Música

La canción más pegadiza de los años 80, según la ciencia

Hay canciones que se meten en la cabeza sin pedir permiso. Getty Images
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Hay canciones que se instalan sin pedir permiso en algún rincón del cerebro y se quedan ahí a vivir. No es solo cuestión de una melodía pegajosa, es una mezcla rara de repetición, emoción básica, estructura simple y un punto de obsesión. Necesita un patrón reconocible, una frase que se repita como un mantra o un ritmo que no te deje escapar. Porque el cerebro adora lo predecible cuando viene envuelto en energía.

Eso es lo que analizó un estudio de la Universidad de St Andrews, en Escocia, publicado en 2016,cuando se propuso identificar las canciones más pegadizas de la historia de la música. Para ello, los investigadores utilizaron la siguiente ecuación: Receptividad + (previsibilidad - sorpresa) + (fortaleza melódica) + (repetición rítmica x 1,5) = gusano auditivo, es decir, una melodía que se queda en tu cabeza tiempo después de escucharla por primera vez, o incluso cuando ya nadie habla de ellas.

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Bajo esa fórmula matemática, la canción más adhesiva de todos los tiempos resultó ser 'We Will Rock You', de Queen, publicada en 1976 en el álbum 'News of the World' junto a 'We Are the Champions', que ocupa el tercer lugar del ranking. La segunda plaza de ese pegajoso podio es para la más moderna 'Happy' de Pharrell Williams, de 2013.

La década del 'gusano auditivo'

Pero lo que no interesa aquí es dilucidar cuál fue el tema más pegadizo de los años 80, la década en la que se perfeccionó esa fórmula del 'gusano auditivo', la de la MTV, lo sintetizadores, cajas de ritmo y ganchos melódicos inolvidables. Entre análisis musicales, pruebas de memoria auditiva y respuestas cognitivas, el resultado del estudio de St Andrews fue contundente.

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La canción más contagiosa de los 80 es 'I’m Gonna Be (500 Miles)', de The Proclaimers, dos hermanos escoceses cercanos al folk rock que dieron el gran golpe con esta tonada incluida en su álbum 'Sunshine on Leith', de 1988. El tema surgió como una canción de amor casi ingenua, exagerada en su planteamiento, pero emocionalmente clara: caminar cualquier distancia por el ser amado.

Un éxito progresivo

Su éxito no fue inmediato, sino progresivo. Primero funcionó bien en Reino Unido, luego empezó a expandirse internacionalmente, y terminó explotando de verdad en los años 90 gracias al cine y la televisión, convirtiéndose en un fenómeno cultural global. Desde entonces ha sido usada en películas, series, anuncios, eventos deportivos, karaokes y playlists intergeneracionales.

Musicalmente tiene una estructura casi minimalista. Ritmo constante y machacón, acordes simples, melodía repetitiva y un estribillo diseñado para ser coreado por grandes multitudes. No hay grandes giros armónicos ni complejidad técnica. Su fuerza está en la persistencia sonora y en una identidad vocal tan reconocible que convierte cualquier fragmento en algo inmediatamente identificable.

Lógicamente, The Proclaimers jamás volvieron a repetir un fenómeno similar, pero tampoco desaparecieron de la faz de la tierra. Mantuvieron una carrera sólida aunque lejos de los focos, publicando discos, girando regularmente y manteniendo una base de seguidores fieles, especialmente en Reino Unido. Siempre que tocan su gran hit la audiencia se vuelve loca, porque '500 Miles' llegó para quedarse.