Deporte urbano

Eisenhour, uno de los mayores expertos en skate del mundo desde los 80: "Tengo amigos que, con casi 70, siguen patinando cada día”

Mackenzie Eisenhour
Mackenzie Eisenhour, patinador y autor del libro '1.000 Skateboards' (Lunwerg). instagram @Mackenzie Eisenhour
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MadridEn los 80 no era fácil ser 'skater'. De esa época viene la famosa frase, 'Skateboarding is not a crime', con la que jóvenes de todo el mundo lucharon contra un estigma vinculado al vandalismo y defendieron su derecho a poder patinar en la calle.

Hoy en día, los prejuicios han quedado atrás y el 'skateboard' es incluso deporte olímpico. Y no solo es un deporte, sino un estilo de vida y una forma de arte. Queda patente en el libro ‘1.000 Skateboards’ (Lunwerg) de Mackenzie Einsehour (Bruselas, 1976), periodista que lleva más de 30 años escribiendo sobre el mundo del 'skateboard'. En él, el autor reflexiona sobre la creatividad de una cultura popular a partir de un millar de diseños diferentes de tablas, que reflejan la efervescencia artística en torno al mundo del 'skateboard'. Aprovechamos la excusa de la publicación del libro para charlar con Eisenhour sobre un deporte que va mucho más allá de una tabla y unas ruedas. 

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La portada del libro '1.000 skateboards' (Lunwerg)

¿Qué significó el skateboarding para tu generación en los años 80?

Cuando empecé, a patinar en 1986, el 'skate' estaba viviendo un gran auge. Muchos comenzamos porque era lo que hacían todos los chicos de nuestra edad, igual que pasaba con los videojuegos o cualquier otra novedad del momento. Pero hacia 1992 casi todos lo dejaron y solo unos pocos seguimos patinando. Mirándolo ahora, ese momento en el que el 'skate' parecía que iba a desaparecer fue el que más significado tuvo para mí. Aun así, pensar en los años 80 siempre me produce una sensación de nostalgia: fue una época increíble para crecer y estábamos inmersos en una cultura muy viva y en constante evolución.

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¿Cuándo dejó el state de ser una moda para convertirse en un estilo de vida y una forma de arte?

Ocurrió a principios de los 90. El 'skate' se convirtió en una cultura de nicho y solo continuaron quienes estaban realmente comprometidos con el arte, la música, las revistas y los vídeos. Que dejara de ser popular tuvo una ventaja: desaparecieron quienes se habían sumado solo por moda. Los que se quedaron eran auténticos apasionados, y eso generó una etapa muy creativa dentro del 'skate'.

Mackenzie Eisenhour, patinador y autor del libro '1.000 Skateboards' (Lunwerg)

¿Quiénes han sido algunos de los artistas más influyentes en el diseño de tablas?

El arte del 'skateboard' tiene su propia subcultura. En los años 80 destacaron artistas como Jim Phillips para la empresa Santa Cruz o Vernon Courtland Johnson para Powell Peralta. En los 90 surgieron nuevos estilos con figuras como Marc McKee en World Industries o Mike Hill en Alien Workshop. Pero como ocurre en cualquier disciplina artística, la lista de nombres puede variar según a quién le preguntes.

¿Cómo es seguir patinando cerca de los 50 años?

Ahora tengo 49 años y, si me mantengo en buena forma física, siento que aún puedo hacer todo lo que me proponga. Con los años he ganado mucha comprensión mental acerca del 'skate'. Llegará un momento en que el cuerpo cambie, pero estar calmado y centrado es más importante que la fuerza. El miedo es lo que realmente provoca lesiones. También dejé el alcohol hace 14 años, y eso ha sido una de las mejores decisiones para poder seguir patinando a buen nivel.

Mackenzie Eisenhour sigue patinando a diario a sus casi 50 años

¿Existe una edad límite para empezar?

Pienso que no. Lo maravilloso del 'skateboarding' es que necesitas muy poco: solo una tabla y una calle. Puedes empezar a cualquier edad y patinar al nivel con el que te sientas cómodo. El 'skater' Tony Alva, por ejemplo, tiene 68 años y sigue patinando cada día. Él dice que el secreto al envejecer es simplificar: dejar determinados trucos de lado para centrarse en movimientos más controlados y elegantes.

¿Tus hijos comparten tu pasión?

No especialmente. Han crecido rodeados de 'skateboards' y a veces venían conmigo al 'skatepark', pero nunca se obsesionaron como me pasó a mí. Lo que quizá ha pasado es que, como han visto a su padre patinar, para ellos ya no tiene ese componente rebelde que tenía para mi generación.

¿Cómo ha cambiado la cultura del skate desde los años 80?

Las diferencias son enormes. En los 80 la escena era mucho más pequeña y cohesionada. Había unas pocas grandes marcas y apenas unos treinta o cuarenta 'skaters' profesionales. No existía internet y para comprar una tabla tenías que ir a una tienda especializada, lo que formaba parte esencial de la cultura. Hoy hay cientos de profesionales y muchas más marcas. Además, desde principios de los 2000 grandes compañías deportivas como Nike o Adidas entraron en la industria y esto ha cambiado mucho el panorama.

¿Qué papel ha tenido el skate en la contracultura?

El 'skateboarding' ha influido enormemente en la cultura juvenil. En los 80 fue decisiva en que bandas de punk como Bad Brains, Dead Kennedys o Black Flag alcanzaran una audiencia más masiva. También fue clave en el nacimiento del streetwear. Incluso han tenido parte de culpa fenómenos televisivos como 'Jackass'.

Una de las espectaculares imágenes que incluye el libro '1.000 Skateboards'

¿Qué filosofía del skate puede aplicarse a la vida?

La idea más clara es que el 'skate' consiste en caerse y volver a levantarse. Los 'skaters' aprenden que cualquier cosa que valga la pena requiere tiempo, paciencia y muchas veces sangre, sudor y lágrimas. Esa mentalidad puede trasladarse a la vida cotidiana.

Después de décadas patinando, ¿hay alguna anécdota especial que recuerdes?

Hay muchas, pero recientemente viví una muy significativa. Cuando era estudiante en Niza, en los años 80, un compañero fue a un concurso en París y se hizo fotos con el 'skater' profesional Pierre-Andre Senizergues. En aquel momento, aquello nos pareció algo increíble. Treinta y ocho años después, ya viviendo en Los Ángeles como escritor, tuve la oportunidad de entrevistarlo. Descubrimos que ese mismo concurso había sido también decisivo para él, porque allí conoció a quienes le inspiraron a fundar sus propias marcas de zapatillas. Es una prueba más de cómo el 'skateboarding' crea conexiones inesperadas a lo largo del tiempo.