Música

Marta San Miguel recupera al músico Enrique Granados: "Murió por amor en mitad del mar"

Marta San Miguel. Asteroide
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La historia siempre deja relatos que parecen escritas para que alguien, tarde o temprano, las convierta en literatura. El de Enrique Granados es uno de ellos. El compositor que puso música a ‘Goyescas’, el pianista que conquistó Nueva York, el hombre que terminó muriendo abrazado a su mujer en mitad del mar después de lanzarse al agua sin saber nadar. Una vida atravesada por la belleza, el azar y una tragedia tan cinematográfica que cuesta creer que sucediera de verdad.

La escritora y periodista Marta San Miguel llevaba esa historia dentro desde pequeña. Ahora la convierte en novela en ‘Última escala’ (Asteroide), un libro que no pretende funcionar como una biografía sino como una inmersión emocional en la figura de Enrique Granados. Una búsqueda de quién era el artista, el hombre y el marido. Un tridente que le fascinó desde niña.

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“Descubrí su historia siendo muy pequeña”, recuerda San Miguel. “En casa se escuchaba muchísima música clásica y un día empezó a sonar una música distinta. Similar al resto, pero distinta. Me levanté, busqué la carátula del CD y vi que el autor era Enrique Granados. Yo no había escuchado nunca hablar de él”.

Lo siguiente que encontró fue el relato de su muerte. “Leí que el barco en el que viajaba había sido torpedeado y que, aparentemente, su mujer cayó al agua. Él no sabía nadar, tenía pánico al mar desde pequeño, y aun así se lanzó para intentar salvarla”. Ahí empezó todo. “Se me quedó instalada una curiosidad por comprender quién era el hombre que tuvo ese gesto final”.

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Un relato en dos tiempos

Ahora, ya como adulta y con una carrera consagrada como periodista y escritora, durante tres años, San Miguel se encerró con Granados, sus diarios, sus cartas y la Barcelona modernista que habitó. Una ciudad y una vida que no siempre le puso las cosas fáciles.

“A Granados todo lo que le rodeaba se lo ponía dificilísimo”, explica. “Tenía muy mala suerte en los momentos clave. Por ejemplo, cuando tiene que hacer las pruebas de acceso para el Conservatorio de París, cae gravemente enfermo, hasta el punto de que casi muere. Le pasan muchas cosas y aún así, sale adelante”.

Esa tenacidad es la que da origen al libro, según explica la autora: “Por su contexto familiar no estaba llamado a ser una gran figura de la música. De hecho, por su forma de ser tan sensible y tan abierto a todo lo que le rodeaba su familia pensaba que era medio bobo. Me sorprende cómo, a pesar de todas las dificultades que se fue encontrando a lo largo de su vida, salió el genio musical que era”.

La novela se mueve constantemente entre dos tiempos. El de aquella Barcelona modernista de finales del XIX y principios del XX, luminosa y efervescente, y el presente, donde la memoria de Granados parece diluirse entre el ruido contemporáneo. San Miguel pasó casi dos años documentándose para reconstruir ese universo sin convertirlo en una postal.

Ese trabajo tenía un objetivo muy concreto: que el contexto respirara. “Para conocer a un personaje tienes que conocer el mundo en el que vivió”, dice. Detrás del genio musical, además, había un hombre obligado a sobrevivir, acuciado por las deudas. “Durante toda su vida hizo de todo para sacar adelante a su familia”.

Quizá por eso ‘Última escala’ acaba funcionando también como una reflexión sobre el éxito y sobre la forma en que medimos las vidas ajenas. Granados alcanzó el reconocimiento internacional justo antes de morir. Estrenó ‘Goyescas’ en el Metropolitan de Nueva York, tocó en la Casa Blanca y, cuando parecía que por fin había encontrado un lugar desde el que vivir únicamente de la música, llegó el naufragio.

“¿Qué es realmente el éxito?”, se pregunta San Miguel. “¿Estrenar una ópera en el Metropolitan o conseguir por fin quitarte las deudas y poder vivir de la música? La respuesta la tiene que dar cada lector”.

El amor como telón de fondo trágico

La novela arranca precisamente con la muerte de Granados. El lector sabe desde la primera página cuál es el final. “Lo interesante de conocer el final es tratar de comprender todas las pequeñas decisiones previas que llevaron hasta él”, explica la autora.

Y ahí aparece también la historia de amor con su mujer, Amparo Gal. Una relación atravesada por la tragedia, pero construida desde la contención y desde el respeto por el personaje real. “He intentado no interferir”, dice San Miguel. “No quería conducir a Granados ni decirle al lector cómo debía interpretarlo. Quería que fuera él mismo quien, a través de sus actos y de sus palabras, construyera esa legitimidad para que luego resulte creíble que se lance al agua”.

Para ello se apoyó sobre todo en los documentos reales del compositor. Cartas, diarios, testimonios. “Había veces en las que me enfadaba mientras escribía. Pensaba: ‘No hagas eso, que vas hacia ese final’. Pero lo más honesto cuando trabajas con alguien que existió de verdad es dejar que hable él”.

Y Granados hablaba mucho del mar. “En sus cartas decía cosas como: ‘No voy a volver de este viaje’ o ‘tarde o temprano el mar acabará conmigo’. Es impresionante leer eso sabiendo lo que ocurrió después”.

En sus cartas decía cosas como: ‘No voy a volver de este viaje’ o ‘tarde o temprano el mar acabará conmigo’. Es impresionante leer eso sabiendo lo que ocurrió después

La muerte de Granados tiene algo inevitablemente novelesco. La ópera debía estrenarse en París, pero la Primera Guerra Mundial obligó a cancelar los planes. El compositor tenía que haber abandonado Nueva York días antes en un barco con bandera española, que era país neutral, y acabó embarcando en el Sussex, el ferry francés torpedeado en el Canal de la Mancha en 1916. “Son demasiadas coincidencias juntas”, reflexiona San Miguel.

Empeñados en bajar el volumen

Pero ‘Última escala’ no es únicamente una novela sobre la muerte ni sobre el destino. También es un libro sobre la memoria cultural. “Espero que la novela encienda una luz sobre nuestra propia memoria”, dice la autora. “Somos un país riquísimo musicalmente, pero nos hemos empeñado en bajar nuestro propio volumen”.

La novela busca acercar la música clásica a lectores que jamás se han sentado frente a una partitura. San Miguel reconoce que una de las cosas que más miedo le daba era precisamente escribir sobre música sin tener formación académica. “Pensé que no tenía autoridad para hacerlo porque nunca estudié piano ni solfeo más allá de cuatro nociones básicas”, cuenta. “Pero luego entendí que eso era una trampa. La música no pertenece solo a quien sabe tocar un instrumento”.

San Miguel no sabe muy bien cómo responder cuando le preguntas sobre la reacción que espera en los lectores: “Menuda pregunta. Lo que me gustaría es que los lectores escucharan a Granados después de cerrar el libro”, dice. “Que su música les emocione, les conmueva, les enfade o incluso les aburra. Pero que les haga sentir algo”.

Ahí esté la verdadera victoria de esta novela: no solo en rescatar la figura de Enrique Granados, sino en devolverlo al presente. Conseguir que, más de un siglo después de aquel naufragio, alguien vuelva a escuchar una pieza suya y sienta exactamente lo mismo que sintió aquella niña un día cualquiera al abrir la caja de un CD.