Arte

Ana Juan, artista: "Pienso cada día en la muerte, pero para que me dé un chute de vida"

Ana Juan pintando la obra central de su nueva exposición
Ana Juan pintando la obra central de su exposición Wonderkammer (Madrid). (Cedida por la exposición)
  • La ilustradora valenciana inaugura Wonderkammer, su primera gran exposición tras ser conocida mundialmente por sus portadas en The New Yorker

  • Estará en el Espacio 'CentroCentro' de Madrid hasta el próximo 3 de mayo de 2026

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“Si me pides que te dibuje un animal, se parecerá a tu vecino”, dice Ana Juan al preguntarle por el significado concreto de uno de sus gatos con manos enanas, casi humanas. Y enseguida suelta una risa nerviosa, como de tímida extrema con mundo interior inenarrable. Lo hará varias veces a lo largo de la visita guiada por su exposición, Wunderkammer, la primera grande, institucional, reconocedora de algún modo de su potencia como artista mucho más allá de sus libros ('Los Amantes', etc) y las icónicas portadas de The New Yorker (con una famosísima sobre los tentados de Charlie Hebdo y la Torre Eiffel a la cabeza).

“Nada es lo que parece”, añade a los pocos segundos, otra pincelada, seguida de la misma risa. Hemos dejado atrás la sala del caos, la de las máscaras, los cuerpos de mujer con las cicatrices como tatuajes en la piel y estamos atravesando el calamar de cinco metros que ocupa la parte central. Un universo en sí mismo. “Como el bosque de los cuentos populares, siempre hay un espacio confuso donde no sabes muy bien lo que va a ocurrir. Al fin y al cabo no es más que la vida, un viaje iniciático que deja huella”, dice por toda explicación. A ella no le gusta decir qué significan sus cosas. Lo repite de una manera y de otra. Insiste: “Lo importante es la emoción. Venir, ver, flotar, sentir. No quiero obligar. Con suerte se entenderá lo inexplicable”.

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Obra de Ana Juan dentro de su exposición, Wunderkammer

No es casualidad que el conjunto se llame Wunderkammer (cámara de maravillas), aquellos gabinetes de imágenes y objetos que dibujaban un mundo. Tampoco que sea una palabra en alemán, país junto a Japón en el que es poco menos que una estrella del rock. Rayas, cocodrilos, cisnes, ovejas, pulpos, ratones, tortugas, langostas, conejos, polillas, huevos con pinchos de rosa. Todo su imaginario en carne viva. “Tenemos mucha dificultad ahora en reconocer lo que es la verdad y lo que es la mentira”, comenta. Y se ríe. Hacia el final del recorrido, no pueden faltar un vídeo con todas sus icónicas portadas en The New Yorker y el videoarte que creó para acompañar a Joaquín Sabina en su última gira mientras cantaba ‘Peces de ciudad’. Todo eso a la vez es Ana Juan.

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Parece que remites mucho al subconsciente en tu obra, ¿es buscado ese punto surrealista?

No. Lo que pasa es que soy una persona muy emocional. Lo primero para mí es la emoción y luego ya llega la razón, para lo bueno y para lo malo, porque me suelo equivocar.

Existen muchas capas al ver tu obra: de lo más pequeño a lo grande, de lo literal a lo invisible, juego de opuestos, círculos sin fin...

Efectivamente hay muchas capas en el mismo cuadro, como si hubiese una especie de primer vómito emotivo y luego otros, digamos, pero eso está relacionado con mi forma de entender el mundo, que es muy directa aunque yo sea muy tímida. Quiero las cosas siempre ya, ahora, tengo poca paciencia.

Mono sobre caballo, obra de la artista Ana Juan

Pues podría parecería justo que inviertes mucho tiempo y cuidado en cada obra

Invierto mucho tiempo pero no dilato la acción. Digo: necesito hacer un calamar de muchos metros y lo hago. Luego ya pienso para qué, por qué. Lo siento y lo hago: ese ha sido siempre el éxito o el fracaso de mi trabajo.

¿Fracaso?

Supongo que mi hubiese ido mejor si hubiese sabido conducir mi vida profesional de otra forma, mucho más cerebral. Menos visceral. Quizá habría conseguido muchas más cosas y reconocimiento, pero bueno, he conseguido otras.

Justo ese calamar es una las obras centrales de la exposición.

La gente me pregunta mucho qué significa. A veces les digo que el amor. Y nada más. Pero es simplemente un acercamiento a la belleza. Los pulpos y los calamares seres muy bellos, armónicos, orgánicos con su entorno.

¿Te extraña que la gente piense que cada animal significa algo concreto?

No, me divierte. Pero no me gusta explicar el arte, ni lo que hago. Yo invito a que el espectador se deje llevar solo por la emoción. Que venga, flote, sienta. Creo que el arte también nos lleva a hacer cosas simplemente por divertirnos y luego ya va a otro estadio al intelectualizar eso. Pero es un ten con ten que siempre comienza por los sentimientos.

El árbol de la vida, obra de la artista Ana Juan

¿Te sroprende que vean cierta oscuridad?

Es que eso depende de los ojos que miran. Hay personas que ven oscuridad en una playa, ven historias retorcidas en mis obras. Es algo más sencillo en realidad. Ahí está la mirada con la que cada cual percibe la vida.

¿Pero tú no ves oscuridad?

No. Yo ni la veo ni la busco ni nada. Para mi luz. Por ejemplo ahí, en el video de ‘Peces de ciudad’ que acompañó a Sabina en su gira, yo estaba buscando un mar de lava y ahí está: las olas rojizas. La canción requería de ese momento. Es puro, misterioso, ritual y críptico.

También hay mucha ironía

Efectivamente, eso es. Mucho sentido del humor. Pero el humor, por desgracia, no está bien contemplado en el mundo del arte. Todo tiene que ser intenso, triste. Si un cuadro te hace llorar es bueno. Sin embargo, si te hace reír, no está bien. Intento hacer mi propia revolución con eso. Soy muy peleona. Lo he sido siempre. Suelo decir en broma que ‘en mi familia somos de principios absurdos, pero buenos principios’.

Obra sobre el cuerpo y sus cicatrices, de Ana Juan

Hay una parte dedicada al cuerpo. Cómo el tiempo va dejando sus huellas en la piel.

Es lo que nos pasa con nuestras arrugas, la forma de movernos, las cicatrices: tienen un por qué. En algún momento tu cuerpo ha ido cambiando, evolucionando para bien o para mal, depende de cómo haya sido la vida de dura o fácil contigo.

¿Y cómo es el cuerpo de Ana Juan a los 65?

Amable, al menos de momento. Nunca he tenido problemas de salud, ni físicos.

¿Pero notas en el cuerpo las huellas de tus amores, tus desamores, tus éxitos, tus tropiezos?

Claro, hay veces que uno se mira al espejo y dice: cómo me ha caído esto encima, cómo noto el cuerpo de repente. Y luego vuelves a vivir. Siempre hay un momento en el que una puede renacer de sus cenizas.

Obra de Ana Juan en la exposición Wunderkammer

Y esta exposición tan esperada, ¿qué huella te deja?

Una gran sonrisa. Estoy contenta porque todos estos años de mi arte como que han calado aquí. No tengo ni idea de lo que pasará, nunca pienso en el futuro ni tengo planes de nada, pero lo hemos hecho y está bien.

Un deseo para ti y para tu arte en los próximos años

Seguir disfrutando de mi trabajo. Y salud: nunca he pedido otra cosa, desde pequeña. Esta exposición está aquí porque he tenido un cuerpo sano para hacerla. He visto tanta desgracia alrededor, dolor, enfermedad, muerte. Estamos aquí y dejamos de estar. No pido reconocimientos, ni medallas. Solo salud. Quiero estar bien.

¿Tienes muy presente la muerte?

Siempre. Todos los días de mi vida pienso en la muerte. Sin morbo. Simplemente porque está. Pero no lo hago en clave triste, sino justo para que me dé un chute de vida.