La última hipótesis sobre la vida en la Tierra: los rayos pueden haber sido la clave

Investigadores de EEUU afirman que los rayos pudieron provocar la aparición de la vida
El estudio lo lidera Benjamin Hess, de la Universidad de Yale
No descartan la teoría del meteorito, pero dicen que es mas probable que la clave esté en los rayos
A lo largo de toda nuestra historia las hipótesis al respecto de la aparición de la vida en la Tierra han sido muchas y de lo más variopintas. Desde lo más verosímil a lo más surrealista, nunca han faltado versiones sobre el origen de la existencia, y todavía hoy siguen surgiendo nuevas.
En busca del conocimiento científico, ahora ha sido un equipo de investigadores dirigidos por Benjamin Hess, de la Universidad de Yale, en New Haven, Connecticut, EEUU, los que señalan que podrían haber encontrado la última pieza del rompecabezas sobre la aparición de la vida.
Concretamente, señalan que los rayos caídos sobre la Tierra pueden haber tenido un papel trascendental para desencadenar el surgimiento de la misma.
Intentando traer su explicación a un lenguaje cercano, la base desde la que parten los investigadores estriba en que la aparición de la vida requería necesariamente de un cóctel de ingredientes específicos en los que ninguno de ellos puede faltar. De éstos, uno de los más relevantes es el fósforo, porque, como recoge ZME Science, aunque originalmente existía en nuestro planeta, no era útil dado que estaba encerado dentro de los minerales. Por tanto, se necesitaría fósforo reactivo biodisponible para formar ADN, ARN y lípidos de la membrana celular. Sin embargo, existe una excepción al respecto del lugar del que podría provenir el fósforo: el mineral de la schreibersita.
La schreibersita
Especialmente raro, este mineral solo está presente en algunos puntos de nuestro planeta, como Groenlandia o el Levante mediterráneo, y se habría formado de forma temprana gracias a rocas ricas en carbono, algo que de forma primitiva no pudo darse en la Tierra, dado que entonces no había precisamente vida para producir esas rocas ricas en carbono.
Es por esta razón, señala Benjamin Hess, por la que muchos se aferran a la teoría de que fue un meteorito el que desencadenó la aparición de la vida.
“No se puede tener la formación de schreibersita en condiciones terrestres normales, y las pocas ocurrencias inusuales que encontramos dependen del material creado por la vida en el pasado. Entonces, ¿cómo lo conseguimos en la Tierra primitiva?”, pregunta, indicando que fue por eso por lo que inmediatamente se pensó en que podría haber venido del espacio exterior, provocando que muchos investigadores crean que los meteoritos “sembraron” la vida; es decir, no que trajesen formas de vida, sino esos ingredientes necesarios e imprescindibles.
De la teoría del meteorito a los rayos
Sin embargo, la teoría de Hess y su equipo difiere y no va por este camino. Lo que ellos defienden es que, según los estudios realizados la trascendental schreibersita también se puede formar cuando un rayo golpea minerales específicos, lo que significaría, simplificando su hipótesis, que la vida puede no haber sido sembrada en la Tierra, sino provocada en ella.
“Tradicionalmente, la respuesta han sido los meteoritos porque se formaron en condiciones menos ricas en oxígeno, pero en nuestro nuevo trabajo estamos argumentando que en realidad también se puede obtener schreibersita a través de rayos, los cuales sirven para reducir (eliminar el oxígeno de) el material que golpean”.
Específicamente, señalan que cuando algunas rocas son alcanzadas por un rayo se transforman en fulguritas, una roca metamórfica en forma de tubo. Y justamente los investigadores, con un conjunto de técnicas espectroscópicas, han comprobado que la schreibersita se puede formar en fulguritas, algo que no es la primera vez que se descubre.
Lo que sí es la primera vez que se sugiere abiertamente es que, en consecuencia, la caída de rayos puede haber ejercido como un mecanismo clave:
“Los informes anteriores de schreibersita en otras fulguritas fueron en realidad alentadores porque indican que este no es un evento único extraño. Proporciona más fuerza al nuevo modelo y mis estimaciones de la cantidad de schreibersite que se habría formado”, señala Hess, en declaraciones recogidas por ZME Science, donde explican que según los cálculos efectuados los rayos caídos podrían haber representado entre 110 y 11.000 kilogramos de fósforo por año, lo que, dicen, sería una cantidad suficientemente grande para alimentar las primeras formas de vida, e incluso quizás más de lo que trajeron los meteoritos, según defienden.
Además, añaden que los rayos podrían ser mejor candidato para esta compleja explicación sobre nuestra existencia porque la mayor parte de la schreibersita traída por los minerales estaba en grandes meteoritos de 1 km o más de tamaño, lo que supone que los meteoritos grandes habrían acabado con todo lo que les rodeaba.
No descarta ninguna de las teorías
Con todo, Hess y su equipo no descartan completamente la teoría de que los meteoritos contribuyesen a la aparición de la vida: “Supongo que es una cuestión de: ¿la vida ganó el premio gordo y tuvo un meteorito que aterrizó de la manera perfecta para suministrar una gran cantidad de fósforo necesaria de una vez? ¿O fue la vida provocada por el suministro continuo de fósforo que se acumuló a través del tiempo cuando un rayo golpea inevitable y frecuentemente las masas de tierra tropicales? Esto último me hace sentir más cómodo, pero ciertamente podría haber sido cualquiera. Y para ser justos, el mecanismo que proponemos también debe probarse. Espero que pronto haya nuevos estudios de fulguritas naturales de islas basálticas (como Hawái) que puedan demostrar si esto reduce de manera eficiente el fósforo en el entorno previsto”, finaliza, dejando claro que queda mucho trabajo por delante para verificar su hipótesis.
