Educación

La española que puede convertirse en la mejor profesora del mundo: “Cuando mezclo a Goya con Stranger Things los alumnos abren los ojos como platos”

Ana Hernández, profesora del IES Julio Verne, candidata al Global Teacher Prize. Jorge Zorrilla
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Ana Hernández es doctora en Bellas Artes, licenciada en Psicología y profesora de dibujo y jefa de estudios en un instituto de Leganés, el IES Julio Verne. Lo es casi por casualidad, porque ella nunca vio la docencia como una posibilidad cuando estaba estudiando y miraba hacia el futuro. 

Pero desde que lo probó se enganchó -“fue como un flechazo”- y ahora es una apasionada de su profesión, de sus niños. El Instituto es su casa y sus alumnos, su familia. 

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Cierto es que en las últimas semanas está concediendo casi tantas entrevistas como tutorías, pero el momento lo merece porque Ana es la primera española candidata al Global Teacher Prize, o lo que es lo mismo, a ser considerada la mejor profesora del mundo. Es el ‘Nobel de la educación’ y ella es una de las 10 finalistas de las más de 150.000 candidaturas. 

De Leganés a Dubái con la posibilidad de que te nombren mejor profesora del mundo. ¿Cómo estás viviendo este momento tan especial?

Pues con mucha ilusión y ahora con una agenda repleta. No te haces idea de la cantidad de peticiones de entrevistas que estoy teniendo. Diría que casi hago más entrevistas que tutorías aunque no es verdad, pero estoy haciendo muchas. Soy la Lady Gaga de la educación estos días. 

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La gala es en Dubai la semana que viene.

Sí, estaré toda la semana que viene, aunque todavía no sabemos con certeza cuándo es la gala por temas de seguridad. No nos han dicho cuándo se celebra, pero entre el día 2 y el día 5.

Más allá de la gala, imagino que además es un momento interesante para poder compartir con otros profesionales tus experiencias.

¡Claro! Tenemos una agenda súper completa. El mismo día 2, que es el lunes, ya desde por la mañana tenemos grupos de trabajo, ponencias, un montón de cosas. Y el día 3 también. Vamos a estar a tope. Yo creo que eso realmente es el premio: rodearte y reunirte con un montón de gente que está trabajando como tú, cada uno en su contexto, haciendo lo que puede en diferentes países, pero todos con el mismo objetivo: sacar adelante a los chicos, a las chicas que tienen a su alrededor. Yo voy en plan esponja, con intención de aprender todo lo que pueda y ponerlo aquí en marcha.

El premio en metálico está muy bien (un millón de euros), pero el dinero es dinero. Esta experiencia, sin embargo, es para toda la vida. El dinero va y viene.

¿Es cierto que parte del premio lo dedicarías a comprar sillas y mesas para poder trabajar en equipo? 

Sí, es cierto. Es que hacen falta muchas. Es un horror tener sillas de pala. ¿Qué sentido o qué coherencia existe cuando tú trabajas así, haciendo trabajos en equipo, con sillas de pala? No hay mobiliario más individualista que una silla de pala. Entonces quiero ser coherente.

Si hace 25 años, estudiando Bellas Artes, te dicen que en 2026 ibas a estar camino de Dubai como candidata a mejor profesora del mundo, ¿te lo habrías creído?

Jamás, jamás. Ni hace 20 años ni hace seis meses ¿Sabes lo que pasa? Yo nunca me vi trabajando en el instituto. Era el último recurso. Al salir de Bellas Artes, muchos compañeros veían las oposiciones como su salida natural, pero yo nunca tuve esa inquietud.

Yo nunca me vi trabajando en un instituto. Era el último recurso

Yo, cuando terminé de estudiar, pues trabajaba, hacía mis exposiciones nacionales, internacionales, hacía fotografías… Me buscaba la vida como artista.

Entonces llegó una compañera y me dijo que me presentara con ella. Lo hice. Por supuesto, suspendí. Pero ahí ya conseguí un número para una sustitución y una cosa llevó a la otra hasta hoy. 

Hoy optas al Nobel de la educación. ¿Qué te dicen los alumnos?

Están entusiasmados. Me hacen comentarios por las escaleras en plan: “Profe, ¡no te conocemos, pero mucha suerte!”; o “un beso de parte de mi abuelo, que dice que mucha suerte”. Es fantástico.

Al final lo de la Lady Gaga de la educación es verdad.

Sí, sí. Se ha generado un rollo ahí estupendo. Alumnos míos, que tienen 30 años ahora, me están escribiendo porque han visto la noticia y me felicitan, se acuerdan de mí, me quieren presentar a sus bebés...

Por todo eso siento que para mí esto es casa. Yo estoy en casa. Estar en el instituto es estar mi casa, porque son mis niños, mis niñas… y verlos cómo van prosperando es increíble.

Gracias a esto se están poniendo en contacto conmigo familias de hace 20 años y me dicen: “Madre mía, tú no sabes lo importante que fuiste para nosotros o para nuestro hijo”.

En el fondo, yo hago lo que creo que me gustaría que hicieran conmigo, o que hicieran con mi hija: que hubiera docentes que estuvieran a su lado y la aconsejaran bien. Esa es mi función.

En el fondo, yo hago lo que creo que me gustaría que hicieran conmigo, o que hicieran con mi hija: que hubiera docentes que estuvieran a su lado y la aconsejaran bien

Pero perfiles como el tuyo, corrígeme si me equivoco, es complicado encontrarlos… En la actualidad gran parte de la educación es ‘sota, caballo y rey’.

Pues precisamente por eso hay que seguir trabajando, para evitar que se normalice el fracaso. Y yo creo que eso como sociedad no lo podemos permitir.

No podemos permitirnos que haya alumnos de entre 12 y 16 años que estén en casa y no podemos permitirnos que haya alumnos que estén enganchados a la repetición constante y al fracaso.

No podemos permitirnos que haya alumnos de entre 12 y 16 años que estén en casa y no podemos permitirnos que haya alumnos que estén enganchados a la repetición constante y al fracaso

Aquí recibimos alumnos que vienen de sexto de primaria a primero de la ESO, que cuando les recibimos ya vienen con las banderillas puestas, con una mochila llena de fracaso.

Si tú le dices a tu hijo que un ratoncito vendrá y se llevará su diente, te cree porque eres su madre, pero si les dices que no valen para nada y que no van a llegar a ningún sitio, te van a creer también. Pero también lo harán si les dices: ‘Confío en ti’, ‘estoy segura de que vas a conseguir lo que te propongas’, ‘ánimo’, ‘yo estoy aquí para echarte una mano’.

Tenemos la gran responsabilidad de ser precavidos y muy cautelosos con lo que les decimos.

Porque un niño pequeño, hasta 12 años, escuchando: ‘Se te da fatal’, ‘no vas a llegar’, ‘no hay manera contigo’… Pues llega a primero de la ESO creyendo que sus padres, su familia y su colegio no confían en que él pueda… Eso es duro.

¿Y si llevamos esto a los niños que son especialmente brillantes? ¿Tienen el mismo acompañamiento? .

Son niños con necesidades educativas especiales igual. Es decir, hay que mejorar independientemente del punto de partida. Si tienes un alumno que tiene un 9, hay que atenderlo igual que al que tiene un 4, porque el de 9 puede llegar a 10. Entonces yo creo que la inclusión tiene que ser una inclusión a todos los niveles.

¿Y no crees que de eso se está olvidando un poco el sistema?

Muchas veces sí. Muchas veces se piensa: “Bueno, es que estos van a ir bien haga lo que haga yo”. Pero no debemos caer en eso. Es que estamos para todos por igual.

Hay que tener mucho cuidado, porque a lo mejor el niño es hoy así y mañana comienza la adolescencia y a lo mejor la cosa se empieza a complicar. La inclusión es eso: incluir a todos independientemente de cuál sea el punto de partida para que todos tengan oportunidades.

Muchos alumnos de altas capacidades terminan afrontando un fracaso escolar, aunque parezca mentira.

¿Crees que la sociedad, por lo menos la española, está demasiado preocupada por lo académico, las notas, y poco por todo lo demás que sucede en el instituto?

Sí, aunque creo que eso está cambiando un pelín. Cuando yo era más pequeña, los padres pensaban en la nota y ya está, pero creo que ahora las familias sí que son conscientes de que alrededor de la nota hay más cosas.

Cuando yo era más pequeña, los padres pensaban en la nota y ya está, pero creo que ahora las familias sí que son conscientes de que alrededor de la nota hay más cosas

Tiene mucho que ver con la convivencia, tiene mucho que ver con que sus hijos o sus hijas estén en un entorno en el que se fomente y se valore la empatía, que se fomente el respeto.

Se supone que instituto y familias queremos lo mejor para sus hijos e hijas, pero hay veces que las familias entienden que el centro es lo hostil, lo contrario, pero no es así. Aquí se viene a aprender a ser un buen ciudadano, a ser un buen compañero, a ser solidario, a tener la capacidad de ponerte en el lugar del otro. Aquí se aprende mucho todo ese tipo de valores, porque si no se trabajan aquí, no se trabajan en ningún sitio. 

Hay que ayudarles a volar intentando cargarles la mochila con la mayor cantidad de habilidades posibles: capacidad de trabajar en equipo, hablar en público, ser resiliente, tener capacidad para decir no (saber decir no es importantísimo), educarles en el servicio, saber ser crítico ante la información que te llega, formar ciudadanos críticos ante la avalancha de mensajes que reciben todos los días y que tienden a retuitear o compartir sin reflexión previa.

Las redes sociales…

No podemos mirar para otro lado a día de hoy. Los chicos deben hacerse preguntas. ¿Quién está publicando esto? ¿Qué busca esta persona para que yo comparta? Hay que tener cuidado con dejarse llevar por las hordas destructivas.

Y también con la inteligencia artificial: tener capacidad para ser crítico ante esta imagen que me llega. Hay que tener cuidado porque no todo es verdad. La inteligencia artificial no es tu amiga, no ha venido a ayudarte. No es inocente. Sin miedo, sin nada que te paralice, pero sí desde el criterio y el análisis. 

Entonces, ese tópico —o ya ni siquiera tópico— de que la educación es en casa y que en el colegio o instituto solo se trabaja lo académico, ¿hay que destruirlo de una vez por todas?

Sí, sin duda, porque además no es verdad. No lo era ni cuando yo era pequeña ni cuando yo llegué al instituto.

Uno de tus proyectos estrella para trabajar con los alumnos es la codocencia. ¿En qué consiste exactamente? Siete profesores en una clase con 60 alumnos a priori parece una barbaridad.

Sí, puede que lo parezca. Pues lo primero que tienes que hacer es romper el horario de los alumnos para buscar la manera de que haya tres o cuatro grupos —o dos grupos— de forma simultánea. Y luego también tienes que romper bastante el horario de los profesores para que haya simultaneidad y estén esos siete profesores juntos.

Es verdad que romper los horarios parecía una cosa imposible. A mí siempre se me dijo que eso no se podía hacer, que la estructura rígida del horario era inviolable. Pero lo hicimos. Y no pasó nada. 

Es ir un poco a contracorriente. Y es estupendo, porque en una clase en la que hay 70 u 80 personas trabajando juntas, los alumnos trabajan en equipo.

Previamente reciben unos 20 o 30 minutos de introducción histórica, política, social, económica de un momento concreto —la Segunda Revolución Industrial, por ejemplo— y desde cada disciplina aportamos qué ocurre en ese momento concreto. Porque nada ocurre porque sí: todo es causa y consecuencia de algo.

Cuando entienden que el impresionismo surge porque aparece la Segunda Revolución Industrial, o que el jazz surge tras la Guerra de Secesión, todo tiene sentido.

Ellos mismos lo dicen: ahora entienden mejor y tienen que estudiar menos. Y claro, no es que estudien menos, es que lo han comprendido. Lo tienen interiorizado.

Ellos mismos lo dicen: ahora entienden mejor y tienen que estudiar menos. Y claro, no es que estudien menos, es que lo han comprendido. Lo tienen interiorizado

También les ayuda a entender que en la actualidad las cosas tampoco ocurren porque sí. Cuando vivimos la pandemia, al volver nos decían: “Profe, claro, es una enfermedad, pero fíjate cómo ha tenido repercusión en la política, la economía, las ciencias…”.

Y claro que la tiene. Eso es lo que necesitan aprender.

También rompéis con esa idea del profesor solo en el aula, ¿no?

Claro. Creo que es necesario que los profesores de secundaria rompamos con ese mantra de estar solos en el aula con un montón de alumnos.

Cuando me preguntabas antes a qué países podemos mirar, muchos países europeos que ahora tienen muy buenos resultados en informes de la OCDE van en esta línea. No puede ser coincidencia. Trabajan con varios profesores en el aula y, además, cuando metes otros profesionales, bajas el ratio automáticamente. Los alumnos se sienten mucho mejor atendidos, dicen que aprenden más y mejor.

Y los profesores también rompemos con esa tradición de reproducir lo que hicieron con nosotros cuando éramos alumnos. Te das cuenta de que ya no es la manera. No es sostenible trabajar en soledad con 30 alumnos buscándote la vida, sobre todo en un momento como este en el que cada vez hay menos personas que quieran ser docentes.

No es sostenible trabajar en soledad con 30 alumnos buscándote la vida

Tenemos una crisis gravísima: nadie quiere ser profesor. Entonces hay que mejorar a los alumnos, sí, pero también hay que mejorar la profesión docente. ¿Cómo luchamos contra la desmotivación del profesorado, que también existe?

Incluso el miedo en algunos casos.

Claro. Ese agobio, esa soledad que llevamos arrastrando toda la vida… La única forma de enfrentarse a eso es dejar de hacerlo así y empezar a trabajar en equipo. Aprender de un compañero o compañera, compartir aula.

Además, también aprendes más tu materia. Yo puedo llegar a clase y casi no prepararla, porque llevo 20 años y lo controlo. Pero cuando tienes que contextualizar tu disciplina con ciencias, con historia, con economía, eso te obliga a repasar, a dar un plus. Y eso es tremendamente motivador.

Ver a 70 chavales trabajando juntos y a siete profesores motivados, trabajando en equipo produce mejoras en los dos niveles: en los alumnos y en los profesores. Y nosotros también somos fundamentales en el sistema educativo.

¿Has encontrado reticencias en alguno de los tres campos: alumnos, familias o profesores?

Reticencias por parte de los alumnos, no. Por parte de las familias, tampoco. Por parte de los profesores, sí. Y te sorprenderá, pero no son los más mayores. Suelen ser profesores muy jóvenes los que más tienden a reproducir lo que ellos recibieron.

Replicar un modelo de hace 40 o 50 años...

Exacto. Y es curioso porque en este proyecto participan muchas personas que están muy cerca de jubilarse. En 2021 ganamos el Premio SIMO a la mejor experiencia innovadora y en 2019 el de Grandes Profes. Recuerdo a una compañera de Historia, a punto de jubilarse, que le dijo a la ministra: “Yo llevo toda la vida trabajando como profesora y siempre tuve la sensación de que algo así, trabajar juntos en equipo, funcionaría. No tenía ninguna necesidad de meterme en esto, porque me jubilo en unos meses, pero me jubilo con la satisfacción de saber que esto funciona”. 

Estuvo cinco años más trabajando y fue maravillosa, tirando del carro. Cuando te gusta tu profesión y crees que hay que dar un plus, da igual la edad.

Yo misma sentí en un momento que yo ya no era suficiente. Que mi conocimiento y mis formas no bastaban. Creo que es importante la autorreflexión docente. Tenemos margen de mejora. Me niego a pensar que los profesores lo hacemos todo fenomenal y que los que fallan son los alumnos. Cuidado con eso.

Me niego a pensar que los profesores lo hacemos todo fenomenal y que los que fallan son los alumnos. Cuidado con eso

Sin embargo, el absentismo siempre se achaca a los chavales: ‘este no quiere estudiar’.

Un chaval que se queda en casa no lo hace porque quiere. Siempre hay algo detrás. Hay que indagar, buscar. Y también hacer que el alumno entienda que el instituto es su casa, un lugar donde se sienta cómodo. Muchos de esos chicos vienen con una mochila enorme de fracaso. Han escuchado toda su vida: “no vales”, “no llegas”, “no sirves”. ¿Con qué ganas te levantas cada mañana para venir al instituto? Hay veces que no nos ponemos lo suficiente en su lugar.

¿Este modelo de codocencia es replicable también en Primaria?

Perfectamente. Es más, yo miro Primaria con mucha envidia. La pedagogía es maravillosa. El problema es que cuando llegan a secundaria rompemos la baraja: “Ahora viene lo serio”. Todo lo que han aprendido en Infantil y Primaria —trabajo en equipo, lectura por parejas, trabajo colaborativo— se deja de lado. Y no tiene sentido. Las herramientas ya las traen. Lo que hay que hacer es afinarlas, mejorarlas.

Siempre nos echamos la culpa unos a otros: la universidad a Secundaria, Secundaria a Primaria, Primaria a Infantil, Infantil a las familias. Falta sentarse y pensar: “¿Qué puedo mejorar yo?”. La autocrítica es necesaria si quieres mejorar.

Hablemos de pantallas. Durante un tiempo parecía que todos los chicos tenían que tener una pantalla en el pupitre. Ahora parece que las pantallas son el demonio. ¿Está la virtud en el punto medio?

Como en la vida, sí. Nos dejamos llevar por la avalancha tecnológica y obviamos los riesgos. Ahora toca regular. No solo con los alumnos, también con los adultos. Yo misma tengo problemas para escribir a mano o dibujar. Si eso nos pasa a nosotros, imagínate a ellos.

Las pantallas son útiles cuando se usan en el momento adecuado y para el objetivo adecuado. Dar bandazos obedece a intereses particulares, y eso es peligroso. La educación debería estar por encima de eso.

Hay quien dice que por culpa de las pantallas se nos está olvidando pensar, aburrirnos, reflexionar. ¿Lo notas en los alumnos?

La capacidad de pensar la tenemos intacta. Lo que ocurre es que hemos delegado procesos en la tecnología. Pero eso nos pasa también a los adultos. No puedes decir “mi hijo está todo el día con el móvil” mientras tú estás igual. El ejemplo eres tú. Hay que regular horarios, retirar el móvil por la noche. No pasa nada por poner límites. Vivimos en un ritmo frenético de noticias constantes y las redes han acelerado eso. Pero también hay recursos para enganchar a los alumnos. Los profesores no somos pantallas, pero podemos ser creadores de contenido de calidad. No es que no sepan pensar; es que no lo necesitan porque todo se les da hecho.

Los profesores no somos pantallas, pero podemos ser creadores de contenido de calidad

Lo de ver al profesor como creador de contenido en el aula no está mal para engancharles.

Claro. Un creador de contenido que ofrece cosas que conectan. Yo mezclo a Rosalía con Historia o explico a Goya con Stranger Things. Abres los ojos como platos. No es bajar el nivel, en absoluto. Después de rres horas de la Guerra de la Independencia salen agotados. Ellos y nosotros. Pero se llevan 1808 entero en la cabeza: música, historia, arte, literatura, ciencia. Salen con varias calificaciones, no una o dos. Es más justo y más coherente. Lo que no se evalúa no se mejora.

Hablemos del premio, del Global Teacher Prize. Eres la única española que ha llegado tan lejos y estás entre las 10 candidaturas finalistas. 

Así es, de más de 159.000 que se presentaron de 130 países.

¿Qué quieres traerte de Dubái además del premio?

La experiencia de estar con profesores que hacen cosas maravillosas en todo el mundo. Traerme ese conocimiento, esa praxis, para ser mejor profesora. Siempre hay margen de mejora. Para mí, para mis compañeras, para el centro. Hay profesores de Estados Unidos, India, Polonia, Italia, Colombia, Argentina… Todos tienen situaciones distintas, pero el objetivo es el mismo: mejorar lo que tienen alrededor.

¿Qué podemos envidiar de esos otros países en cuanto a educación?

Pues yo envidio mucho a los países con recursos. Y no hablo solo de recursos económicos, sino de recursos humanos. Países que dotan a los departamentos de orientación con personal suficiente para afrontar la gran variedad de situaciones que tenemos ahora. Y no hablo solo de situaciones desfavorables, también de alumnos que van fenomenal. Eso es inclusión educativa.

Envidio mucho a los países con recursos. Y no hablo solo de recursos económicos, sino de recursos humanos

¿Cómo ves a España?

Es complicado, porque la educación es todo. Y según cómo entiendas la vida, entiendes la educación. Por eso es difícil llegar a acuerdos. Creo que poco a poco las leyes educativas nos van ayudando a mirar a otros países que llevan tiempo haciendo cosas muy potentes.

La flexibilidad que tenemos ahora con la LOMLOE y esa forma de entender el aprendizaje va muy en la línea europea y contemporánea. Creo que estamos en el buen camino.

Otra cosa es llevarlo a la práctica. Todo lo que soporta el papel es teórico y luego cuesta tiempo darle forma. Pero creo que ahora mismo estamos alineados con la búsqueda de la excelencia que muchos países europeos comenzaron hace tiempo.