Negocios

Una pareja reabre una centenaria tienda de Borredà, Barcelona: "Sentí como un flechazo"

Lucía y Paco en Cal Ferrer
Liudmila y Francisco en Cal Ferrer decidieron dejar sus trabajos y asumir la gestión de la tienda.. Cal Ferrer
  • El establecimiento ve las rutinas de los vecinos, desde el café de la mañana hasta las partidas de cartas de la tarde

  • De su vía de escape lejos de la ciudad a su casa y trabajo: la pareja decidió dejar sus empleos en Sitges y asumir la gestión del negocio

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Lo que comenzó como una vía de escape frente al bullicio de Sitges terminó convirtiéndose en algo más que una segunda residencia. Liudmila y Francisco Melgarejo (Lucía y Paco para los vecinos), reabrieron la única tienda de Borredà "Cal Ferrer" tras una casualidad: perder el alquiler vacacional que compartían con unos amigos en la zona. Al acudir al pueblo para recoger sus pertenencias, descubrieron que los antiguos dueños del emblemático negocio -un espacio que junta bar, restaurante y tienda- traspasaban la tienda. "Para mí era un flechazo; sentí que era nuestro", confiesa Lucía, quien recuerda cómo, tras hablarlo en familia, decidieron dar el paso. "Nosotros llevábamos dos años con un trabajo fijo, sabíamos lo que era la hostelería y con una niña pequeña, necesitas cambiar las rutinas", explica sobre la necesidad de ganar en conciliación tras haber sido padres.  

La vida del pueblo

Para los cerca de 430 habitantes del municipio, no hubo ningún cambio brusco, ya que los nuevos propietarios decidieron mantener la plantilla y contar con el acompañamiento de los antiguos dueños durante las primeras semanas. "A la gente al final lo que les importaba era que no muriera el negocio", señala Lucía, pues no es solo un comercio, sino que es "un mini centro comercial" y un "centro cívico" para la localidad. La pareja agradece la completa integración en el pueblo y resalta la escolarización de su hija pequeña en la escuela rural, un centro con pocos alumnos donde "los más pequeños aprenden de los grandes y los grandes aprenden a cuidar de los pequeños", aprendiendo a relacionarse con los vecinos más allá de lo académico.  

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Todo un proceso

Gracias a la cálida acogida por parte del vecindario, el traspaso costó menos. Pero aún así, la pareja decicidió reestructurar el negocio para que las gestiones no fuesen "solo de cabeza", Lucía compara el nacimiento de su hija con el nacimiento del negocio, pues al principio tuvo que empezar de cero para pasar de un modelo tradicional basado en la memoria a un sistema más digital de pedidos e inventarios que hoy permite a los empleados trabajar con total autonomía. Tras un exigente primer año, la pareja encamina ahora la estrategia del local hacia la expansión y el turismo, para atraer a visitantes de municipios cercanos. Ahora, intentan que las escapadas les sirvan también para enriquecer el negocio y explican: "Cuando podemos visitamos otros pueblos y probamos los platos típicos para aprender y estudiar el mercado, mientras disfrutas del mundo rural".