María Teresa Domínguez, la energía de seguir al pie del cañón a los 75 años: “La sociedad no puede permitirse jubilaciones anticipadas”
Es la gran voz de la energía nuclear en España durante los últimos 50 años… y los que le quedan.
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La semana de María Teresa Domínguez no arranca como las de los demás. Para empezar lo suele hacer el domingo por la noche, mientras que el resto de la humanidad comienza a funcionar el lunes por la mañana. María Teresa coge un avión a última hora de la tarde del domingo (a veces pospone el viaje al lunes a las 8 de la mañana previo paso por su oficina) y pone dirección a Marsella donde, tras una hora de coche circulando entre viñedos, aparca en Cadarache y en seguida se pone a trabajar.
A sus 75 años María Teresa Domínguez sigue siendo una de las grandes voces dentro del sector de la energía nuclear. Y no tiene intención de pisar el pedal de freno ni un milímetro. Presidenta del Foro Nuclear y de la Sociedad Nuclear Española en su día, Domínguez se mantiene en la cresta de ola cuando muchos otros habrían dado un paso a un lado para disfrutar de su jubilación junto a sus hijos y sus nietos. Ella no.
Y todo lo explica a través de una sola palabra: pasión. La misma que hace 50 años la introdujo en el mundo de la ingeniería y de la energía nuclear a través de Empresarios Agrupados. La misma que todavía brilla en sus ojos cuando habla de su profesión. “Es apasionante y eso me hace que esté totalmente involucrada y comprometida”, reconoce ante la grabadora de Uppers, aunque también confiesa que esa dedicación “lleva muchísimo esfuerzo y tiempo”.
El reloj, sin embargo, no marca sus horas. Simplemente porque apenas lo mira. Del mismo modo que tampoco ojea el calendario. Y ahí está uno de los secretos que la mantienen tan activa a su edad: “Los años no los miro ni los cuento. Veo solo el día a día”, reconoce una persona que ha hecho del trabajo uno de los pilares fundamentales de su vida. “Soy una gran defensora de que hay que trabajar”.
Realmente es fundamental tener a esos expertos al lado de los grupos jóvenes que van tomando el camino
Domínguez no sólo sigue en lo más alto de la pirámide nuclear por su amor al trabajo. También lo hace por un sentido de la compromiso con el futuro y con quienes van a recoger su testigo: “Creo que tengo la responsabilidad de transmitir mi experiencia siempre que pueda”.
Su voz sigue siendo una de las más escuchadas en el mundo nuclear. Por ello hace una defensa encarnizada de la experiencia y de la necesidad de apostar por el talento senior: “Yo creo que la experiencia siempre aporta. Realmente es fundamental tener a esos expertos al lado de los grupos jóvenes que van tomando el camino. La sociedad no puede permitir las jubilaciones avanzadas, prematuras. Es necesario aprovechar el talento senior”, concluye.
El cambio de visión popular de una energía envuelta en polémica
María Teresa acumula experiencias de todo tipo en estos más de 50 años que lleva trabajando entre núcleos, átomos y reactores. Cinco décadas en las que ha vivido de todo en torno a un tema que ha generado tanta polémica como ha sido la energía nuclear. Del ‘centrales no’ a una visión más amable que existe en la actualidad.
“El gran problema que tiene la energía nuclear, que fue el gran descubrimiento del siglo XX porque era una fuente de energía inimaginable para el mundo, es que tuvo la mala suerte de que su primera aplicación fue militar. Por tanto ha quedado con una imagen negativa”, alega María Teresa, que lleva décadas intentando divulgar de manera adecuada el uso de una energía que ahora empieza a contar con el visto bueno de la sociedad. Aunque siempre con cierto recelo.
“Para mí lo que peor se ha entendido de la energía nuclear es la disponibilidad y yo creo que eso no se ha comprendido hasta el apagón que hemos tenido, porque nuestra generación sobre todo ha estado acostumbrada a tener siempre la energía eléctrica disponible”, asegura una de las mayores expertas a nivel europeo en esta fuente de energía, cuya evolución le sigue apasionando. Y lo demuestra hablando de los nuevos reactores modulares, los SMR: “Se están explotando la doble ventaja de los SMR. Una es la inversión, pero la otra es que las potencias son muy parecidas a, por ejemplo, las centrales de carbón”.
Lo ocurrido el 28 de abril de 2025 a las 12:33 del mediodía, cuando toda España se quedó a oscuras, fue un punto clave para cambiar las gafas con las que observar esta fuente de energía. “Es por el apagón, por la inestabilidad de los precios y porque hemos visto que la electricidad no es un bien estable. Por eso yo creo que ahora se valora más y hay una sensibilidad mayor hacia la energía nuclear por todos estos aspectos de estabilidad y de disponibilidad”.
Lo peor de una tecnología es que se meta dentro de los programas políticos sin una base científica sólida
Dos conceptos que ayudan a entender la importancia de la energía nuclear, algo que hasta ahora no había pasado en España. Lo mismo ha sucedido con el almacenamiento (“Una pequeña pastilla de uranio de dos centímetros puede equivaler energéticamente a una tonelada de carbón”) y con el peso que ha tenido la energía nuclear en el desarrollo industrial: “Con el desarrollo nuclear se llegó a aportar hasta el 12% del PIB industrial”.
Por eso insiste en que el mayor error que puede cometer un país con la energía nuclear es convertirla en una bandera política. “Lo peor de una tecnología es que se meta dentro de los programas políticos sin ninguna base científica sólida porque eso confunde a la sociedad. Mi consejo es no politizar la energía nuclear, entender la aportación de España y no permitir que perdamos este tren”, advierte a la vez que apura el último sorbo de su café con hielo.
Es el mensaje que queda mientras recoge sus cosas un domingo en una cafetería de Madrid. Horas después María Teresa volverá a subir al avión para seguir con su maratoniana actividad. Sin mirar demasiado el calendario. Sin contar los años. Con la misma pasión que la llevó hace medio siglo a una sala de control llena de ecuaciones y reactores. Porque, como repite varias veces durante la conversación, hay una idea que ha guiado toda su carrera: “Cada día es un día en el que hay que dar el máximo”. A los 75, para ella, esa sigue siendo la única edad que importa.
