácido que corta muy bien con el chocolate y hace que no sea nada plano. Es un sabor más intenso, más oscuro, más “tarta clásica reinterpretada”.
  • Italia es la pizza margarita, pero llevada al terreno dulce-salado. Aquí nos apetecía muchísimo jugar con algo que fuera casi provocador. Lleva sablé de Grana Padano con albahaca fresca triturada con harina, bañado en chocolate blanco con queso y recubierto con tomate seco en polvo y orégano. Suena a “esto no puede funcionar” y precisamente por eso era tan divertido hacerlo bien. Es uno de esos sabores que obligan a probar antes de opinar.
  • México es maíz tostado recubierto de chocolate de México y polvo de chile chipotle. Queríamos que tuviera maíz, cacao y picante, tres elementos muy potentes y muy reconocibles. El picor no está puesto para molestar, sino para despertar. Tiene ese efecto de “espera, ¿qué acaba de pasar?”, y después quieres volver a probar. Es intenso, divertido y muy México.
  • Brasil va por un camino más tropical y alegre. Son bolitas de cacahuete recubiertas de chocolate blanco caramelizado con polvo de café y fruta de la pasión. Tiene cremosidad, fruto seco, acidez, café… Es un sabor muy redondo, con un punto energético y luminoso. Queríamos que Brasil no fuera solo “chocolate y ya”, sino algo con ritmo, con capas.
  • Inglaterra está inspirada en la carrot cake. Es un carrot cake clásico hecho con merengue para que quede más ligero, recubierto con chocolate blanco de queso, canela y zanahoria en polvo. Queríamos mantener esa idea de tarta especiada, cremosa, con el punto de queso, pero en un snack que no fuera pesado. Es muy reconocible y muy amable.
  • Estados Unidos es lemon pie. Lleva limón confitado recubierto de chocolate blanco caramelo, galleta de almendra, chocolate blanco de limón con ralladura de limón natural, ácido cítrico y merengue seco. Es un sabor con mucha acidez, muy fresco, muy postre americano de diner o de película. Tiene ese punto dulce-ácido que engancha muchísimo.
  • Uruguay representa la tarta chajá. Es un bizcocho clásico de almendra hecho con merengue de melocotón. Una vez seco, se hace un polvo de ese bizcocho que se mezcla con chocolate blanco, orejones picados a mano, más chocolate blanco y coco rallado. Es un sabor muy especial, quizá menos conocido para mucha gente, pero precisamente por eso nos gustaba: también queríamos que la caja descubriera cosas, no solo que confirmara tópicos.
  • Holanda son stroopwafels. Hicimos cuadraditos de praliné con polvo de estas famosas galletas holandesas, trocitos de caramelo, vainilla y cobertura de chocolate blanco con trocitos de galleta. Es uno de los sabores más fáciles de amar: galleta, caramelo, vainilla, chocolate blanco… Muy goloso, muy de café, muy de “me como otro sin darme cuenta”.

Hablemos de ese torrezno un poco más.

El de España es una fantasía y una gamberrada, pero una gamberrada muy bien hecha. Queríamos que España tuviera algo reconocible y con personalidad, y el torrezno nos parecía perfecto porque tiene ese punto castizo, crujiente, sabroso, muy nuestro, y además está viviendo un momento brutal. El torrezno ha pasado de ser algo de bar de toda la vida a convertirse casi en objeto de culto gastronómico. Lo ves en restaurantes, en barras, en versiones finas, en bocadillos, en tapas más cuidadas… Hay una especie de reivindicación del torrezno como producto con identidad, con textura, con sabor y con muchísima memoria. Y eso nos apetecía llevarlo al chocolate.

La mezcla funciona porque el chocolate con leche aporta dulzor y cremosidad, y el torrezno aporta sal, grasa, crujiente y profundidad. Es parecido a lo que pasa con el chocolate y la sal, o el chocolate y ciertos frutos secos tostados, pero llevado a un sitio mucho más inesperado. El contraste es lo interesante. Además, el torrezno está cortado a mano en bocados pequeños para que no sea una experiencia agresiva ni incómoda. No queríamos un trozo enorme, sino un snack que puedas probar, morder y comentar. Luego va pintado con chocolate con leche y acabado con polvo de oro, que hace referencia a la estrella que España ganó en 2010. Es un guiño futbolero, pero también visual. Creo que es el sabor que mejor resume el espíritu de la caja: parece una locura, pero tiene sentido; es divertido, pero está trabajado; y está hecho para que la gente hable. Nadie prueba torrezno con chocolate y se queda callado. Eso era exactamente lo que buscábamos.

La caja al completo ha sido un trabajo en equipo

Ha sido un proceso muy bonito porque cada uno aportaba algo distinto: nosotros veníamos con la parte de concepto, redes, juego, intuición de lo que podía divertir o sorprender a la gente; Raúl y su equipo convertían eso en un producto real, con técnica chocolatera de primer nivel. Y luego Igloo lo transformó en un objeto precioso con toda la parte del banquillo y las camisetas.

¿Con qué bebida propones “maridar” esta caja?

Depende mucho del plan, porque esta caja no está pensada como una cata seria de copa fina y silencio absoluto. Está pensada para abrirla con gente, hablar, probar y pasarlo bien. Si la saco en un plan aperitivo o tardeo, la maridaría con un vermut. Me gusta porque conecta con ese momento de picoteo, de conversación, de mesa compartida. Además, con sabores como España, México o Italia, que tienen puntos salados, especiados o intensos, el vermut puede funcionar muy bien.

Si queremos algo más clásico y festivo, un cava o un espumoso también le va fenomenal, porque limpia la boca y acompaña muy bien el chocolate blanco, los cítricos, el caramelo y los sabores más grasos. Para los muy chocolateros, café. Con Holanda, Argentina, Brasil o Alemania, un café va perfecto. Y para quien no beba alcohol, creo que una limonada casera, un té frío o incluso una kombucha suave pueden funcionar muy bien, sobre todo con los sabores más dulces o más densos. Pero mi respuesta más realista sería: depende del momento del partido. Si es previa o descanso, vermut. Si es celebración, espumoso. Si es sobremesa, café.

Si invito a amigos a ver el Mundial en mi casa, ¿cuándo saco la caja? ¿Con los postres? ¿Al principio?

Yo no la sacaría como un postre tradicional, porque no está pensada para eso. No es “terminamos de cenar y ahora cada uno se come un bombón”. La sacaría como un juego. Para mí hay dos momentos perfectos. El primero es antes del partido o durante la previa, cuando la gente acaba de llegar, estás sacando cosas para picar y todavía hay ganas de hablar, comentar y jugar. Ahí la caja funciona muy bien porque rompe el hielo: la pones en el centro, explicas que hay que probar sin mirar y empiezan las apuestas.

El segundo momento ideal es el descanso. Me parece muy divertido porque tienes 15 minutos en los que todo el mundo está comentando el partido, picando algo, levantándose del sofá… y de repente sacas la caja y dices: “Venga, a ver quién adivina este país”. Es mucho más original que sacar simplemente una bandeja de dulces.

También puede funcionar como sobremesa, claro, pero yo la veo menos como postre y más como experiencia. Lo bonito es que la caja te obliga a interactuar. No es una caja para comer a solas ni en automático. Es para ponerla en el centro, abrir una camiseta, probar, discutir y que cada sabor active una conversación. De hecho, esa es la idea de Yumtrip: que comer sea una excusa para viajar, jugar y compartir.