Olvidos y fallos de memoria: cuándo son normales y cuándo hay que alarmarse

Con el paso del tiempo, tener descuidos y pequeños olvidos es normal, pero hay veces que hay que preocuparse
Cómo mejorar la memoria y concentración después de los 50, según Harvard
MadridLas personas despistadas saben que no pueden confiar demasiado en su memoria, pero aquellas que nunca han tenido ese tipo de problemas puede que con el paso del tiempo comiencen a notar que las cosas están cambiando. Es bastante habitual que con el paso del tiempo comencemos a sentir que las cosas ya no son iguales, puede que tengamos menos energía, que algunas cosas nos cuesten un poco más o que nuestra memoria ya no sea la que era.
En la mayoría de los casos, estos olvidos y fallos de memoria forman parte del devenir de la vida y son normales, no requieren una mayor preocupación que seguir trabajando nuestra mente para que no siga pasando y usar nuevos sistemas para poder acordarnos de todo a tiempo. Otras veces, sin embargo, pueden ser una señal de que algo no va bien y es importante acudir a especialistas.
Olvidos y fallos de memoria: cuándo son normales y cuándo hay que alarmarse
La memoria puede verse afectada por muchas causas y, mientras que experimentar olvidos en ocasiones es normal, hay ciertas circunstancias que pueden servirnos de alerta, como la persistencia o el agravamiento de esta situación. Las pérdidas de memoria pueden ser transitorias, recuerdos, nombres o datos que no recordamos en un momento, pero que recuperamos al cabo de un tiempo, o permanentes.
Lo más habitual es perder objetos personales, que cueste encontrar una palabra, contar varias veces la misma historia o hacer la misma pregunta varias veces, no recordar si hemos hecho algo, confundirse de día de la semana o de año, tener dificultad para recordar citas, problemas para seguir instrucciones o perderse o desorientarse en lugares conocidos.
En este último caso, es importante buscar ayuda, porque es una de las señales de alerta. También hay que buscar ayuda si esas pérdidas de memoria interfieren con las actividades diarias, produciendo dificultad para realizar tareas comunes, como vestirse o cocinar. Otra de las alertas es tener dificultades para seguir conversaciones o recordar información reciente, que es más propensa a ser olvidada. Conviene estar pendiente también si además se producen cambios en la personalidad o el comportamiento, como irritabilidad, apatía o cambios bruscos de humor.
Hay muchos motivos por los que puede perderse la memoria, la edad y el envejecimiento son solo uno de ellos, también puede producirse como consecuencia de una enfermedad que en muchos casos puede ser tratada, como algunas infecciones, como encefalitis, meningitis, sífilis o VIH.
Las pérdidas de memoria pueden estar producidas también como consecuencia de una medicación, o una falta de vitaminas, el abuso de sustancias como el alcohol también las fomenta. Puede estar asociada con problemas emocionales como el estrés, la ansiedad, depresión o incluso producido por un evento traumático. Evidentemente, puede deberse a la demencia, a un deterioro cognitivo o estar causada por la enfermedad de alzhéimer.
Evitar estas pérdidas de memoria no siempre es posible, pero podemos intentar frenarlas llevando una dieta equilibrada, haciendo ejercicio físico, descansando y durmiendo de manera adecuada, intentando tener una vida social activa y realizando algunos ejercicios que nos ayuden a mantener el cerebro activo, como crucigramas o sudokus, entre otras actividades.

