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Cierra el Cafè Vernet de Tarragona, un bar en la casa familiar tras 120 años de historia: "Mis padres necesitan tranquilidad"

Mònica Vernet, con sus padres Josep Maria Vernet y Teresa Miró, y su hermano Eduard
Mònica Vernet, con sus padres Josep Maria Vernet y Teresa Miró, y su hermano Eduard. Cedida
  • El Cafè Vernet en Margalef (Tarragona) era un bar muy querido y una referencia en el mundo de la escalada

  • El local, que abrió en 1906, está en el mismo edificio que la casa familiar

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TarragonaMònica y su familia están viviendo unos días cargados de emoción. "Estamos destrozados física y anímicamente porque ha sido muy intenso", asegura Mònica Vernet, propietaria del Cafè Vernet. Este querido bar de Margalef (Tarragona) ha bajado la persiana después de 120 años de vida. Un punto final, con una fiesta de despedida con flores, una placa honorífica o un álbum de fotografías de clientes y muchas lágrimas. "Casi todos acabamos llorando", recuerda.

Un local que comparte espacio con el hogar de sus padres, Josep Maria Vernet y Teresa Miró. "Sentimos mucho haber cerrado porque nos gustaba nuestro trabajo y el cliente que teníamos. Disfrutábamos pero era inviable. Está dentro de la casa de mis padres, que tienen cerca de 80 años, y ya necesitan tranquilidad. Y yo después de una vida en el bar también tengo ganas de encontrar algo más tranquilo. Ahora buscaré trabajo y mis padres, a hacer su vida y a vivir con tranquilidad", explica Mònica.

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Un bar, situado en medio de Margalef, un pueblo de un centenar de habitantes, con un ir y venir continuo de clientes, entre vecinos y, sobre todo, escaladores al ser un paraíso de referencia internacional para la escalada deportiva. "Había momentos en que todo estaba lleno. Esto genera estrés porque quieres llegar bien a todos. Mis padres se ponían nerviosos porque querían ayudar. Venían y hablaban con los clientes porque todos les conocen y les aprecian. Es un estrés que pasábamos: yo por ellos de lo que están pasando en su casa por los ruidos y ellos, por no poderme ayudar. Es la sensación de unos por los otros. Y hemos dicho basta porque hemos de estar bien y hemos de parar. Lo más importante es la salud. Mi hermano me decía que a este ritmo iba a explotar. Hemos muerto de éxito porque hacíamos las cosas bien, los clientes se sentían muy a gusto, por el producto y el servicio que dábamos y por los precios", detalla.

Foto de la familia en el Cafè Vernet
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Historia de 120 años y cinco generaciones

Un negocio familiar con una historia centenaria que se remonta a Rosa, la bisabuela del padre de Mònica. Se quedó viuda con tres hijos y montó el bar en la casa donde vivía en 1906. Generación tras generación llegó el relevo de Josep Maria y Teresa, los padres de Mònica, quien está al frente desde hace 14 años. "Ha sido muy intenso. Algún cliente me ha aguantado a la niña mientras le hacía el café porque no había guardería", reconoce.

El turismo y el boom de la escalada en 2008 cuando una revista puso en el punto de mira este rincón tarraconense de la sierra del Montsant, hicieron despegar el servicio de comidas con platos combinados, en el que no faltaba una sanfaina con buena fama. "Es buenísima. Hacíamos 30 kilos a la semana. El secreto es que cocinábamos cada ingrediente por separado. Estaba hecha con mucho cariño", confiesa Mònica.

El Cafè Vernet, en el centro de Margalef (Tarragona)

A ellos se sumaron motoristas y también ciclistas de paso. "Era un punto de encuentro en medio del pueblo para desayunar, el vermut, comer o jugar a cartas. Un sitio con las puertas abiertas. Hubo un tiempo que era el único bar donde todos quedaban. Muchas parejas se han conocido aquí. Teníamos una mesa guardada solo para la partida de cartas para los más mayores de Margalef", cuenta la propietaria.

Los escaladores, entre ellos los hermanos Pou, Patxi Usobiaga, Edu Marín, Jordi Pou o Joan Ribera, también tenían un lugar especial porque "un día vino uno que nos propuso montar una ducha en el mismo bar. Nos dijo que triunfaríamos y podíamos dejar jabón, champú y toallas. Lo probamos y fue bestial. La ducha continuó pero sin dar toallas desde la pandemia".

Emocionado adiós

Un ritmo de servicio difícil de seguir por las inversiones, la burocracia como el Verifactu o las dificultades para contratar personal "porque hemos buscado trabajadores y es muy difícil porque no hay vivienda disponible".

Así llegaron a la decisión de poner un punto final: "Nos echarán de menos porque estábamos en el centro del pueblo. Los clientes se sentían a gusto y nosotros, también lo pasaremos mal. Nos costará asimilarlo. Son 120 años de historia. Lo añoraremos. Lo echaremos mucho de menos".