LIBROS

Claire Lynch y el dilema de elegir entre el amor o tus hijos: "Muchas madres en los 80 perdieron la custodia"

Claire Lynch
La escritora británica es profesora de escritura creativa en la Brunel University de Londres. (Foto de Neeq Serene)
Compartir

Hay una pregunta que atraviesa el nuevo libro de la escritora británica Claire Lynch, su primera novela. Un dilema que esta doctora de literatura en Oxford deposita en la mente y el corazón del lector, como una bomba haciendo tic-tac: 'Y tú -viene a decir sin decirlo-, ¿qué habrías hecho en el lugar de la madre de la protagonista? ¿Habrías seguido con tu marido para que no te quitasen a tu hija o te habrías elegido a ti misma y a tu felicidad tras enamorarte de una mujer?'.

‘Un asunto de familia’ (Random House) pivota en torno a esta "duda complicadísima”, según la define Lynch, sentada en un restaurante de decoración British del centro de Madrid. “Es más: ¿habrías sabido perdonar a tu padre?”, añade. Se trata pues de la historia de un secreto oculto durante 40 años, pero también de la experiencia, real y documentada, de centenares de madres inglesas en los 80 a las que su marido y los tribunales quitaron la custodia de sus hijos por encontrar al amor de su vida, que resultó ser otra mujer, y querer divorciarse de su marido.

PUEDE INTERESARTE

“Lo más sorprendente de todo es que no estamos hablando de los años 50, sino los 80 y algunos casos aún a principios de los 90”, explica Lynch, madre junto a su esposa de tres hijas de diez (gemelas) y siete años. Toda la familia, más una gata negra de ojos amarillos, viven en Windsor.

¿Cuándo descubriste la historia de todas estas mujeres?

En un principio estaba escribiendo una novela sobre un padre y una hija, en la que la madre estaba ausente. Casi al mismo tiempo hablaba con muchas mujeres que tenían 20, 30 ó 40 años más que yo por la publicación de mi anterior libro, un ensayo sobre maternidad. Ellas me lo fueron contando. Comprendí que había que abordar ese prejuicio de toda una sociedad. Y comencé a investigar casos judiciales reales.

PUEDE INTERESARTE

¿Cómo eran esos casos?

No hay una estadística oficial global, pero el 90% de las mujeres que se divorciaban e iban a juicio por ser lesbianas en los 80 y primeros 90, perdían la custodia. Esa cifra tan alta no se da en otro tipo de casos. Así que investigué sumarios reales, lo que habían dicho los jueces, políticos, abogados, maridos, ellas mismas… Para poder entender por qué un país invirtió tanto esfuerzo y poder en separarlas de sus hijos.

No fue mucho antes de que legalizar el matrimonio igualitario en Inglaterra (2013).

Eso es. En España fuisteis más ágiles con el matrimonio igualitario, en el 2005. Recuerdo que cuando conocí a la que ahora es mi mujer no nos podíamos casar y lo hicimos cuando se aprobó. Por eso fue efectivamente algo tan chocante: los casos parecían de otra época, de después de la guerra. Es importante decir que no es que fuese ilegal que las mujeres fuesen lesbianas, pero se consideraba imposible que una mujer pudiese ser buena madre y lesbiana al mismo tiempo.

¿Había otros casos que no llegaban a los tribunales?

Sí, los de los tribunales ya implicaban una advertencia social muy potente. Muchas mujeres decidieron no ir por lo legal o no dejar a su marido. A veces se creaban acuerdos privados para mantener las formas. Incluso en esos casos, los servicios sociales vigilaban a esas mujeres. Vivían todo el tiempo con el temor de que les quitasen a sus hijos.

¿Cómo ha reaccionado ahora Inglaterra al descubrir esto?

Sobre todo con sorpresa: ‘pero si yo viví esa época’, dicen muchos, ‘cómo puede ser que no me enterara’. Otras personas no se han sorprendido en absoluto: me escriben decenas para decirme que eso les pasó a ellas. Pero el hecho de que sorprenda tanto a la gente pone de manifiesto cómo funcionan los secretos y los relatos: la gente, durante años y años, diciendo que sencillamente su madre abandonó a los niños por ser una mujer terrible.

¿Sucedió también en España?

No lo he investigado, pero sí en Italia, Alemania, Estados Unidos… Me extrañaría que no, más con vuestro pasado. Lo que ocurre es que se oculta con las palabras. Muchas veces se usaba la palabra ‘negligente’ por no decir explícitamente ‘lesbiana’.

¿Una familia es una máquina de crear secretos?

Diría que es más como un libro de relatos: entre ellos hay uno que es el que más gusta a la familia y el que más se cuentan unos a otros. Ese es el que perdura. Los que son más incómodos, se diluyen o desaparecen. Si hay una persona que sabe la verdad y no se lo cuenta a la siguiente generación antes de morir, ese secreto se va con ella.

¿Todas las familias tienen un secreto?

Sí. O, al menos, alguna pregunta sin respuesta. No te voy a preguntar cuál es el de tu familia (risas).

Supongo que muchos.

Bastantes periodistas me los acaban contando. No tiene por qué ser una cosa malísima, pero es lo que ocurre siempre que la gente negocia el poder en la familia: el que cuenta el relato es el que tiene el poder.

En la novela el padre de la protagonista es ese marido que le quitó la custodia a su ex por dejarle por una mujer. Ahora él va a morir y tiene que decidir si contárselo a su hija. ¿Cómo se perdona eso?

Diría que ella tiene que pensar en cuál fue la intención primigenia del padre. Si él intentó de verdad protegerla. Si la protegió de la vergüenza, del daño en el colegio de los demás, etc. Todas las cosas que los abogados decían que le podía pasar a su hija. Pero es una verdad difícil, porque el mundo ha cambiado: lo que pareció aceptable en 1982 ahora es cruel y horrible. Es complicado.

Eres madre de tres niñas. ¿Qué hubieses elegido tú?

Es un dilema interesante. ¿Qué habría hecho yo de ser esa madre? Uf. Cuando me lo planteaba mientras escribía el libro, tenía la suerte de poder apagar el ordenador e irme a disfrutar de la vida con mi mujer, mis niñas y mi gata. ‘Menos mal que no me ha pasado’, me repetía.

¿Quizá hayas esquivado la pregunta?

(Risas) Venga, voy a contestar: cuando tratamos de ubicarnos en un momento concreto de la historia, siempre nos imaginamos que somos la heroína, que vamos a ser valientes, que vamos a hacer las cosas de otro modo. Pero no siempre se puede. La madre de mi libro estaba en una situación imposible (pausa). Creo que yo hubiese secuestrado a mi hija y me hubiese fugado. O una hace algo extremo o tiene que aceptar las consecuencias durísimas de no ser una misma y sufrir por ello de por vida.

¿Es aún duro para una familia como la vuestra vivir en este mundo?

Es muchísimo más fácil que antes, pero aún hay dificultades. Y en otros países mucho peor, claro. Cuando veo los cambios en los últimos 40 años, me imagino cambios similares para bien en los próximos 40.

¿No te dan miedo los siguientes 40 con el clima actual?

A veces. Sí. Quizá soy demasiado idealista, pero quiero creer que los niños y adolescentes que han crecido con igualdad y derechos los defenderán cuando sea su momento de llegar al poder.