Mi nieta quiere ser pilota

Eso me decía una de las fiscalas del Ministerio Público de Costa Rica, hace unas semanas en la capital del país. Disimulé mi cara de sorpresa: ¡¡Pilota!! Y le pregunté cuántos años tenía la niña. Tres, me contestó.Parece ser que desde temprana edad veía muy clara la denominación de su futuro trabajo. En su cabecita debió pensar: “si un hombre que maneja una nave es piloto, yo, pilota”.
Ahora bien, ¿qué pasaría si preguntáramos a nuestras jóvenes estudiantes qué desean ser en un futuro? Quizá alguna contestara que piloto, pero me atrevo a asegurar que no en femenino. Al pronunciar “pilota” se arriesgaba a la hilaridad del resto, al gesto raro: ¡qué mal suena! Me consta que muchas de las profesionales en ejercicio pertenecientes a sectores como la jurisprudencia, la ciencia y la técnica se definen como: fiscal, ingeniero, físico, arquitecto, juez.
Sí es cierto, que leemos en algunos titulares “jueza”, pero no deja de advertirse cierta renuencia a hacerlo de manera fluida. Parece, pues, que la tendencia, no va en el sentido de “pilota”. Y eso que la Fundéu acepta el término, mientras que la RAE prefiere la piloto. Sabemos por la normativa académica que el género gramatical no marcado es el masculino: “Los padres” engloba a padres y madres “los estudiantes” a alumnos y alumnas que asisten a nuestras aulas; ahora bien, leemos que la RAE, prefiere “El rey y la reina”. ¿Toda una declaración de intenciones? Y desde alguna comunidad se publica un documento que aconseja a sus funcionarios el término de “criaturas” y no el de “el niño y la niña”…¿estamos asistiendo a una feminización del lenguaje? Por lo que venimos diciendo hasta ahora no es así.
Reconocemos, no obstante, que algo está pasando: la realidad cambia, sufre modificaciones constantes que en algunas ocasiones recoge el idioma. Y eso está muy bien: la inquietud por la lengua, por su expresión y la comunicación.
Ahora bien, necesitamos tiempo, adaptación, acomodo y reflexión. Conviene profundizar en la intención del mensaje: no se puede vender humo. La lengua ha de estar anclada a la realidad y la realidad se ha de ver reflejada en la lengua. Acompasar el ritmo de una y otra, cuesta… Imaginemos nuestra asistencia a una conferencia, por ejemplo, en la que su protagonista nos saluda así: “Bienvenidos, bienvenidas, buenas tardes a todos y todas, amigos y amigas, queridos y queridas asistentes y asistentas…” y así ad infinitum. Sospecho que el auditorio se incomodaría en sus sillas y se preguntaría: “¿hasta cuándo?” “¿Va a seguir mucho rato?”.
Quizá a alguno se le ocurra acudir en auxilio de la @ o de la x o de la e… Les diré que lo hice en una ocasión; iniciar una charla intentando leer y pronunciar, incluso teatralizar dichos …¿signos? ¿Qué pasó?
Les prometo la respuesta…en otra ocasión.
Claro, que si además nos piden la redacción de un artículo, la duda es acuciante hasta cierto punto: somos conocedores de la importancia del cómputo de las palabras y de la extensión de las líneas para tal publicación.
Parece pues, que no resulta tan negativo el criterio de la economía (espacio- temporal) para seguir empleando el género masculino (no marcado gramaticalmente). Avancemos un poco más en nuestras reflexiones: conforme la mujer se incorpora a nuevos trabajos desempeñados tradicionalmente por hombres, el idioma ha de incorporar esas nuevas palabras que las definen: sumillera, crupiera, alfereza, caba…fruncimos el ceño, seguro y somos capaces hasta de pronunciar en alto a la vez que leemos estas líneas para escucharnos. Lo ocasional y lo esporádico –nunca marginal- deben dar paso a lo habitual; hay que atender las nuevas corrientes sociales, escuchar y prestar oídos a lo distinto. No desterrarlo de buenas a primeras.
A vueltas con el femenino…quienes nos dedicamos a la enseñanza del español a extranjeros, temblamos en la lección dedicada al vocabulario de animales. A todos nos vienen imágenes de tiburón, ballena, zorro, vaca, perro…¡¡cuántas connotaciones!!…negativas, por supuesto, siempre que se dirigen a la mujer…Aquí lo dejo.
Igual que hoy con alguna “tipa”, “individua” o “elementa”... El escandaloso “miembra” de hace años nos parece una ingenuidad. En efecto: hay que apoyar, sin cortapisas, la diversidad, la visualización, la
empatía…con sentido común y sin llegar al absurdo, ni a lo rocambolesco. No podemos permitir que la carcasa confunda, destruya y distorsione el mensaje; abomino del lema que algunos cargos públicos lucen: “si no puedes convencerlos, confúndelos”. No somos ni ignorantos ni
ignorantas… La palabra es puente entre personas, la palabra acerca, acompaña, atrae y seduce…
Por cierto, mientras escribo estas líneas, mi corrector no deja de subrayarme en rojo una gran cantidad de vocablos empleados en lo que están leyendo.