Abraham Cupeiro, recuperador de instrumentos de la Edad de Piedra y músico de Gladiator: “Me dedico al alma humana, que es la música”
El trompetista gallego, que ha colaborado en películas de Steven Spielberg o Ridley Scott, restaura o construye instrumentos ancestrales
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El cuerno apareció bajo un montón de muebles abandonados en medio del monte, a pocos kilómetros de Sarria (Lugo). Alguien había vaciado una casa y lo había tirado todo allí. Entre restos inservibles, un objeto había sobrevivido: un cuerno de pastor, perforado, preparado para sonar. Lo encontró un vecino; poco después acabó en manos de un joven que por entonces tenía 20 años: Abraham Cupeiro.
No era un instrumento cualquiera. Las marcas en los agujeros —suavizadas por el uso— indicaban que había sido tocado durante mucho tiempo. Las últimas referencias de algo parecido se sitúan hacia 1930. Antes de eso, un vacío. “Es un eslabón perdido en nuestra tradición”, señala Cupeiro. “Quedan muy poquitos instrumentos de estos y este es, con diferencia, el que mejor suena”. Ese hallazgo, en realidad, explica bastante bien todo lo que ha venido después.
Cupeiro (nacido en 1980) no procede de una familia de músicos, al menos no en el sentido convencional. En casa se escuchaba de todo —de Louis Armstrong a los coros del Ejército ruso—, pero no había una tradición académica detrás. Su entrada en la música fue la habitual: banda de pueblo, agrupación folclórica, primeros instrumentos. “Ahí aprendí a leer música”, dice.
Estudió trompeta en el conservatorio; en paralelo, aprendió a dominar la gaita. El salto importante llegó durante su formación. “En el último año de carrera construí una trompeta natural barroca con mis propias manos y a partir de ahí empecé a fabricar instrumentos”. Ese gesto cambia el eje: deja de ser solo intérprete y empieza a pensar en el instrumento como origen.
“Lo que ha hecho en mí todo este proceso —aclara— es activar el segundo cerebro del ser humano, que son las manos. Construir los instrumentos, aprender a tocarlos, hace que te enfoques en ellos y que vivas un poco hacia adentro”.
Mucho más que un músico
Abraham Cupeiro es, por tanto, músico, intérprete de instrumentos antiguos y, en virtud de esa labor constructora, artesano. No es casualidad: Cupeiro creció entre herramientas. “Mis abuelos, mi padre y mis tíos son calefactores, fontaneros. Nosotros nos metíamos en el taller con seis o siete años, con sierras, martillos… Es una suerte haberse criado así, porque aprendes destrezas”.
Esa base manual le permite moverse con naturalidad entre materiales, técnicas y reconstrucciones. “Para hacer un agujero en un hueso, un taladro es peor que un sílex, que no te resquebraja el hueso”, explica. El resultado es un universo propio. Instrumentos que van desde la Edad de Piedra hasta reconstrucciones medievales o barrocas.
Más de trescientos de esa índole atesora en su casa, cifra que ha puesto como límite. “No quiero tener más. Para mí los instrumentos han de sonar. Tengo un proyecto de construir un teatro y un museo en mi pueblo donde poder convivir con ellos”. Pero rechaza la etiqueta de coleccionista. “No, no, porque me dedico quizás al alma de los seres humanos, que es la música. Friqui es alguien que colecciona envoltorios de chicles antiguos. Yo necesito que los instrumentos suenen”.
Además de músico y artesano, Cupeiro es experto en historia de la música, la cual, para él, no es solo un lenguaje artístico, sino una herramienta de cohesión. “Cada tribu tenía sus canciones, sus instrumentos… Eso ha hecho que sobreviviésemos. Cuando haces música te comunicas con el lenguaje de las emociones”.
Lo interesante es que ese discurso, lejos de quedarse en un plano académico, conecta con públicos muy diversos. Utiliza las redes sociales como canal divulgador; en Instagram cuenta con más de 163.000 seguidores de todas las edades. “Muchos son adolescentes. Y yo al final estoy contando historia y música”, subraya.
El karnyx: atracción sobre el escenario
El escenario es donde todo eso toma forma. Hasta este 19 de abril ha estado presentando en directo por toda España su último disco, Loira. Su espectáculo gira en torno “a culturas que no salen en los libros de historia. No son reyes ni grandes artistas, son historias pequeñas que conforman lo que somos”. Antes de Loira, Cupeiro grabó otros álbumes, como Pangea (2020) o Mythos (2024), ambos en colaboración con la Royal Philarmonic Orchestra. Además, ha trabajado en las bandas sonoras de La vida en nuestro planeta (Steven Spielberg, 2023), Gladiator II (Ridley Scott, 2024) o María (D. J. Caruso, 2024).
Entre todos los instrumentos que alberga hay uno muy especial: el karnyx. Podría describirse como una trompeta larga, de tubo vertical, que culmina en una campana (o pabellón) en forma de cabeza de animal. Se empleaba en la Edad de Hierro celta (desde el año 300 a.C. al 500 d.C.) para alentar a las tropas en batalla. “Para mí es como el grito de un animal que pide auxilio. Los lamentos que se pueden generar con él hipnotizan al público”.
Pero ¿qué es más importante para Cupeiro, también compositor: que el público aprecie su música sin reparar en los instrumentos que toca o se centre en lo pintoresco y ancestrar de esas piezas? “Ver un instrumento es el 10%”, responde. “Escucharlo sonar completa todo esto. Pero lo más importante es la composición, el contexto sonoro. Creo que por eso conseguimos llenar teatros. La gente se queda enganchada a las melodías”.
Quizá por cuanto hay de tradición y leyenda en esos intrumentos, mucho de Galicia destila la música de Cupeiro. Nació en Sarria, desde donde muchos peregrinos comienzan el Camino de Santiago, experiencia que él, sin embargo, no ha vivido. “Galicia es tan bonita que no es necesario hacer el Camino de Santiago”, dice.
Experimentó, eso sí, la transformación del Camino por el acentuado auge de peregrinos tras el Xacobeo de 1993: se convirtió en un fenómeno masivo. “Recuerdo estar sentado con mi hermano en unas escaleras y ver llegar peregrinos como hordas, cuando antes veías dos o tres al año. Aquello cambió totalmente. Yo lo del turismo lo llevo fatal. Prefiero caminar que viajar. Conocer lo cercano. El turismo está arrasando muchas cosas”.
Escucha todo tipo de música (“pero no la del mainstream. Necesito tiempo para digerirla”), expresión artística de la que es difícil vivir, sobre todo tocando la trompeta o el karnyx. “Es un mundo muy exigente, pero si tienes vocación, debes seguirla. La música es muy poliédrica. Siempre tienes que reinventarte”. Al final, lo que define a Cupeiro no es tanto lo que hace como desde dónde lo hace. La idea de artesanía atraviesa todo su discurso. “Hay que hacer las cosas con cariño, con mucha artesanía. Darle vueltas. Lo efectista sin contenido, fuera”. En su caso, la música —la de ahora y la de hace miles de años— no es un espectáculo. Es una forma de estar.
