El emotivo discurso de la astronauta Christina Koch en los Premios Princesa de Asturias: "España, este reconocimiento es el segundo regalo que me haces"
La astronauta estadounidense de la NASA Christina Koch ha pronunciado un emotivo discurso en el Teatro Campoamor
Premios Princesa de Asturias 2026, en directo |
La astronauta estadounidense de la NASA Christina Koch ha protagonizado uno de los momentos más emotivos de la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias 2026 al recordar la videollamada que mantuvo con su marido mientras viajaba alrededor de la Luna con la misión Artemis II. A unos 400.000 kilómetros de la Tierra, con la Luna cada vez más pequeña al otro lado de la ventana de la nave Orión, Koch rompió a llorar al escuchar cómo su marido le contaba que la misión estaba logrando unir a personas de todo el mundo, al margen de sus diferencias políticas, educativas o económicas. "Me sequé las lágrimas y dije: 'Eso es lo que siempre quisimos'", ha relatado ante los asistentes al Teatro Campoamor de Oviedo.
Con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026, Koch ha querido compartir ese mensaje de unidad con el mundo y reclamar que no sea necesario viajar al espacio para recordar lo que une a la humanidad.
"Todos los seres humanos compartimos la misma esencia: la necesidad de sentir amor", ha afirmado antes de lanzar una petición que ha resumido el sentido de su discurso: "No esperen a la próxima misión a la Luna para darse cuenta de que sus semejantes son sus compañeros de tripulación". La astronauta ha defendido que la unión que despertó Artemis II debe trasladarse a la vida cotidiana, a cada encuentro y a cada calle.
El discurso íntegro de Christina Koch en los Premios Princesa de Asturias
Este ha sido el discurso íntegro. "Señoras y señores. Acepto humildemente este reconocimiento, con la promesa de encarnar los valores de integridad y unidad. Y lo acepto afirmando que este premio de la Concordia pertenece a todos. La primera vez que estuve en España, me vi llorando abiertamente en plena calle. Acababa de graduarme en la universidad y tenía el trabajo de mis sueños como ingeniera de la NASA. Era una aspirante a astronauta que había venido a visitar a su hermana mientras ella estudiaba en el extranjero, aquí en España".
"Me llamó la atención el titular de un periódico. El mensaje era claro, pero no lo podía creer: había perdido la vida la tripulación del transbordador Columbia, esos astronautas que eran mis héroes. Tenía la esperanza de que, de alguna manera, algo se hubiera perdido en la traducción del titular; de que si volvía a casa corriendo, los periódicos contarían una realidad diferente. Pero no fue así; viajar al espacio es un proyecto de toda la humanidad, y la noticia de la tragedia corría por las calles de todo el mundo. Nuestros embajadores de la Tierra, esos tripulantes de la nave espacial, habían hecho el sacrificio supremo y el mundo entero se puso de luto".
"10 años después recibí una llamada informándome de que podía formar parte de la tripulación de una nave espacial. Acepté ese privilegio plenamente consciente de su carácter universal. Aquel día, en la calle, me había dado cuenta de que mis héroes eran los héroes de todos, de que las repercusiones de los vuelos espaciales tripulados van mucho más allá de las fronteras del país que lanza el cohete. Cuando esas personas abandonan nuestro planeta, el mundo las lleva en sus corazones. Y eso conlleva una responsabilidad. Por eso, cuando mi tripulación del Artemis II se puso a definir sus valores fundamentales, se adoptó un lema que tenía sus raíces en lo que había aprendido: 'Una misión de todos y para todos'. Lo repetimos una y otra vez, lo incorporamos al logo de nuestra misión y en nuestras interacciones".
"13 años después, me encontré llorando de nuevo. Esta vez, estaba a unos 400.000 kilómetros de distancia y la Luna se hacía cada vez más pequeña a través de la ventana de la cápsula. Mi marido y yo estábamos en una videollamada con mala calidad de sonido. Él adoptó un tono serio que me indicó que era importante escucharlo a pesar del ruido que provocaban los ejercicios de Victor a un metro de distancia. Me dijo que algo estaba sucediendo 'aquí abajo', que la gente se estaba uniendo, sin importar de dónde procedía, sus ideas políticas, su educación o sus recursos económicos. Que estábamos marcando la diferencia. Escuché con incredulidad, me sequé las lágrimas y dije: 'Eso es lo que siempre quisimos'".
"Pero hoy quiero más. Quiero que el mundo entero acepte conmigo este premio. Por haber acogido esta misión en sus corazones y haber permitido que los uniese. Por creer que todos los seres humanos compartimos la misma esencia: la necesidad de sentir amor. De alguna manera, ese bote salvavidas azul eléctrico que flotaba de forma inverosímil, silenciosa, hipnótica, lo bastante pequeño como para esconderse detrás de un pulgar, la Tierra, permitió evolucionar a una especie capaz de elegirse mutuamente. Ustedes lo demostraron con su reacción ante una misión que acabó siendo un experimento humano".
"Pero hay otra interpretación. Y es que hizo falta enviar a personas alrededor de la Luna para que el mensaje resultara lo suficientemente convincente y que el amor triunfara. Así pues, esta es la misión de este premio. Háganlo todos los días. No esperen a la próxima misión a la Luna para darse cuenta de que sus semejantes son sus compañeros de tripulación. Artemis no tiene por qué ser una anomalía en un mundo que, por lo demás, es 'una locura'. Elijan el mundo en el que quieren vivir en cada interacción, en cada calle. Elijan vivir sabiendo que la verdadera plenitud está en dar, no en recibir. Confíen, sean agradecidos, muéstrense vulnerables".
"España, este reconocimiento es el segundo regalo que me haces, hoy aquí, en este regio escenario. El primero fue algo tan sencillo como preocuparse por los demás en el escenario más importante de todos: una calle cualquiera en nuestro planeta Tierra".
El jurado de la Fundación Princesa de Asturias ha premiado a Christina Koch por su trayectoria como astronauta de la NASA y sus hitos en la exploración espacial. En abril de 2026, se convirtió en la primera mujer en viajar alrededor de la Luna como tripulante de la misión Artemis II, que la llevó también a alcanzar la mayor distancia de la Tierra recorrida por una mujer. Koch cuenta, además, con el récord femenino de permanencia en el espacio en un único vuelo, con 328 días consecutivos en la Estación Espacial Internacional, y participó en 2019, junto a Jessica Meir, en el primer paseo espacial realizado exclusivamente por mujeres. Su carrera y su papel como referente para las nuevas generaciones de mujeres en la ciencia han sido claves para la concesión del galardón.
