HISTORIA

Mikel Herrán, arqueólogo, sobre cómo sería sobrevivir con 50 en la Edad Media: "Nos impactaría el olor"

Hablamos con él de su libro, 'Sobrevivir en el medievo'. Javier Ocaña
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Imagínate por un momento que te despiertas en la España del siglo XIII. Sin agua corriente, sin médico de cabecera y, por supuesto, sin coche eléctrico, sin microondas, sin móvil, sin Netflix… Lo primero que se te podría pasar por la cabeza es que no durarás ni una semana así. Lo segundo, que qué asco de época. Pues bien: probablemente estás equivocado en las dos cosas. O al menos, en parte.

Mikel Herrán es arqueólogo medievalista y acaba de publicar ‘Sobrevivir en el medievo’, un libro que va a reconciliar a más de uno con mil años de historia que el colegio convirtió en un suplicio. Hablar con él es como tener un amigo que sabe exactamente cuándo estás a punto de soltar un tópico sin la más mínima idea de si era o no cierto. 

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Para comenzar la charla le pregunto por él mismo. ¿Cuánto duraría Mikel Herrán en la Edad Media? La respuesta llega sin titubeos y con cierta resignación. "Probablemente tendría una diarrea del viajero inmediata, porque las bacterias y las enfermedades eran distintas a las actuales", analiza desde un punto de vista más científico y práctico que emocional. 

Y si sobreviviese a eso, lo tiene claro: "Me tendría que meter a monje. Tendría que recuperar mi latín del bachillerato", añade, ahora sí, desde lo personal. Eso sí, lo de vender sus conocimientos para prosperar, descartado: "Mucha gente dice: si viajas al pasado serías como un dios porque lo sabrías todo. No. Yo no sé cómo se hace la mayoría de las cosas que nos rodean. La gente que más sobreviviría sería la que tiene conocimientos artesanales".

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Lo primero que hay que entender es que la Edad Media tiene fama de ser lo que no es, y esa fama no es accidental. Tiene autor. "El término Edad Media viene de los siglos XV y XVI, cuando los autores del Renacimiento, fijándose en Roma como un período de esplendor, necesitaban referirse a esos mil años de en medio como el tiempo en el que se perdieron ciertos valores", explica Mikel. Unos valores, matiza, "principalmente estéticos: cómo pintar, cómo construir… ignorando deliberadamente el arte gótico y el románico".

Comparación con Roma

El resultado es que llevamos cinco siglos mirando la Edad Media con los ojos del Renacimiento. Y eso sesga: “Nadie llama periodo oscuro a la antigua Roma a pesar de que era una civilización donde la esclavitud era el sistema económico imperante. Pero la Edad Media, con sus catedrales y sus redes de apoyo comunitario, lleva siglos cargando el sambenito. Tiene una mala imagen no porque la vida fuese particularmente peor que en cualquier otro tiempo pasado, sino por el relato que se construyó después", comenta Mikel, no sin cierto tono de indignación.

Nadie llama periodo oscuro a la antigua Roma a pesar de que era una civilización donde la esclavitud era el sistema económico imperante

Dicho esto: tampoco era Disneylandia. Pongamos el ejemplo más básico: la esperanza de vida. Ese tópico tan extendido de que con 35 años ya eras un anciano y con 40 estabas con un pie en la tumba, Herrán lo desmonta de principio a fin: "Es una mala lectura de los estudios. La esperanza de vida al nacer era de 35 años, pero eso quiere decir simplemente que cuando nacías tenías muy pocas posibilidades de sobrevivir, porque una simple cuestión de hacer la media, una media que incluía una mortalidad infantil brutal. Una vez superabas el año, esa esperanza de vida aumentaba exponencialmente. A partir de los seis o siete años, tu esperanza de vida ya era de 60".

Y había gente que llegaba mucho más lejos. "Tenemos muchos testimonios, sobre todo de mujeres, que llegaban a los 70 u 80 años. Eran muy valoradas por su sabiduría: se les convocaba para juicios, para testificar, porque se consideraba que sabían más", apunta Mikel

Así pues, en la Edad Media no sólo se podía llegar a los 60 o los 70, sino que además la experiencia tenía un valor social que hoy, en cierto modo, hemos perdido. Eras mayor, sí. Pero no eras invisible.

¿Y cómo era concretamente tener cincuenta años entonces? Herrán lo dibuja con precisión. “El 90% de la población trabajaba en el campo, así que partimos de ahí. Tenían un cuerpo mucho más castigado por la artrosis y la artritis a edades mucho más tempranas y se dedicaban a trabajos más de mantenimiento: arreglando aperos, arreglando vallas. Contribuían a la subsistencia de la familia, pero ya no con la misma intensidad física", desgrana Herrán, que puntualiza también: “La faena más dura era para los hijos”.

Con ese panorama, resulta curioso averiguar que los que peor aguantaban el paso de los años no eran los campesinos sino los nobles. "Muchos estaban gotosos, aquejados de distintas dolencias. Proporcionalmente, encontramos muchos campesinos que llegaban a edades avanzadas. Los nobles muchas veces, a lo mejor por dedicarse a la guerra o por la dieta que tenían, a los 50 estaban muy deteriorados", explica.

Muchos estaban gotosos, aquejados de distintas dolencias. Proporcionalmente, encontramos muchos campesinos que llegaban a edades avanzadas

Pero volvamos al campesino con más de 50 años a sus espaldas. A pesar del cuerpo castigado, algo importante cambiaba a esa edad. "Ahí empieza a valorarse tu sabiduría, tu conocimiento. Se te empieza a exigir un poco menos que cuides a los otros y más que te cuiden a ti. Muchos se ponían a cargo de los vecinos: les dejaban en herencia sus cosas y a cambio el vecino los cuidaba hasta que morían", narra Mikel, que aprovecha el tema para explicarnos un fenómeno propio de aquella época: “Ahí surgieron las cofradías urbanas, que eran redes de apoyo mutuo que funcionaban como bolsas de trabajo: cuando ya estás en tu vejez, van a cuidar de ti como tú has cuidado de ellos".

¿Y la higiene?

No había Seguridad Social. Pero había algo. Y ese algo dependía de que te hubieses portado bien con los tuyos. Desmontado el tópico de la edad, pasemos al de la higiene: ¿olían mal en la Edad Media? ¿Eran tan guarros como nos han contado?

Herrán lo concede… a medias. "Si viajamos a la Edad Media nos impactaría el olor, no tanto porque no se lavasen sino porque los productos eran distintos. Había baños públicos. Una cultura del baño que arrancó en el siglo XII y alcanzó su auge en el XIII: los baños como espacio de socialización, como negocio, como infraestructura urbana reconocida y que, por cierto, recaudaban mucho dinero". 

Si viajamos a la Edad Media nos impactaría el olor, no tanto porque no se lavasen sino porque los productos eran distintos

Cierto es que, como explica Mikel, con el paso de los años lo de los baños “fue decayendo, empujado por discursos religiosos y médicos que empezaron a ver en el baño colectivo un foco de pecado y de enfermedad”. Pero mientras duró, era la norma.

En casa, sin grifo y sin ducha, la solución era el paño húmedo y los productos de limpieza disponibles. "Había muchas formas de lavarse, aunque es verdad que muchos eran muy dados a usar distintos productos para camuflar el olor", comenta.

Lo que sí le habría resultado incomprensible al hombre del medievo, dice Herrán con una sonrisa, es vernos ducharnos cada día igual que a nosotros nos escandalizaría verles escupir en la calle constantemente sin que nadie torciese el gesto. 

Situémonos ahora en el mapa. ¿Dónde se vivía mejor en la España medieval? Herrán va por partes: “La mayoría de la gente no tenía esa pregunta en la cabeza porque no podía planteársela: vivías y trabajabas donde habías nacido. Pero las ciudades que atraían, las que concentraban oportunidades, existían. Córdoba pasó de unos 20.000 a unos 100.000 habitantes en apenas cien años, porque mucha gente de los alrededores iba allí. Cuando el califato se disgregó y surgieron las taifas, Toledo y Zaragoza también vivieron su propio boom. Y en los reinos cristianos, con una corte itinerante que no fijaba capital, fueron las ciudades comerciales costeras -Barcelona y Valencia sobre todo- las que tiraron del carro".

Convivencia de culturas

Y en ese mapa convivían —o más bien coexistían— tres culturas que compartían la península con más tensión de lo que el tópico de la convivencia idílica sugiere: "No es una convivencia perfecta. Hablamos de pogromos, de ataques a juderías, de violencia entre judíos, musulmanes y cristianos… Eso por un lado. Pero, por otro, las fronteras culturales eran mucho más porosas de lo que las leyes pretendían. Los mozárabes —cristianos bajo dominio musulmán— hablaban árabe y tenían ritos propios. Cuando un clérigo del norte de Europa bajaba a Córdoba y hablaba con el obispo local, se quedaba de piedra cuando veía que el obispo de Córdoba no comía cerdo y se había hecho la circuncisión". 

La Edad Media, comprobado está -y si no, lean el libro-, no era mejor ni peor. Era distinta en las soluciones y sorprendentemente parecida en los problemas. "Las preocupaciones cotidianas del día a día —cómo llegar a fin de mes, cómo cuidar de los tuyos— son preocupaciones universales que van más allá de épocas. La respuesta que se les da en función de las técnicas y las creencias que tenemos es distinta, pero las preguntas son las mismas", reflexiona Mikel, que también tiene claro que queda mucho por descubrir de ese periodo.

Las preocupaciones cotidianas del día a día —cómo llegar a fin de mes, cómo cuidar de los tuyos— son preocupaciones universales que van más allá de épocas

"Sabemos mucho de algunos perfiles: la nobleza, los hombres, la guerra. Pero hay otros aspectos que abarcan a la mayoría de la población —las mujeres, los niños, la vejez— que no han sido tan estudiados", zanja.

Queda mucho medievo por descubrir. Y mientras tanto, Herrán seguirá contándolo con maquillaje puesto y las fuentes bien a la vista. Que cada cual saque sus conclusiones.