La oro olímpica de hockey que tocó fondo y ahora ayuda a otros a resurgir: "El fracaso conecta más que el éxito"

Maribel Martínez de Murguía ganó el primer oro olímpico por equipos de la historia del deporte español en Barcelona 92 y ahora acaba de publicar 'Los 4 juegos'
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Hay una pregunta que Maribel Martínez de Murguía lleva años haciendo en conferencias, talleres y sesiones de coaching con directivos de media España, y que ahora traslada al papel en 'Los 4 juegos'. Es simple y, precisamente por eso, difícil de responder con honestidad: ¿a qué estás jugando? No en el trabajo, no en el deporte. En tu vida. Las opciones son claras: no jugar, sólo jugar, jugar para no perder o jugar para ganar.
Porque ella, que ganó un oro olímpico con 24 años y se quedó fuera de los siguientes Juegos a un mes de la competición, sabe mejor que nadie que no siempre se juega o se puede jugar para ganar. Y que cuando no se hace, se sufre: "Solo me he sentido realmente bien cuando he jugado para ganar", dice sin rodeos. "He tenido momentos muy complicados en mi vida, como todo hijo de vecino, donde he estado jugando desde el miedo, desde la resignación, desde la impotencia. Y ahí he sufrido. Siempre he sufrido."
La historia de Maribel arranca en Madrid, en el Centro de Alto Rendimiento, cuando Barcelona acaba de ganar la candidatura olímpica. El seleccionador reúne a las treinta jugadoras de hockey con más talento del país. Maribel tiene 18 años. El punto de partida es, en su propia palabra, "ridículo": el equipo nacional femenino de hockey hierba es decimoquinto en el ranking mundial, nunca ha participado en unos Juegos Olímpicos y España cuenta con apenas 500 licencias federadas. Holanda, Gran Bretaña o Australia manejan 125.000.
"A lo mejor fue un poco locura", admite. "Pero es que nos parecía increíble poderlo hacer. Y ese camino se construyó sosteniendo algo muy importante: la fuerza del colectivo y el sueño bien vivo."

Es entonces cuando el seleccionador les propone 'el plan inhumano' como única alternativa para aspirar a una medalla. Concentración permanente en Terrassa durante seis años. Cambio radical de vida en todos los sentidos. "Teníamos que aprender a beber, a comer, a cuidarnos, a descansar. Éramos jugadoras de hockey, pero no éramos deportistas de alto rendimiento. No teníamos esa mentalidad, ni sabíamos qué era eso".
Y con una advertencia que el seleccionador deja caer sin anestesia desde el primer día: nada ni nadie les garantiza que, aun haciendo todo aquello, vayan a subir al podio. "Estás haciendo una apuesta en la que sin ella es posible que no puedas subir al podio, pero que aun haciéndola puedes quedarte fuera", explica.
Teníamos que aprender a beber, a comer, a cuidarnos, a descansar. Éramos jugadoras de hockey, pero no éramos deportistas de alto rendimiento
Maribel lo asume. Y renuncia a algo que no es menor. Su sueño real no era el hockey: era estudiar Medicina en la Complutense de Madrid. Le faltó una décima en selectividad. Podría haberlo intentado en Santiago de Compostela, donde el corte era inferior, pero allí no había hockey. "Renuncié a poder estudiar medicina porque sabía que era una carrera tremendamente exigente y que me hubiera sido muy complicado combinarla con el plan inhumano", comenta.
Eligió Pedagogía, que era más compatible con los viajes y los entrenamientos. Y los dos últimos años antes de Barcelona ya no estudió nada. Todo para el deporte. "Yo no cambio mi vida por ninguna de mis amigas ni por mis hermanos. Me he perdido cosas, sí, pero es que he ganado tantas otras", asegura sin titubear.
La portera suplente
Pero hay un detalle de la historia que conviene no pasar por alto, porque dice mucho de quién es esta mujer y de su fuerza mental para tomar decisiones. Y es que Maribel se sometió al plan inhumano sabiendo que era la portera ¡suplente! Seis años de plan inhumano, renuncia a la medicina, Navidades perdidas, veranos enteros en el Hotel Don Cándido de Terrassa… para que, casi siempre, jugara otra.
Cierto es que Mariví González, portera titular, había tenido el dedo gordo del pie roto durante gran parte de la preparación y hubo opciones para Maribel, pero la realidad fue la que fue. A ella le tocó el banquillo pese a que el seleccionador reconoció que llegaba "muy bien preparada".
"Es que está muy bien que optara por ella", dice Maribel, sin un gramo de rencor. "Si es que ella llevaba un histórico ayudándonos a que este equipo creciera durante muchos años. Era casi de justicia". Y añade algo que conecta directamente con el libro que acaba de publicar: "Yo sentía que, en la medida en que yo estuviera bien, ella también iba a querer estar bien. Esa era mi labor. Yo pertenecía a un equipo y era una pieza en ese equipo. No todo se hace siendo titular", apunta.

Esa capacidad de encontrar su lugar sin necesitar el protagonismo, es exactamente lo que en 'Los 4 juegos' define la mentalidad ganadora. Y ella, en aquella final, ya la tenía.
La echaron de casa
El problema vino después. Porque el oro de Barcelona trajo consigo algo que Maribel describe en el libro con una palabra muy precisa: autocomplacencia. El equipo había ganado, y ganar, mal gestionado, es uno de los venenos más eficaces que existen.
La preparación para Atlanta fue, según ella, un ejercicio colectivo de jugar desde el miedo. "Nos pusieron unas medidas antropométricas, de carrera continua, de salto vertical, que nos medían prácticamente todos los meses. Quien no las cumplía era apartada del equipo o le quitaban la beca. Ganábamos lo que serían hoy unos 1.100 euros al mes. Yo vivía de eso."
Nos pusieron unas medidas antropométricas, de carrera continua, de salto vertical, que nos medían prácticamente todos los meses y quien no las cumplía era apartada del equipo o le quitaban la beca
El foco cambió. Dejó de ser el hockey y pasó a ser sobrevivir a los controles. "Mi miedo era que me echaran. Ese miedo me acompañó durante los cuatro años de preparación para Atlanta. Estaba con miedo a no llegar a los parámetros, sobre todo en la parte de la grasa antropométrica. Fue un horror. Eso bajó mi rendimiento mucho. Yo no estaba disfrutando el hockey", recuerda. Exactamente lo contrario de lo que había vivido en Barcelona. Y exactamente lo que el libro llama jugar para no perder.
A un mes de los Juegos, el seleccionador le dijo que no contaba con ella. El golpe fue terrible: "Yo no había tenido ninguna pérdida importante en mi vida. Mis padres todavía viven, tienen 90 años los dos. No había perdido a ningún amigo. Esta fue la primera. Sentí que me habían echado de mi casa. Llevaba casi doce años en el equipo nacional, desde los 17", se sincera.
Al vacío, y sin saber inglés
De ahí, directamente, a hacer las maletas. Con casi 30 años, excluida de Atlanta y sintiéndose fuera de su casa, Maribel tomó una decisión drástica: se marchó a Holanda a jugar en el Laren HC, convirtiéndose en la primera deportista española de hockey hierba fichada como profesional en el extranjero. Sin saber inglés. Sin saber muy bien qué iba a encontrar. "Fue un poco un salto al vacío. A ver qué había. A descubrir con curiosidad qué me iba a ofrecer un país como Holanda en ese hockey, que es el número uno del mundo", reflexiona.
Lo que encontró fue, primero, un alivio. "Yo estaba totalmente fuera del entorno de España, que para mí estaba muy contaminado. Allí encontré un hockey que ya conocía como rival, pero no estando dentro. Fue una experiencia preciosa que me ayudó a entender que yo todavía tenía un potencial que ofrecer", asegura.
Pero Holanda fue también el lugar donde tuvo que mirarse de frente: "Toqué fondo. Tuve que resurgir de las cenizas. No solo te han echado de lo que entendías como tu casa: es que ya estás llegando al final de tu carrera deportiva".
Contar el fracaso
Es en ese punto de inflexión, tocando fondo en un país extranjero con el hockey más exigente del mundo de fondo, donde empieza a gestarse todo lo que viene después, una empresa fundada por Jorge Valdano, Andoni Zubizarreta y Juan Antonio Corbalán, le abre la puerta a las conferencias.
Y ella descubre algo que no esperaba: que contar el fracaso conecta más que contar el éxito. "Cuando cuento las dos historias, la de Barcelona y la de Atlanta, la gente conecta mucho más. La vulnerabilidad es un elemento de conexión brutal. Muchos deportistas dan conferencias, pero casi ninguno habla de estas partes más oscuras. Y a mí me encanta contar la parte del fracaso", explica.
La vulnerabilidad es un elemento de conexión brutal. Muchos deportistas dan conferencias, pero casi ninguno habla de estas partes más oscuras
Con el tiempo, esa experiencia que casi la destruye se convierte en el mejor argumento de su carrera: "Esa experiencia que fue tan dura, con el tiempo me ha parecido un regalo del cielo. Me agitó el avispero de mi vida. Me movió. Tuve que reinventarme".
Todo ese recorrido vital —el oro sin jugar la final, el fracaso de Atlanta, el salto al vacío holandés, los 26 años entrenando talento en empresas— es el material del que está hecho Los 4 juegos. La metáfora es sencilla y, precisamente por eso, difícil de esquivar: todos estamos jugando siempre. La pregunta no es si juegas. Es desde dónde.

El libro distingue cuatro mentalidades. El "no jugar", de quien se siente víctima y se resiste al cambio. El "sólo jugar", de quien se instala en la mediocridad cómoda. El "jugar para no perder", del superviviente que actúa desde el miedo. Y el "jugar para ganar", que no es la versión agresiva y sin escrúpulos que podría imaginarse, sino algo bastante más matizado y, en el fondo, más exigente.
"La mentalidad ganadora no tiene lado oscuro, si está bien entendida", aclara. "Siempre vas a estar conectado a tu bienestar y vas a saber regularte. Cuando empiezas a sentir mucha inquietud, estrés, aburrimiento, rabia o resignación, no estás en tu mentalidad ganadora. Si alguien está trabajando más horas de las debidas y cree que eso es ganar, si escarbas, vas a encontrar miedo. No es mentalidad ganadora: es jugar para no perder", asegura Maribel.
La mentalidad ganadora no tiene lado oscuro, si está bien entendida
Y aquí es donde entra el lector de cincuenta años, ese al que Maribel parece hablarle directamente en el libro. "A esa edad hay mucho autoengaño. Mucho, mucho, mucho. Te replanteas muchas cosas, tanto hombres como mujeres. Tienes edad para mirar para atrás y preguntarte qué estás haciendo con tu vida, pero todavía te quedan años para hacer cosas interesantes", apunta. Lejos de verlo como una crisis, Maribel lo encuadra como una oportunidad única: "Los 50 son la edad ideal para hacer este ejercicio, para dejar atrás los autoengaños y los automatismos. La mentalidad ganadora puede aparecer en ti con cierta facilidad. Ya no hay tanta responsabilidad de hijos. Todavía tienes energía. Es un momento interesante".
Ella misma confiesa, sin dramatismo, que ha pasado por los cuatro juegos. Que el plan inhumano de Terrassa la puso en mentalidad ganadora. Que Atlanta la metió de lleno en el jugar para no perder. Y que Holanda, tocando fondo, fue donde empezó a entender la diferencia.
Silovers
Quizá todo ese camino la ha llevado, además, a ser la cabeza visible de un proyecto en el que está volcada, el de los 'silovers'. Se trata de una plataforma que busca conectar a personas a través de historias inspiradoras. Para ello ha creado una web donde se puede acudir en busca de momentos vividos por gente que ha encontrado su mentalidad ganadora. Allí hay un banco de historias, donadas por personas tanto anónimas como conocidas, en las que apoyarse para lograr un mayor bienestar. "Una historia ganadora es una experiencia de tu vida de la que te sientes orgulloso". Así lo definen. Tan sencillo como eso.

