Desde que el teletrabajo es una realidad, hay argumentos tanto a favor como en contra de esta modalidad de empleo. En esta ocasión, vamos a tratar un aspecto que no se tiene en cuenta de manera habitual. Según la doctora en Medicina Estética Graziella Moraes, la salud de la piel puede verse afectada en los espacios de trabajo, ya que en las oficinas existen determinados estímulos que pueden impactar negativamente en su aspecto. Los elementos que más afectan son la luz, tanto de los focos como la que emiten las pantallas, y el aire acondicionado. La luz de los focos suele predominar a la luz natural y son tan perjudiciales como los rayos UVA, que ya conocemos y evitamos con protector solar. Tanto los fluorescentes como los LED emiten radiación infrarroja y UV. La exposición prolongada a las pantallas de móviles y ordenadores también puede propiciar la aparición de manchas, disminuir la generación de colágeno y resecar la piel. Por último, el aire acondicionado, la polución y el polvo que se encuentra en los conductos y en el ambiente son los principales enemigos de la piel sana, pues pueden taponar los poros y aumentar la producción de sebo, favoreciendo la aparición de sarpullidos, reacciones alérgicas, granos y puntos negros. Todo ello, junto los agentes químicos desinfectantes, que generan nanopartículas volátiles que la piel puede absorber, provocan en la piel deshidratación, sequedad, descamación, sensibilidad y envejecimiento prematuro. De entre todos los agentes nocivos, la luz azul es probablemente uno de los más peligrosos. Para los expertos es un activador del envejecimiento por estas razones: En la actualidad, existen tratamientos cosméticos que ayudan a paliar el efecto de la luz. El fotoprotector es el más importante. Los expertos recomiendan utilizar cremas de con factor de protección 30 y 50 si tenemos que trabajar muchas horas delante del ordenador o conectados al móvil. Sin embargo, las rutinas más importantes tienen que ver con hábitos de estilo de vida. Entre ellos, como más importantes: