¿Está Pogacar a la altura de Merckx? La comparación ciclista que ya nadie puede evitar
El belga es el mejor ciclista de todos los tiempos, pero el esloveno que busca su quinto Tour de Francia ha abierto un debate que parecía impensable
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En el mundo del deporte hay axiomas que se mantienen como verdades casi sagradas para la mayoría de expertos y aficionados. Por ejemplo, que Michael Jordan es el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, que nunca habrá un deportista con el aura de Muhammad Ali, que Rafa Nadal será por siempre el rey absoluto de la arcilla o que jamás un ciclista podrá compararse con Eddy Merckx... O sí? Porque un tal Tadej Pogacar, favorito principal en el Tour de Francia 2026 que arranca este sábado, está empeñado en alimentar un debate que durante medio siglo nadie había osado poner sobre la mesa.
Si hablamos de ciclismo, se podían discutir los méritos de campeones como Jacques Anquetil, Bernard Hinault o Miguel Indurain. Se podían contar Tours, Giros, Vueltas o monumentos. Pero Merckx siempre había quedado fuera de la conversación. El belga ocupaba una categoría aparte. No solo era el mejor de todos los tiempos, sino que marcaba el límite de lo que un ciclista puede lograr.
Quienes vivieron sus años de gloria, a finales de los 60 y primeros 70, recuerdan una sensación difícil de explicar a las generaciones más jóvenes. Merckx no corría para ganar determinadas carreras. Corría para ganarlo todo. Una gran vuelta, una clásica adoquinada, una etapa al esprint, una contrarreloj o un campeonato del mundo. Todo el calendario parecía estar a su alcance.
Por eso, cuando en 2020 Pogacar dio la sorpresa ganando el Tour de Francia 'in extremis' a sus 21 añitos todo el mundo vio a un campeón extraordinario en ciernes, pero definitivamente no a alguien capaz de desafiar la dimensión histórica del 'Caníbal'. Seis años después, en julio de 2026, preguntarse si el esloveno está a su altura ya no resulta extravagante. De hecho, es inevitable.
Cuando los números hablan
Pogacar todavía no ha cumplido los 28 años y ya acumula un palmarés de leyenda. A estas alturas suma cuatro Tours de Francia, un Giro de Italia, dos Campeonatos del Mundo en ruta y una colección de monumentos (13) que no deja de crecer año tras año. Pero no se trata solo de cuánto gana sino de cómo lo hace, exhibiendo una superioridad y una polivalencia difícil de encontrar incluso entre los más grandes de la historia, sobre todo a partir de 2024.
En un mismo año puede pelear por el Tour de Flandes, presentarse en París-Roubaix, dominar Lieja-Bastoña-Lieja y semanas después arrasar en una gran vuelta. Ese abanico de posibilidades es precisamente lo que hace que el nombre de Merckx aparezca una y otra vez en cualquier conversación seria. Porque muchos campeones han dominado las grandes vueltas. Y muchos otros han reinado en las clásicas de un día. Pero muy pocos han sido capaces no de defenderse, sino de gobernar ambos mundos al mismo tiempo.
Existe además un factor emocional que suele pasar desapercibido cuando se comparan estadísticas. Merckx fascinaba porque atacaba cuando nadie lo esperaba. Pogacar produce exactamente la misma sensación. En una era marcada por los vatios, los datos en tiempo real y las estrategias calculadas al milímetro, el esloveno sigue corriendo por instinto, como se hacía antaño.
Ataca a 50 kilómetros de meta. A veces a 70. Hasta a 100 ha llegado a hacerlo en los Mundiales. Convierte carreras aparentemente previsibles en espectáculos imprevisibles. Su reciente exhibición en la Vuelta a Suiza, sentenciada prácticamente desde la primera etapa con una ofensiva lejana de apariencia espontánea, como sin querer, es un ejemplo más de esa forma de entender el ciclismo. Esa capacidad para entusiasmar al aficionado veterano es otro de los puentes que conectan a Pogacar con Merckx.
Los límites del ciclismo moderno
Y sin embargo, por muy impresionante que resulte su trayectoria, existe una razón poderosa por la que probablemente el esloveno nunca podrá superar al belga. Y no tiene que ver con su talento, sino con el mundo en el que compite.
Merckx desarrolló su carrera en un ciclismo con calendarios más extensos, menos especialización y una concentración de talento diferente. Disputaba muchas más jornadas de competición y acumulaba oportunidades de victoria que hoy sencillamente no existen.
Por eso alcanzó cifras que probablemente nadie volverá a tocar. Más de 500 victorias profesionales, once grandes vueltas, diecinueve monumentos y una acumulación de triunfos parciales que desafía cualquier comparación razonable.
Incluso un corredor tan dominante como Pogacar, que llega al Tour 2026 con 121 triunfos como profesional, está sujeto a límites contemporáneos que Merckx jamás conoció. El calendario actual, la exigencia fisiológica, la presión mediática y la propia evolución del deporte hacen prácticamente imposible construir una montaña estadística semejante.
Pogacar sí podría superar a Merckx en victorias totales en el Tour de Francia. No parece un logro descabellado para alguien a quien todavía le podrían quedar unas tres temporadas al máximo nivel. Aunque eso -rebasar la marca de cinco Tours que Eddy comparte con Anquetil, Hinault e Indurain- ya lo hizo Lance Armstrong (antes de que la UCI borrase del mapa sus siete victorias por dopaje) y nadie osó ponerle jamás a su mismo nivel.
Quizá la conclusión más interesante sea que Pogacar no necesita superar a Merckx para sentarse a su misma mesa. De hecho, su grandeza reside en habernos convencido de que la comparación no es una herejía. Durante más de 40 años el ciclismo asumió que nadie volvería a parecerse al 'Caníbal'. Hoy, en cambio, existe un corredor cuya combinación de talento, ambición, versatilidad y sentido del espectáculo obliga a pronunciar ambos nombres en la misma frase.
