Herencias

El truco familiar de los Rockefeller para heredar durante seis generaciones sin perder dinero

La estatua de Prometeo en el Rockefeller Center. Getty Images
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Los Rockefeller no son simplemente una familia rica más. Hablamos de una de las grandes dinastías millonarias de la historia estadounidense, un apellido que ha atravesado guerras, crisis económicas, cambios políticos y varias generaciones sin que la fortuna familiar se haya desintegrado por el camino. Lo cual tiene su mérito. Pero que una fortuna sobreviva a su fundador durante seis generaciones no depende únicamente de cuánto dinero se haya acumulado, sino de cómo se ha diseñado su transmisión.

Los Rockefeller entendieron muy pronto algo que sigue siendo fundamental en la planificación patrimonial de las grandes fortunas. Si cada generación recibe directamente los activos y vuelve a transmitirlos cuando muere, Hacienda tiene varias oportunidades de gravar el mismo patrimonio. La alternativa consiste en separar la propiedad de los bienes de las personas que se benefician de ellos.

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Ese es, simplificando mucho, el principio que hay detrás de los fideicomisos que la familia comenzó a utilizar en los años 30 y que posteriormente evolucionaron hacia estructuras capaces de atravesar generaciones.

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El dinero cambia de dueño antes de que llegue la herencia

La pieza esencial es el fideicomiso irrevocable, una estructura jurídica mediante la cual una persona transfiere determinados activos a un trust que pasa a ser administrado en beneficio de unos beneficiarios. Al ser irrevocable, el fundador no puede simplemente recuperar los bienes como si continuaran formando parte de su patrimonio personal.

La diferencia parece sutil, pero fiscalmente puede ser enorme. Si un patrimonio de 100 millones de dólares permanece a nombre de una persona hasta su fallecimiento, esos activos están sujetos al impuesto federal sobre sucesiones. Si, en cambio, determinados activos han sido transferidos legítimamente a un fideicomiso irrevocable y ya no pertenecen al patrimonio personal del fundador la situación fiscal es muy distinta. Eso permite que el capital permanezca dentro de una estructura que beneficia a hijos, nietos y descendientes posteriores sin tener que cambiar de propietario individual en cada generación.

John D. Rockefeller Jr., hijo del fundador de la Standard Oil y principal responsable de la organización de buena parte de la fortuna familiar, estableció en 1934 una serie de fideicomisos irrevocables para sus hijos que les permitía heredar la fortuna sin pagar impuesto de sucesiones.

La estrategia tenía una segunda virtud, además de la fiscal. El dinero no tenía que dividirse físicamente entre cada heredero. Podía permanecer invertido dentro del trust y seguir produciendo rendimientos mientras los descendientes disfrutaban de los beneficios establecidos en sus condiciones.

Imaginemos una fortuna que genera un 6% anual. Si cada vez que muere el propietario hay que liquidar una parte importante para pagar impuestos, el capital que continúa invertido disminuye. Si se consigue mantener una mayor cantidad de activos dentro de una estructura patrimonial durante décadas, los rendimientos empiezan a generar nuevos rendimientos. El efecto de la capitalización puede terminar siendo mucho más importante que el ahorro fiscal inicial.

Por eso esta estructura, conocida como Fideicomiso Dinastía (Dynasty trust) no es simplemente una caja para esconder dinero. Es, sobre todo, una arquitectura para mantener el capital invertido durante mucho tiempo y evitar que cada generación tenga que empezar de nuevo. Así es como los Rockefeller han podido conservar casi intacto todo su patrimonio, estimado en unos 12.500 millones de dólares.

La clave está en una vieja ley fiscal

Durante décadas, EEUU tuvo que enfrentarse a un problema conocido como generation-skipping. Una persona podía transferir patrimonio a generaciones mucho más jóvenes y, mediante determinadas estructuras fiduciarias, intentar evitar que el mismo patrimonio quedara sometido repetidamente a los impuestos sobre transmisiones.

El Congreso reaccionó. En 1976 introdujo el denominado generation-skipping transfer tax, diseñado precisamente para gravar determinadas transmisiones que saltan una o más generaciones. Pero el Fideicomiso Dinastía de los Rockefeller, creado mucho antes de esa fecha, pudo seguir funcionando sin problemas. Tampoco es que quedara libre de impuestos para siempre, pero se benefició de unas reglas transitorias con condiciones más favorables.

En realidad, no se trata tanto de conseguir que el dinero pase de padre a hijo sin pagar como de impedir que el dinero tenga que pasar de propietario individual a propietario individual. El patrimonio permanece dentro de una estructura. Los beneficiarios cambian. El capital continúa invertido. Y el reloj de las generaciones deja de coincidir necesariamente con el reloj fiscal de las herencias.