Psicología

Así se entrena el cerebro para no quedarse en blanco: “No necesitas aprender más, sino mejor”

Ferran Ballard y Alejandra Scherk, autores de 'Aprender con estrategia'. Carlos Ruiz
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“Dos personas preparan el mismo examen. Una lee y subraya durante horas. La otra se hace preguntas, intenta explicar sin mirar, detecta lo que no entiende. ¿Quién rinde mejor? La segunda. Porque ha aprendido mejor”. Así resume Ferran Ballard el principio que sostiene su método y que afirma que no se trata de estudiar más, sino de estudiar distinto.

Ese cambio de paradigma es la base de ‘Aprender con estrategia’ (Cúpula), el nuevo libro que firma junto a Alejandra Scherk, consultora y experta en entornos de alto rendimiento. En él proponen un sistema de ocho pasos para convertir el aprendizaje, ya sea académico o profesional, en un proceso activo, mediante técnicas que entrenan la memoria, fomentan el pensamiento crítico y blindan la atención.

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El error no es tuyo: es del método

“El síntoma número uno de que estás estudiando mucho pero aprendiendo poco es pensar: ‘Me lo sabía, pero me he quedado en blanco’. O peor aún: ‘En casa me salía’”, señala Ferran. La clave, dicen, no es la capacidad ni las horas dedicadas, sino el tipo de práctica: “Si reconoces la información al verla pero no puedes recordarla sin mirar, no ha habido aprendizaje real. Solo familiaridad. Y eso no basta”.

Para evitarlo, el método Ballard insiste en que el aprendizaje no puede limitarse a pasar páginas. Hay que activar el conocimiento, lo que supone subrayar con sentido, hacerse preguntas, transformar la información y, sobre todo, evocar sin mirar. “Es incómodo, sí. Pero es lo que hace que el cerebro fije los conceptos”, explica Alejandra. “Evocar sin apoyo es un espejo: te enseña lo que sabes y lo que no. Y si descubres una laguna, es una oportunidad, no un fracaso”.

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Tres pasos que cambian tu forma de estudiar (o de preparar una reunión)

Aunque el sistema completo se compone de ocho fases: apuntes, lectura, resumen, hoja de preguntas, esquemas, memorización, repaso y aplicación, Ballard y Scherk aseguran que bastan tres para notar un salto cualitativo:

  • Tomar apuntes con sentido: no se trata de escribir todo, sino decidir qué es importante y por qué.
  • Hacerse preguntas:  “Es la gran olvidada del estudio. Nos obliga a procesar la información con propósito”, dice Ferran.
  • Repasar evocando: “Intentar recordar sin mirar es el mejor entrenamiento que existe para consolidar el aprendizaje”.

En entornos laborales, este método resulta especialmente útil para preparar reuniones, informes o presentaciones en poco tiempo. Alejandra pone un ejemplo práctico: “Si tengo que presentar un proyecto sobre una industria que desconozco, primero hago una lectura exploratoria, luego filtro lo relevante, elaboro una hoja de preguntas clave y después diseño un esquema que me guíe. Memorizarlo y ensayar la presentación en voz alta cierra el proceso. En media hora has convertido información en conocimiento útil”.

Pero aprender también supone superar una serie de obstáculos, y uno de los mayores enemigos del aprendizaje es lo que los autores llaman “la ilusión del conocimiento”, que es creer que sabemos solo porque algo nos suena. Para combatirla, recomiendan realizar un test simple pero revelador: “Intenta explicar en voz alta lo que has aprendido, sin mirar. Si puedes hacerlo como un profesor, lo dominas. Si te quedas en blanco, solo lo reconocías”.

Otro obstáculo moderno es la distracción digital. Frente al falso autocontrol (“no, si yo no miro el móvil...”), proponen la regla de las tres puertas: “Deja el móvil a tres obstáculos de distancia. En una mochila, en otra habitación. Así, si vas a buscarlo, te da tiempo a preguntarte: ¿realmente necesito mirarlo ahora?”.

Además, promueven espacios visualmente limpios, sin estímulos innecesarios, auriculares de aislamiento y una hoja en la que poder anotar pensamientos intrusivos. “Porque a veces tu mayor distractor no está fuera, sino dentro: tu propio cerebro recordándote que llames a tu tía”.

“Mucha gente mastica libros, pero pocas los digieren”

La lectura también merece otro enfoque. “Digerir un libro significa transformar lo que lees en algo tuyo. Identificar qué ideas son importantes para ti, cómo se relacionan con lo que ya sabes y en qué se pueden aplicar”, explica Ferran. Una buena lectura no termina al cerrar la contraportada, sino cuando puedes explicar qué te ha aportado.

¿Y la motivación? No aparece por arte de magia. “Hay que encontrar el valor. Pregúntate: ‘¿Para qué me sirve esto?’, ‘¿Qué problema me ayuda a resolver?’. Si conectas con eso, la disciplina aparece sola”.

El método Ballard no promete atajos milagrosos. Promete algo más valioso: recuperar el control sobre cómo aprendemos en un mundo de exceso informativo y ruido constante. Como concluyen sus autores: “No necesitas aprender más. Necesitas aprender mejor”.