Rocío Jurado, 20 años de su muerte: “Antes de ella no se tenía en cuenta el deseo sexual de la mujer”
'Rocío Jurado. La voz que nos hizo sentir libres", obra colectiva coordinada por Carlos Barea, examina el mito desde distintos ángulos
Rocío Jurado, la folclórica que se convirtió en la 'rock star' de toda una generación
Estudios de Prado del Rey. Abril de 1974. Rocío Jurado está grabando un especial musical para el que elige ponerse un vestido espectacular, de gasa transparente y con un escote de infarto que desafía los límites de la época. Al verla aparecer así, un directivo de TVE, escandalizado, ordena detener la grabación: "Rocío, por favor, ve a cambiarte. Con ese escote no puedes salir. Se te ve casi todo". La chipionera mira al directivo, se mira a sí misma y le suelta: "Mire usted, lo que Dios me ha dado, el público se lo merece". Acto seguido se da la vuelta y empieza a cantar.
La anécdota, que terminó costándole el puesto a un ministro de Franco, ilustra muy bien por qué María del Rocío Trinidad Mohedano Jurado ocupa un lugar irrepetible en la historia cultural española. Más allá de modernizar la copla y de su prodigiosa voz de tesitura infinita, la Jurado se convirtió en un modelo de libertad, modernidad y empoderamiento en una España que despertaba de la dictadura.
Con una presencia escénica arrolladora y un magnetismo teatral único, 'La Más Grande' desafió los códigos de la época cantando al deseo femenino, la independencia y la ruptura del tabú sexual en canciones que hoy son auténticos himnos.
Que su figura dejó una huella imborrable en el ADN emocional de todo un país lo demuestra que 20 años después de su muerte seguimos recordándola. Lo hace 'La más grande', la nueva serie documental sobre su vida en Movistar Plus, pero también libros como 'Rocío Jurado. La voz que nos hizo sentir libres' (Dos Bigotes), obra colectiva que revisa el mito desde distintos ángulos (la cantante, la actriz, la musa de la prensa rosa, el referente queer...) bajo la coordinación del escritor, editor y activista cultural Carlos Barea, con quien hemos podido charlar sobre un icono pop irrepetible.
La trayectoria de Rocío Jurado atravesó la dictadura, la Transición y la consolidación democrática. ¿Hasta qué punto su carrera es también un reflejo de la evolución de la sociedad española?
Rocío Jurado y España fueron de la mano en muchos aspectos. Rocío evolucionó del flamenco y la copla a la canción ligera mientras que España lo hizo de una cruel dictadura a una transición que comenzaba a abrirse a las libertades. En ese sentido, si atendemos a la carrera de la Jurado y a la evolución de España, nos daremos cuenta de que constantemente se han influenciado la una a la otra para, entre las dos, construir una España más libre.
La Jurado fue capaz de conectar con públicos muy distintos, desde las amas de casa hasta las élites culturales. ¿Qué crees que explica esa transversalidad?
Su caso era parecido al de otras artistas eternas como Lola Flores que sabían perfectamente moverse en todos los ámbitos, desde los ambientes más selectos hasta las masas populares. Y esto era así, precisamente, porque ellas habían venido de los lugares más modestos —Rocío era hija de un zapatero— y había conocido el hambre y la falta de recursos. Pero, al mismo tiempo, su talento y sofisticación, le permitieron medrar y frecuentar ambientes que nunca hubieran imaginado que tendrían a su alcance. Así pues, cuando Rocío se dirigía a alguien, conectaba enseguida. Más que nada, porque muy probablemente había pertenecido, en algún momento, a ese mundo.
España estaba saturada de talentos que cantaban canción española y copla de bata de cola y peina y ella sabía que tenía que hacer algo para diferenciarse. Así que se quitó la bata de cola, se soltó el pelo y se puso vestidos más atrevidos
¿Cómo logró construir una imagen moderna sin romper del todo con la tradición de la canción española?
Pues, sobre todo, a través de su imagen. Ella se dio cuenta de que la imagen de la folclórica había que renovarla. España estaba saturada de talentos que cantaban canción española y copla de bata de cola y peina y ella sabía que tenía que hacer algo para diferenciarse. Así que se quitó la bata de cola, se soltó el pelo y se puso vestidos más atrevidos. Luego ya, a partir de ahí, la evolución fue natural: se rodeó de un equipo artístico que la ayudó a crecer. Entre ellos, Manuel Alejandro, que le hizo unas letras bastante atrevidas y rompedoras.
Cuando hablamos de las grandes voces españolas, inevitablemente aparecen nombres como Concha Piquer, Imperio Argentina, Lola Flores e Isabel Pantoja. ¿Realmente Rocío Jurado fue “la más grande”?
Ella tiene ese sobrenombre porque le pusieron en América Latina, pero le daba mucho apuro que la llamaran así. Es cierto que su voz era una de las grandes herramientas que tenía para dejar al público mudo. No en vano, de joven fue apodada la Niña de los Premios porque ganaba todo certamen al que se presentaba. Para mí, y para muchos, Rocío Jurado es el ejemplo más completo de artista, ya que tenía una gran voz, fuerte presencia escénica, carisma, inteligencia y sentido del humor. Si eso no es ser La Más Grande, que venga Dios y lo vea.
Técnicamente, ¿qué hacía tan especial su voz frente a otras intérpretes de su generación?
Tan solo hay que escucharla cantar en directo. Ella tenía una voz prodigiosa y llegaba a unos tonos que algunas compañeras no podían ni imaginar. Decía Manuel Alejandro que Rocío hubiera podido ser como María Callas si se hubiera educado aún más la voz.
¿Qué heredó de las grandes tonadilleras y qué aportó de nuevo? ¿Existe hoy alguna cantante que pueda considerarse su heredera?
De las antiguas heredó el divismo, la sobreactuación, la disciplina y el trabajo duro, mientras que sus aportaciones fueron una estética mucho más atrevida y sensual y el tratamiento de unos temas que todavía no se habían abordado, entre los que destaca un empoderamiento (mucho antes de que existiera ese término) de la mujer a través de las letras de las canciones y declaraciones públicas.
Su imagen escénica era exuberante, llena de brillo y teatralidad. ¿Cómo influyó esa estética en la creación de su mito?
Su imagen es otro elemento más que contribuye a que la denominemos La Más Grande. Algunas artistas que no son capaces de proyectar esa imagen tan teatral, tan de personaje que no interpreta las canciones, sino que las vive. Al mismo tiempo, se notaba claramente el control sobre todo el proceso, ya que ella misma se diseñaba sus trajes, que luego le confeccionaban. Rocío Jurado era un pack completo de voz, estilo y presencia escénica.
Su vida sentimental ocupó muchas portadas. ¿En qué momento Rocío Jurado dejó de ser solo una cantante para convertirse en un personaje de la crónica social?
En el momento en que se hizo famosa, la prensa ya la convirtió en objetivo de sus portadas. Lo mismo te contaba sus compromisos, que te abría las puertas de su casa, que hablaba de sus idilios. Y este es también uno de los grandes secretos del éxito de Rocío, puesto que supo relacionarse muy bien con la prensa para convertirla en otra herramienta para construir su mito.
Es cierto que, en los últimos años, con la llegada de un periodismo del corazón más agresivo, hubo algunos momentos tensos con la prensa (su más que conocido “no vengo más nunca al AVE”), pero, por norma general, ella sabía gestionar muy bien los medios y darle lo justo y necesario para tener el control de su imagen.
¿Qué episodio de su biografía consideras más malinterpretado por la prensa del corazón?
Llegó un momento, justo después de la irrupción de las televisiones privadas en España, que la prensa comenzó a transformase. Esa relación de respeto mutua con la prensa que llevaba cultivando décadas comenzó a dar signos de cambio. Esa época de cambio periodístico coincidió con el inicio de su relación con Ortega Cano, un idilio que fue objetivo de muchas rumores, murmuraciones y críticas cada vez menos veladas. También fue bastante espinoso todo lo que tuvo que ver con el divorcio de su hija Rocío Carrasco del ex guardia civil Antonio Flores. Ahí cruzamos bastantes líneas rojas.
La familia Jurado se ha convertido casi en una saga televisiva. ¿Crees que ella le habría divertido el interés que sigue despertando su universo familiar o le habría incomodado?
Creo que sería justo al revés. Rocío Jurado estaría muy apenada al ver la forma en que su familia ha quedado desmembrada tras su muerte. Ya no solo por la evidente carga emocional que ello supone, sino también por la forma en que los trapos sucios se han aireado de forma pública. Esto, además, demuestra que Rocío era el pegamento de esa familia y su marcha provocó que las numerosas trifulcas opacaran lo verdaderamente importante de su figura: el reconocimiento artístico de una de las artistas españolas más importantes del siglo XX.
Rocío entendió antes que nadie que el feminismo era una forma de alcanzar la igualdad de obligaciones y derechos entre el hombre y la mujer y, por tanto, una herramienta para romper tantísimos techos de cristal
Mucho antes de que se hablara de empoderamiento femenino, Rocío proyectaba una imagen de mujer económicamente independiente y dueña de su destino. ¿Fue un referente feminista sin proponérselo?
Yo diría que lo hizo de forma plenamente consciente. Ella decía de forma abierta y sin pelos en la lengua que era feminista. Luego añadía que no era detractora del hombre, ya que en aquellos años se interpretaba el feminismo como una suerte de guerra abierta contra el hombre. No obstante, Rocío entendió antes que nadie que el feminismo era una forma de alcanzar la igualdad de obligaciones y derechos entre el hombre y la mujer y, por tanto, una herramienta para romper tantísimos techos de cristal que les han impuesto a las mujeres a lo largo de la historia.
En sus canciones aparecen mujeres que aman, sufren, desean y deciden. ¿Qué lectura puede hacerse hoy de ese repertorio?
A día de hoy todavía sorprende la modernidad y la vigencia de ciertas canciones. 'Lo siento, mi amor' fue una canción en la que una mujer le reprocha a su marido que no le da lo que necesita, sexualmente hablando. Hasta entonces, el hombre era el único capaz de decir eso. Más que nada porque no se tenía en cuenta el deseo sexual de la mujer y, mucho menos, que el hombre tuviera que contribuir a su estimulación. También tiene otras canciones tan rupturistas como 'Amores a solas' en la que se cuenta una masturbación femenina.
¿Por qué su figura genera tanta identificación en el colectivo LGTBIQ+?
Primero, porque ella siempre apoyó de forma abierta y publica al colectivo. Y no solo lo hizo en el nuevo milenio con su famoso speech de “Yo soy progray”, sino que ya a finales de los setenta, en una entrevista con Mercedes Milá, dejaba muy claro su apoyo a "los mariquitas". Y luego, aparte de eso, también encuentra el gracias a su naturaleza de folclórica. El colectivo LGTIBQ+ siempre ha sentido una gran identificación con la tonadillera y se ha servido de su estética y su actitud sobre un escenario para sentirse representado por ella.
Han pasado dos décadas desde su fallecimiento y sigue muy presente en la conversación pública. ¿Qué explica esa vigencia?
Básicamente, porque tuvo un discurso, una propuesta artística y una presencia que se adelantó a su tiempo. Ahora subes una entrevista de ella a redes y se inunda de likes y compartidos porque sus intervenciones encajan perfectamente con los discursos y tendencias digitales actuales. Eso es algo que solo puede conseguir una diva y un mito inmortal como Rocío Jurado.
¿Crees que ha cambiado la forma de valorar su figura con el paso del tiempo?
Creo que tras su muerte hubo un periodo de cierto olvido, más que nada porque las trifulcas familiares ocupaban tanto espacio que se olvidaron de lo realmente importante. No obstante, ahora, veinte años después de su muerte, parece que se ha abierto una puerta al redescubrimiento de su figura como artista y un reconocimiento de todo lo que aportó al mundo de la música y el espectáculo. Y eso es, sobre todo, gracias a su hija Rocío Carrasco que se ha propuesto darle a su madre el lugar que se merece.
¿Qué tópico sobre ella habría que desterrar definitivamente?
A lo mejor no es un tópico como tal, pero me pone muy nervioso que siempre que se habla de Rocío Jurado, todo el mundo cante 'Como una ola'. De tanto escucharla, creo que hasta le he tomado manía a la canción, con lo bonita que es. Pero es verdad que el repertorio de Rocío Jurado es bien amplio y tiene canciones iguales o más buenas que 'Como una ola'. Pero nada, todo el mundo a por la misma.
¿Con qué tres canciones de ella te quedarías para entender quién fue Rocío Jurado?
'Lo siento, mi amor' por lo que supuso para la liberación de la mujer.
'Ese hombre' porque es el perfecto desahogo cuando se cruza un cabrón en tu vida. Un 'Rata de dos patas' a la española.
'Punto de partida' por lo que supone a nivel vocal y de profundidad interpretativa.
