Ricardo Darín recuerda su humilde infancia en los 70: "Mis estudios secundarios no los terminé"
Darín habla sobre sus dos grandes arrepentimientos: dejar los estudios y no haber cuidado más su cuerpo
Ricardo Darín: "Ni en pedo pienso en jubilarme"
Hay actores que construyen su leyenda con lo que muestran en pantalla. Ricardo Darín prefiere hacerlo también con lo que confiesa fuera de ella. En una entrevista reciente con Somos de El Comercio de Perú, el actor argentino abrió una conversación íntima sobre más de 55 años de carrera repasando desde sus comienzos con papeles juveniles para televisión, hasta convertirse en una de las figuras más consistentes y reconocibles del cine en español, con más de 50 películas en su haber.
Pero lo que más ha circulado de esa entrevista no es su trayectoria de éxitos. Es lo que reconoce como sus dos grandes deudas pendientes consigo mismo.
El primer arrepentimiento: los estudios que no terminó
"La primera es no haber terminado mis estudios. Eso es algo que ya tengo grabado. Mis estudios universitarios, secundarios, no los terminé", dice Darín en el vídeo. Y la explicación que da no es la de alguien que busca excusas, sino la de quien traza con precisión el mapa de una infancia marcada por la necesidad.
"Yo empecé a trabajar desde muy chico y me absorbió toda la energía el trabajo en la actuación. No me quiero justificar, pero era muy joven. Tenía 12, 13, 14 años. Mis padres estaban separados y en mi casa hacía falta ayuda económica. Entonces me absorbió, tuve la suerte, es el término ambivalente, de que me invitaban mucho a trabajar."
Para ser conscientes de su historia, eso sí, conviene fijarse en las fechas más en detalle. Ricardo Alberto Darín nació en Buenos Aires el 16 de enero de 1957. Sus padres, que eran ambos actores, se separaron cuando Ricardo tenía doce años. Para entonces ya había debutado en el teatro junto a ellos. Eso significa que el niño que Ricardo describe, ese de 12, 13, 14 años que trabaja porque en casa "hacía falta ayuda económica", es el Darín de entre 1969 y 1971. Poco después comenzó su carrera en la industria cinematográfica, y con dieciséis años ya aparecía en los programas de televisión Alta Comedia y Estación Retiro.
Esta no es la historia de un niño prodigio que deslumbró a productores. Es la historia de un adolescente que trabajó porque tocaba trabajar. "Empecé a dejar los estudios. De eso estoy arrepentido", dice sin dramatismo.
El segundo arrepentimiento: el cuerpo descuidado
El segundo punto de su confesión tiene una dimensión diferente, más universal y más inmediata para quien lo escucha: "Estoy arrepentido de no haber cuidado más mi físico desde temprana edad. Algo a lo que los jóvenes no le dan mucha importancia de arranque. Y cuando llegas a mi edad te das cuenta de que sí, estás tarde para arrancar a cuidarte verdaderamente. A cuidar la máquina, a cuidar el estado físico."
Darín, que cumplió 69 años en enero de 2026, lo dice sin aspavientos. "Uno ve gente grande, gente mayor, algunos desastres. Y uno dice, ¿qué tipo de vida habrá tenido? Yo no llego a esos extremos, pero me parece que me tendría que haber preparado un poco más."
La carrera que construyó sin Hollywood
El contexto en que salen estas palabras importa. Darín rechazó hasta tres propuestas para actuar en Hollywood, construyendo igualmente una trayectoria sólida dentro y fuera de Argentina sin ceder ante esos caminos seductores. Entre sus reconocimientos figuran doce nominaciones al premio Cóndor de Plata, cuatro al Premio Goya (que ganó en 2015 como mejor actor), y la Concha de Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián por Truman (2015). En 2016 el Gobierno de España le concedió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
En 2025, interpretó a Juan Salvo en la serie de Netflix El Eternauta, adaptación de la famosa historieta argentina de Héctor Oesterheld y Francisco Solano López, que se convirtió en la serie de habla hispana más vista de la plataforma a nivel mundial.
Un hombre que ha rechazado Hollywood, que protagoniza la serie más vista del año en su idioma y que tiene en su haber cuatro películas nominadas al Óscar se permite el lujo de reconocer en público que le falta algo tan básico como el bachillerato. En ese gesto de honestidad sin adorno sobre lo que hizo casi hay más carácter que en cualquier papel que haya interpretado.
