La desconocida historia de los niños españoles que se convirtieron en espías de la CIA: "Estaban en medio"

Carol Díaz Tapia cuenta en el libro 'Project Niños' la historia de miles de niños usados como espías por ambos lados del Telón de Acero
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Hay libros que llegan como una ráfaga, capaces de sacudir un capítulo de nuestra historia que dábamos por cerrado. Como la Guerra Civil o el conflicto que durante décadas dividió el mundo entre el bloque occidental y la URSS. Y luego está Project Niños, de Carol Díaz Tapias, que llega con un nuevo foco. A Tapias la historia le llegó hace cinco años, cuando se embarcó en una serie para DMAX. “Este libro nace de una serie documental que se llama igual, Project Niños, que se emitió en el año 2020 en Discovery Max. Luego fue la editorial Plaza Janés se puso en contacto conmigo para escribir este libro”, recuerda.
Todo arranca con un informe elaborado por la CIA en los años 60 y que fue desclasificado en 1995, el llamado 'Informe Project Niños', que aterriza en manos de un investigador. Y, como si la historia necesitase un empujón extra, aparece en escena un exmiembro del KGB, Oleg Nechiporenko, que confiesa que él también siguió la pista a aquellos niños de la guerra españoles cuando regresaron a su país en 1956.
Niños que en 1937 se vieron obligados a salir de España, en un intento de sus padres republicanos de ponerlos a salvo, y que se refugiaron en la extinta Unión Soviética durante 20 años. Dos décadas en las que conocieron de primera mano cómo se vivía en el régimen comunista de la URSS, lo que les convirtió en objetivo espía.
Los niños de la guerra
Lo curioso es que, como sociedad, creíamos conocer aquella historia. “Mucha gente sabía de los niños de la guerra”, explica Díaz Tapias. Sabíamos —vagamente— que miles de niños fueron evacuados a la Unión Soviética durante la Guerra Civil para escapar de los bombardeos. Que allí crecieron, que estudiaron, que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial.
Y que, veinte años después, regresaron a una España que ya no era la suya. Pero lo que Project Niños destapa es lo que sucedió después. Cuando el viaje de vuelta, que debía ser un abrazo, se convirtió en un laberinto. “Todo lo que hay detrás, a partir de ese regreso, es para mí lo que más me ha impactado”, dice la autora. Y no es para menos.
El regreso a casa 20 años después
Imaginad el regreso: dos décadas fuera, miles de días soñando con pisar otra vez España. Y al llegar… recelo, sospecha, miedo. Porque esos niños que habían salido con cinco o seis años volvían convertidos en adultos formados en el corazón del comunismo. Y eso, en la España de 1956, era dinamita. “La sociedad recela totalmente de todos estos niños”, cuenta Díaz Tapias.
El gobierno temía un caballo de Troya. La policía los sometía a interrogatorios constantes. Las familias —que también habían envejecido y cambiado— apenas los reconocían. A eso se sumaba un requisito casi marcial: presentarse en Madrid para largas sesiones de entrevistas, mañana y tarde, durante una semana entera. Y no solo con la policía.
Allí estaba la CIA
Díaz Tapias lo relata casi con incredulidad, como quien aún no ha terminado de procesar la dimensión de lo que descubrió: “Además de la policía española, la CIA estaba muy interesada en saber cualquier cosa que tuviera que ver con lo que ocurre dentro de la URSS, especialmente en temas de armamento”.
Los agentes estadounidenses querían saber y, sobre todo, conocer la Unión Soviética. Por ello colocaban mapas delante de estos jóvenes para pedirles que señalaran diferentes localizaciones. Un paso más allá de la charla inocente: pura ingeniería de inteligencia. No hacía falta que hablaran. A veces bastaba con un gesto. “Aunque esos niños pensaran que no estaban dando información relevante, igual sí la estaban dando”.
La CIA estaba muy interesada en saber cualquier cosa que tuviera que ver con lo que ocurre dentro de la URSS, especialmente en temas de armamento”
Todo encajaba en el tablero de ajedrez de la Guerra Fría, ese lugar donde la información valía más que las balas. “Estos niños, sin comerlo ni beberlo, están en medio del fuego cruzado”, resume la autora. Y no exagera. La CIA por un lado, el KGB por otro, y ellos en medio, intentando simplemente rehacer su vida.
Un regreso que fue una herida
El impacto emocional de ese viaje de retorno es, quizá, uno de los pilares más potentes de la historia. “Durante 20 años su esperanza y su anhelo era regresar a España”, explica Díaz Tapias. Y cuando por fin lo logran… se encuentran con la incomprensión. Con una sociedad impermeable y una dictadura que los mira con lupa. “A nivel gubernamental también tienen mucho miedo que se pueda volver a crear alguna célula comunista dentro de España”, cuenta la escritora salmantina.

Las mujeres lo sufrieron incluso más. Llegaban con carreras, con experiencia laboral, con un modelo de vida que chocaba frontalmente con la España ultraconservadora que las recibía. “Se ven acorraladas”, dice Díaz Tapias. Y muchas —demasiadas— tuvieron que tomar una decisión que les partió el alma: volver a la URSS. Más de la mitad regresó al país al que hacía años soñaban con no volver jamás.
Y ahí, otra vez, aparecía Oleg Nechiporenko, el exagente del KGB que seguía sus pasos. Porque si la CIA los había interrogado al llegar, el KGB quería saber qué había sucedido durante su estancia en España. Nadie se fiaba de nadie. Ni siquiera de ellos.
