Relajarse aprendiendo: los últimos documentales de han apasionado a Enrique Bunbury
Una lista que va de McCartney a Roca Rey, de Elvis a Cassavetes, de Billie Eilish a Sergio Algora
Bunbury mira de frente al tiempo en su nuevo disco: ”Cumplir años es un triunfo"
Bunbury ha cerrado su serie de recomendaciones culturales con una lista de documentales que tiene algo de autorretrato indirecto. No es una selección de estrenos estrictos ni una guía de consumo rápido, sino más bien un mapa de obsesiones. Música, literatura, tauromaquia, mitologías rotas, archivo rescatado, artistas que desaparecen del centro y regresan por un lateral. El mismo Bunbury lo deja claro, son obras que le han interesado “en los últimos meses” y que, sin ser necesariamente novedades, “merecen ser destacadas”.
La primera pista está en Man on the Run, de Morgan Neville. El documental sobre Paul McCartney se sitúa justo después de la ruptura de The Beatles y sigue la formación de Wings junto a Linda McCartney. Se presenta como una película construida con música inédita, material poco visto y acceso a archivos raros para contar una etapa de reinvención, vulnerabilidad y carrera en solitario. En una lista de Bunbury, ese punto interesa: no el mito en su cima, sino el artista obligado a decidir qué demonios se hace después de haber sido parte de algo gigantesco.
Ahí encaja también EPiC: Elvis Presley in Concert, de Baz Luhrmann. No es solo otro documento sobre Elvis. La página oficial lo define como una experiencia cinematográfica de Luhrmann. El proyecto se apoya en grabaciones de audio inéditas, metraje nunca visto y 59 horas de negativos encontrados en archivos subterráneos de Warner Bros. La película intenta que Elvis cuente su propia historia, no que otro vuelva a embalsamarlo.
El bloque musical se abre hacia dos extremos. Hit Me Hard and Soft: The Tour (Live in 3D), codirigida por Billie Eilish y James Cameron, pertenece al territorio del documental-concierto contemporáneo, al ser una pieza inmersiva en 3D sobre una gira agotada, con presión, adrenalina y conexión con el público, según la propia Paramount.
En el lado contrario, más doméstico y subterráneo, aparece Champán para todos, de Lola Lapaz. La ficha del tráiler lo identifica como un documental español de 2018, de 76 minutos, centrado en Sergio Algora, con música de El Niño Gusano, Muy Poca Gente y La Costa Brava. No es la estrella mundial, sino el músico de culto; no es la industria planetaria, sino la memoria sentimental del indie español.
La lista, sin embargo, no se queda en la música. Tardes de soledad, de Albert Serra, introduce la incomodidad. Esta película documental ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián 2024, se filmó a lo largo de tres años en plazas como Las Ventas y la Maestranza, siguiendo al torero Andrés Roca Rey desde que se viste hasta el momento final con el toro. Se la considera un retrato de la tauromaquia que muestra la liturgia previa y posterior a las corridas, pero también el sufrimiento del animal.
Esa tensión entre fascinación y desasosiego se repite de otra manera en Un hombre libre, de Laura Hojman. Surtsey Films resume el documental como una exploración de la vida y obra de Agustín Gómez Arcos, escritor español exiliado que triunfó en Francia en los años setenta mientras su nombre permanecía silenciado en España. La película, de 88 minutos, sitúa la memoria cultural en una zona incómoda, la de los autores a los que un país tarda demasiado en mirar de frente.
También hay cine sobre cine. A Constant Forge, de Charles Kiselyak, es una inmersión en John Cassavetes. Criterion lo describe como un viaje detallado por la carrera de uno de los grandes pioneros e iconoclastas del cine, construido con entrevistas, fotografías raras, archivo y palabras del propio director. La elección dialoga con una idea muy bunburiana: la independencia como temperamento, no como etiqueta promocional.
Nice Girls Don’t Stay for Breakfast, de Bruce Weber, añade el retrato de Robert Mitchum. Un documental, 2017 de una hora y veinte minutos que no necesita mucha más explicación. Pocas frases bastan para entender el atractivo: una figura clásica observada desde la cercanía, no desde la estatua.
Quedan Flannery, de Elizabeth Coffman y Mark Bosco, y The Moment, de Aidan Zamiri. El primero aborda a Flannery O’Connor con material de archivo, cartas personales, animaciones y testimonios de autores y artistas inspirados por ella. El segundo se sale del molde y su propia productora, A24, no lo define como documental, sino como la historia de una estrella pop en ascenso que navega fama, presión industrial y preparación de su debut en estadios. Que Bunbury lo incluya revela una lectura más amplia del género, donde también cuenta la verdad fabricada, la ficción con nervio de backstage y el espectáculo mirándose en su propio espejo.
La lista funciona porque no parece confeccionada por un algoritmo. No busca una coherencia cómoda. Va de McCartney a Roca Rey, de Elvis a Cassavetes, de Billie Eilish a Sergio Algora. Y en ese salto hay una intuición: los mejores documentales no solo informan de una vida. La siguen cuando empieza a torcerse.
