Por qué la memoria empeora con la edad: claves de un estudio de Harvard y su vínculo con el Alzheimer

El estudio también apunta a la necesidad de mantener una vida activa y sana como forma de revertir la pérdida de memoria
Pérdida de memoria con la edad: qué es normal y cuándo consultar a un especialista
La pérdida de memoria es uno de los cambios más comunes del envejecimiento. Olvidos cotidianos —como no recordar dónde se dejaron las llaves o el nombre de una persona conocida— suelen asumirse como parte natural del paso del tiempo. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Harvard aporta nuevas pistas sobre qué ocurre en el cerebro cuando envejecemos y por qué estos fallos pueden, en algunos casos, relacionarse con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Harvard, y publicada en la revista revista Nature Communications, se centró en comprender cómo se almacenan y recuperan los recuerdos a nivel celular. Sus conclusiones ayudan a explicar por qué la memoria se vuelve menos eficiente con los años y qué mecanismos podrían fallar en los deterioros cognitivos más graves, informa La Razón.
Cómo se almacenan y recuperan los recuerdos
Según el análisis de 10.343 resonancias magnéticas (MRI) y 13.460 pruebas de memoria, provenientes de 13 estudios distintos, la memoria se vuelve menos eficiente con el paso del tiempo. Aunque el envejecimiento afecta a múltiples regiones cerebrales, los investigadores señalan que el hipocampo —la estructura encargada de formar y organizar los recuerdos— es uno de los puntos más sensibles y determinantes en este proceso.
El hipocampo funciona como una especie de “central de archivos” donde se crean las huellas neuronales de cada experiencia, conocidas como engramas. Estas huellas permiten que un recuerdo pueda ser recuperado más adelante. El estudio confirma que, incluso en edades avanzadas, el hipocampo sigue siendo capaz de generar nuevos engramas, lo que significa que las personas mayores pueden seguir aprendiendo y almacenando información. El problema aparece en la fase de recuperación.
Con el envejecimiento, el hipocampo pierde parte de su capacidad para activar de forma coordinada las neuronas que conforman un engrama. No es que el recuerdo desaparezca, sino que se vuelve más difícil acceder a él. Los científicos describen este fenómeno como una “desconexión funcional”: las neuronas siguen ahí, pero ya no se comunican con la misma eficacia.
Qué diferencia el envejecimiento normal del Alzheimer
Durante años, la explicación dominante señalaba al hipocampo —estructura esencial para la memoria episódica— como el principal responsable del declive cognitivo asociado a la edad. Aunque este sigue siendo un componente especialmente sensible, el estudio demuestra que no actúa solo. Varias regiones corticales y subcorticales también muestran reducciones de volumen que se correlacionan con peores resultados en pruebas de memoria, especialmente entre personas de mayor edad.
Según Alvaro Pascual-Leone, coautor del trabajo, el deterioro cognitivo “no es simplemente consecuencia del envejecimiento”, sino la expresión de vulnerabilidades biológicas amplias que se acumulan a lo largo de la vida. El análisis confirma que, aunque el hipocampo mantiene la asociación más fuerte con la memoria, otras zonas del cerebro contribuyen de manera significativa al declive, lo que obliga a replantear la idea de un único “centro” de la memoria.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la relación entre el encogimiento cerebral y la pérdida de memoria no sigue una progresión lineal. En lugar de deteriorarse de forma constante, la memoria empeora de manera acelerada cuando la pérdida de tejido cerebral supera ciertos umbrales. Esto explicaría por qué muchas personas mayores experimentan un declive más rápido a partir de determinada edad, incluso si previamente mantenían un rendimiento cognitivo estable.
El estudio también analizó el papel de factores genéticos, como el alelo APOE ε4, asociado a un mayor riesgo de Alzheimer. Aunque los portadores mostraron una pérdida de volumen cerebral y de memoria más marcada, la relación entre reducción de tejido y deterioro cognitivo fue similar en quienes tenían el gen y quienes no. Esto sugiere que los cambios estructurales vinculados a la memoria forman parte de un proceso de envejecimiento compartido, más allá de la predisposición genética.

