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El abuelo que se hizo famoso por las maquetas de su pueblo gracias a un vídeo de su nieta: "Tomé las medidas contando los pasos"

Mercado de abastos
Detalle de una maqueta de José Antonio. Sandra Sabater
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Puede que te suene el nombre de Sandra Sabater, una música que forma parte de la banda española Ginebras, estando al cargo de la guitarra. También tiene un proyecto más personal en solitario bajo el nombre de Gracias, y sus temas se pueden escuchar, por ejemplo, en Spotify. 

Sin embargo, más allá de su trabajo musical, la artista ha descubierto recientemente la verdadera razón “para la qué ha venido al mundo”, que no es para otra cosa que para dar a conocer el trabajo de su abuelo José Antonio, que hoy tiene 88 años, y que cuando su vida “se paró” tras una caída, tomó la decisión de ocupar su tiempo en tareas tan artesanales, como loable. Primero se ocupó en crear un árbol genealógico para su familia, para después para a replicar edificios de su pueblo a escala, con un nivel de fidelidad que impresiona. 

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Según él mismo confiesa, lo ha hecho todo artesanalmente, incluso a la hora de tomar medidas. Para ello se ha ido personando en las localizaciones más importantes de Aspe, un municipio alicantino con cerca de 25.000 habitantes. El siguiente paso era contar cuántos pasos había entre los objetos de cada lugar, y calcular qué distancia media tenían sus pasos. Una vez anotadas las distancias, era momento de ponerse manos a la obra. 

Así, con materiales mundanos, sin conocimientos previos de arquitectura o modelismo, José Antonio recreó estas localizaciones con suma fidelidad. Para crear farolas se sirvió de minas de bolígrafo, botones, peones de un juego de ajedrez… Para que las campanas en el campanario se movieran y sonaran como las reales, aprovechó el motor de un microondas viejo, que además colocó en la base del torreón, “porque antiguamente las campanas se hacían sonar a mano, desde el nivel del suelo”. 

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Para las velas, palos de chupa-chups recortados hábilmente. Los suelos y las paredes de los edificios parten de varias capas de poliespán, “el corcho ese blanco”. Todo un ejercicio de practicidad al servicio de un hobby que José Antonio ejecuta con maestría

Y esto sin olvidarnos de detalles como que las tejas de todos sus edificios están hechas también por él, con arcilla y en el horno “porque si no son muy frágiles”. El nivel de detalle es digno de mención, y toca tanto exteriores, como interiores, para dar como resultado una serie de representaciones de su localidad que son una fiel representación de lo que veríamos si diéramos un paseo por las calles de Aspe.

La pequeña mala noticia es que José Antonio ha dejado ya este hobby, aunque no se cierra a continuar con otros edificios en un tiempo. Al fin y al cabo se trata de una ocupación exigente, debido al nivel de fidelidad y exigencia del propio artesano. Tanto es así que afirma haber dedicado 6 meses a la Basílica, 4 meses al Mercado de abastos y 1 mes a la Ermita de la Santa Cruz. 

El nivel de maestría de estas representaciones no es una coincidencia, pues según afirma, su primer oficio fue “hacer juguete de madera”, a la edad de tan solo 14 años. Por supuesto, después ha hecho muchas más cosas, hasta crear una tienda de electrodomésticos en la que varios miembros de su familia siguen trabajando hoy en día.

Quizás la fuente de inspiración para estas maquetas fue el proyecto que Carlos y Damián realizaron años antes, también en Aspe, y que estuvieron expuestas en el año 202 en la sede social de la Oración en el Huerto de la localidad. Un buen trabajo el que realizaron, pero que en absoluto alcanzó el nivel de fidelidad y maestría de las maquetas realizadas por José Antonio.