Música

Zenet: “Dejé el alcohol y las drogas. Soy de las personas que pueden decir que han vuelto del infierno”

Zenet presenta nuevo disco: ‘Las manos y la voz’.. Uppers
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Puede que, hace unos años, la imagen de canalla que proyecta Zenet —su voz aguardentosa, de no haber pegado ojo en toda la noche; su mirada salaz, sus sombreros y corbatas de seductor con clase— fuera fiel reflejo de quién es este malagueño cantante y actor. Pero si hoy te lo encuentras en un bar, no lo verás apurando un negroni. “Dejé el alcohol y las drogas hace diez años. Desde entonces hago una vida abstemia”, reconoce.

“Hay un personaje en este que canta —añade— que no soy del todo yo, pero que tiene algo de mí. Hay algo de canalla. Pero, con la edad, uno va puliendo sus cosas y el canallismo como posición ante la vida es más literario que otra cosa. Actualmente estoy más contento podando mis bonsais o dando una vuelta en bicicleta con mi perra en el campo que haciendo vida social. He tenido mis épocas de canalla: soy de las personas que pueden decir que han vuelto del infierno; eso es público y notorio. Pero ahora, cuando salgo, bebo agua con gas o un café con un toque de canela devorando un buen libro mientras el mundo ruge fuera”.

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Por primera vez en su ya larga carrera —publicó su primer álbum, Los mares de China, en 2008—, no aparece su foto en la portada de un disco. Hablamos del más reciente, Las manos y la voz (2025), donde un cuadro pintado por él, de temática marina, reemplaza su propia imagen.

“Estábamos abiertos a todo lo que surgiera en el proceso del disco”, explica. “Habíamos barajado fotos mías en el contexto de una chamarilería del Rastro de Madrid. Quería acercar el concepto a ideas que te llevan al sabor de lo antiguo y son recuerdos vitales. Lo artesanal iba tomando la delantera en las reuniones creativas con mi equipo. He tenido un año entero para hacer este disco, y todas las piezas han encajado muy bien. La transversalidad de las canciones fue impregnándose de lo plástico, y pensé: ¿por qué no un cuadro mío en la portada? Las cosas vienen como vienen, nos pareció precioso y, al final, es interesante. Es una vuelta al origen de la pureza de la guitarra y la voz”.

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En cierto modo, es como si en esta ocasión, Antonio Mellado (58 años) hubiese querido dar más protagonismo a las canciones que a sí mismo. “La canción es el elemento sustancial de este viaje interior”, dice. En su paleta de estilos musicales hay sitio para el bolero, el fado o la bossa nova. “Sin pretenderlo, buscando sonidos diferentes, fui llegando al nucleo de cada género. Se trata de caminar por la cuerda floja, en la frontera de los sonidos de distintos países”.

Pese a lo variado del sonido, todo lleva el sello “Zenet”, que podría describirse como el de un crooner castizo o arrabalero. “La producción da esa cohesión”, indica. “A pesar de que se han grabado cosas en diferentes ciudades, la mezcla final y la voz se grababan aquí, de manera analógica, con micrófonos antiguos. Eso ya hace que el oído se acostumbre a un sonido. Por otro lado, el que te lleves a tu terreno las cosas que cantas es fundamental. Si tienes buen oído, tiendes a la imitación. He escuchado mucho a Chet Baker, a Chavela Vargas, a Nina Simone, y es difícil no tratar de cantar como ellos. Soy muy mal cantante de estudio: no sé grabar dos veces la misma cosa. Ese tipo de cantante que soy yo me ayuda a llevar todo a mi terreno. Lo hago de una manera instintiva y lo que sale es una mescolanza entre lo que escuchaba en casa y lo que sé hacer”.

Podría decirse, pues, que Zenet no ha mudado de esencia, pero sí de piel. Las manos y la voz inaugura una etapa en su carrera, con nueva compañía discográfica —más grande que la anterior—, nuevo equipo de management y sin la colaboración de su otrora cómplice musical, el guitarrista gallego José Taboada, fallecido en diciembre de 2023.

“Ha sido un cambio de ciclo”, expresa. “Quería hacerlo desde hace tiempo. La intención era asentarme en ciertos círculos, tener sangre fresca y potente, y quizá estaba quedándome demasiado parado. Ahora tengo el músculo de una compañía importante. Voy cumpliendo años, y ese músculo es fundamental para ir situándome. Los músicos de género debemos estar siempre ojo avizor. Es como si te compras una casa y el de mantenimiento eres tú: cada cosa que se rompe, un grifo, una ventana, debes arreglarla tú. Ese cambio a lo más híbrido ha sido interesante para mí”.

La pasión (desbordada o reprimida) y el romanticismo siguen ocupando lugar primordial en sus canciones. “Utilizo el amor para hablar de la condición humana”, matiza. “Conceptos como: ¿por qué no me atreví a decirte…? ¿por qué he sido tan tonto como para…? Ahí se habla de la condición humana. Dices algo entre líneas a la gente que le resuena mucho: la desidia, el miedo, la ilusión, la esperanza a pesar de que la vida te golpee. Eso siempre está ahí”.

Mensajes delicados que están en las antípodas de los que hoy proponen los artistas de reggaetón. “Es música comercial”, dice. “Se ha hablado mucho de su carga machista, pero también te digo que venimos de haber escuchado raperos en los ochenta que hablaban de cochazos, cadenas de oro y chicas con minifalda. Eso no es nuevo. De aquellos barros, estos lodos. Todo esto va desde la escuela. Me preocupa mucho que gente joven tenga actitudes machistas. Estamos en un mundo bastante loco y debemos seguir hablando en voz alta y con sinceridad de todas estas cosas para que cambien”.

Gusto por lo clásico

Su música se antoja más indicada para un público maduro y preparado que para los jóvenes. “Siempre relacionamos juventud con comercialidad, y es así masivamente”, concede. “¿Quién no ha bailado lambada? Pero también tenemos genios de la música entre la gente joven. Lo que ocurre es que venimos de una generación en que los grupos de pop, en su mayoría, tenían una gran calidad musical. Aquellos que vendían millones de discos eran grupos buenísimos como The Police, Supertramp, Electric Light Orchestra…”.

Aunque resulte chocante, en casa de Zenet no solo se escucha música latina o jazz. “Pasé por muchas épocas y soy muy seguidor del rock duro”, revela. “El guitarrista de Extreme, Nuno Bettencourt, es uno de los mejores músicos que he escuchado jamás. También escucho músicas actuales. Hay gente que mezcla boleros con electrónica que me parece maravillosa. Escucho rap. Mi hijo rapea, aunque está estudiando Fisioterapia, pero me da claves, yo le doy claves, hablamos de estilos, de formas de hacer… Me encanta la música clásica, del barroco. Cuando al final de año las plataformas te dicen lo que más has escuchado, en el número uno de mi lista está el canto gregoriano”.

La gira de presentación de Las manos y la voz comenzó en Zaragoza el pasado 25 de enero, y tras pasar por Madrid el 28 de ese mes, recorrerá muchas ciudades españoles hasta mayo (de momento). Recalará en festivales. Y planea retomar su carrera actoral: “El año pasado estuve centrado en el disco y trabajando como terapeuta auxiliar por las tardes, algo que forma parte de mi proceso personal. Ahora tengo más tiempo libre y abro esa carpeta a ver si van cayendo posibles colaboraciones. Para gente como yo, que no está en el mundo de la interpretación constantemente, deben darse una serie de condiciones: que el director te conozca, que pueda encajar en el personaje… Te tienen en la cabeza y surgirán esas cosas, pero no soy el típico actor que está en activo al cien por cien y encadena una película con otra. Mi caso es más heterodoxo”.