Ambos productos tienen tratamientos fiscales y niveles de liquidez diferentes. Un experto en ahorro aclara todas las dudas más frecuentes sobre estos productos
Un experto en economía, sobre la cantidad límite de aportación al plan de pensiones al mes: "125 euros difícilmente serán suficientes"
Ahorrar para la jubilación es una decisión que va mucho más allá de buscar la máxima rentabilidad. Hay muchas cosas a tener en cuenta: la fiscalidad, la disponibilidad del dinero, nivel de ingresos o la forma de recuperar el capital pueden hacer que un producto adecuado para un ahorrador resulte poco conveniente para otro.
Entonces, ¿es mejor optar por planes de pensiones o por fondos de inversión? Antes de elegir la respuesta hay que tener en cuenta otro aspecto fundamental. El límite general de reducción de los planes individuales está situado en 1.500 euros anuales en 2026.
Miguel Ángel López, docente de EAE Business School, y Joaquín Hidalgo, responsable de Ahorro y Pensiones en Nationale-Nederlanden en España, coinciden en una idea: no existe una solución universal. Ambos productos tienen tratamientos fiscales y niveles de liquidez diferentes y, para muchos ahorradores, pueden funcionar de manera complementaria.
“El impuesto se difiere”
Para López, la elección depende “sobre todo de su tipo de gravamen fiscal, del horizonte temporal y de la necesidad de disponer del dinero antes de la jubilación”. El plan puede resultar especialmente interesante para contribuyentes con tipos marginales elevados que puedan mantener el capital destinado a la jubilación.
Su principal atractivo aparece al realizar las aportaciones. El límite general de reducción alcanza los 1.500 euros anuales, aunque existen supuestos que permiten incrementarlo, especialmente mediante sistemas de empleo o para determinados autónomos.
Pero López introduce un matiz fundamental: “El impuesto se difiere: cuando se rescata el plan, las prestaciones tributan, con carácter general, como rendimientos del trabajo”. Por tanto, no basta con calcular cuánto se reduce hoy el IRPF.
Con los fondos ocurre algo diferente. “La aportación al fondo no reduce la base imponible del IRPF”, explica, pero al retirar el capital únicamente se tributa por la ganancia o pérdida patrimonial. Además, los traspasos entre fondos que cumplen los requisitos pueden realizarse sin pagar impuestos hasta el reembolso definitivo.
Ganar 25.000 euros no es igual que ingresar 80.000
Como es lógico, la renta del contribuyente cambia considerablemente el valor de la ventaja fiscal. López pone un ejemplo: una aportación de 1.500 euros con un tipo marginal del 30% supondría aproximadamente 450 euros de ahorro fiscal inmediato. Con un 40%, alcanzaría unos 600 euros.
Son cálculos orientativos, porque influyen la comunidad autónoma y las circunstancias personales y familiares. Aun así, el experto considera que el incentivo resulta generalmente más relevante para alguien que ingresa 60.000 u 80.000 euros que para quien obtiene 25.000.
“El ahorro fiscal de hoy no equivale necesariamente a un ahorro fiscal definitivo”, advierte. Al recuperar el plan habrá que tributar por las cantidades percibidas como rendimientos del trabajo.
El límite de 1.500 euros ha cambiado las reglas
López considera que ese techo “ha reducido claramente el incentivo fiscal” de los planes individuales para quienes tienen una elevada capacidad de ahorro.
Una persona que pueda reservar 500 euros mensuales acumularía 6.000 euros anuales, pero únicamente 1.500 podrían beneficiarse del límite general de reducción mediante un plan individual. En este escenario, los fondos adquieren importancia para canalizar el ahorro restante.
“No ha eliminado su ventaja fiscal”, precisa López. Su planteamiento es que “ambos vehículos pueden utilizarse conjuntamente: el plan hasta donde resulte interesante aprovechar el incentivo y el fondo para complementar la estrategia”.
Cuidado con rescatar todo el plan de golpe
La diferencia fiscal se vuelve especialmente visible al recuperar el dinero. “Las prestaciones percibidas tributan, con carácter general, como rendimientos del trabajo”, recuerda López.
Si un jubilado cobra su pensión pública y rescata simultáneamente una cantidad elevada, ambas rentas pueden incrementar su base general y llevar parte de los ingresos hacia tipos marginales superiores.
“En muchos casos puede ser preferible realizar rescates parciales y escalonados”, señala. También recuerda la particularidad de determinadas aportaciones anteriores al 31 de diciembre de 2006, para las que existe, cumpliendo requisitos y plazos, “un régimen transitorio que permite aplicar una reducción del 40% sobre la parte correspondiente cuando se cobra en forma de capital”.
Los fondos ganan la batalla de la liquidez
López identifica aquí una diferencia clara. En un fondo, el inversor puede solicitar el reembolso cuando lo necesite, de acuerdo con sus condiciones, mientras que el plan mantiene restricciones.
Aunque ahora pueden recuperarse anticipadamente derechos correspondientes a aportaciones con al menos diez años de antigüedad, el experto insiste en que esto no convierte al plan en un producto tan líquido como un fondo.
“El fondo ofrece una disponibilidad mucho mayor; el plan de pensiones ofrece ahora una vía adicional de acceso a las aportaciones antiguas”, resume.
“No existe una solución universalmente mejor”
Joaquín Hidalgo parte de una idea similar: “No existe una solución universalmente mejor”, porque la elección debe responder a los objetivos y circunstancias de cada persona.
Los planes encajan especialmente con quien busca construir un complemento para la jubilación y no prevé necesitar ese capital a corto o medio plazo.
Los fondos, en cambio, “aportan una mayor flexibilidad” y pueden adaptarse a objetivos como adquirir una vivienda, financiar la educación de los hijos o crear un colchón financiero.
“Más que elegir entre uno u otro, muchas personas podrían pensar en beneficiarse de combinar ambas herramientas”, sostiene.
La ventaja fiscal aumenta con los ingresos
Hidalgo también subraya que “cada euro aportado tiene más capacidad de generar ahorro fiscal para una persona con rentas altas que para otra con rentas medias o bajas”.
Por eso, señala que una aportación no tiene el mismo efecto para alguien que gana 25.000 euros que para quien percibe 60.000 o 100.000. Pero advierte de que sería un error valorar el plan exclusivamente por esa ventaja.
“La fiscalidad no es una exención, sino un diferimiento”, explica. Hidalgo introduce además otra alternativa: los SIALP, que pueden permitir la exención de los rendimientos generados cuando se mantiene la inversión durante al menos cinco años y se cumplen los requisitos legales. Markdown pegado
El rescate puede disparar la factura fiscal
“En el caso de los fondos de inversión, únicamente tributan las ganancias obtenidas”, explica Hidalgo. En el plan, por el contrario, “todo el importe percibido, tanto las aportaciones como la rentabilidad generada, tributa como rendimiento del trabajo”.
De ahí la importancia de planificar la salida. Recuperar mucho dinero en un solo ejercicio puede elevar la base imponible y llevar al contribuyente a tramos superiores.
“Optar por rescates periódicos o escalonados permite distribuir la tributación a lo largo del tiempo”, señala Hidalgo. Para él, una estrategia adecuada debe contemplar tanto la acumulación durante la vida laboral como la forma de disponer posteriormente del patrimonio.
Combinar puede aportar mayor margen de maniobra
Hidalgo considera que “rara vez la mejor solución pasa por elegir exclusivamente un único producto”. El plan aporta el incentivo inicial y orienta el ahorro hacia la jubilación; los fondos proporcionan liquidez y capacidad para modificar la estrategia.
Combinar ambos también diversifica la fiscalidad futura: el plan tributa como rendimiento del trabajo, mientras el fondo lo hace por las ganancias patrimoniales obtenidas.
“La clave no es elegir entre plan de pensiones o fondo de inversión, sino determinar qué peso debe tener cada uno dentro de una estrategia global de ahorro”, concluye Hidalgo.
Y es que, empezar pronto, diversificar y anticipar cómo se recuperará el capital puede ser tan importante como decidir dónde invertirlo.

