Darín, Bon Jovi o Eminem: cómo ser abuelo primerizo disfrutando del momento pero sin agobiar a tus hijos
El reto moderno para el rol de abuelo es estar presente sin ocupar demasiado espacio
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La reciente noticia de la 'abuelidad' de Ricardo Darín ha despertado una oleada de simpatía colectiva. El actor argentino, siempre discreto con su vida privada, se mostró emocionado con el nacimiento de su primer nieto, Dante, hijo de Úrsula Corberó y Chino Darín. "Me pasaron de galán maduro a anciano", dijo con humor cuando supo que sería abuelo. A sus 69 años, el protagonista de 'El hijo de la novia' entra ahora en una nueva etapa vital que, más allá de la fama, conecta con una experiencia universal.
Ser abuelo hoy ya no es lo que era antes: ni distante ni invasivo, ni ausente ni controlador. El reto moderno es estar presente sin ocupar demasiado espacio. Y no es una desafío exclusivo de Darín. Por ejemplo, Jon Bon Jovi también se ha convertido en abuelo a los 63, después de que su hijo Jake Bongiovi y su esposa, la actriz Millie Bobby Brown, adoptaran una niña el pasado verano. "Quiero ver fotos casi todos los días. Ya soy ese tipo molesto que siempre está pidiendo actualizaciones, pero sí, es genial”, confesaba.
Y Eminem, el antiguo enfant terrible del hip hop, también fue abuelo primerizo el año pasado a los 52 gracias a la maternidad de su hija Hailie Jade Scott, noticia que recibió "emocionado" y que él mismo reveló en el vídeo de su canción 'Temporary'. Todos ellos tienen que aprender a redefinir su rol, asumir que no son los protagonistas de esta historia, sino apoyo.
Acompañar, no dirigir
"La presencia de los abuelos es importante para el desarrollo infantil y de qué manera nuestro rol es esencial en sus vidas como referente más allá del de sus padres, con nuestras particularidades y nuestras formas de hacer las cosas, siempre desde el respeto a la educación que ellos hayan elegido para sus hijos", nos explicaba la periodista Susana Alosete, autora de 'Manual para abuelas Boomer'.
Efectivamente, ser un abuelo comprometido no significa opinar sobre todo, corregir cada decisión parental o 'saber más porque ya lo viviste', significa entender que tus hijos ahora son los padres y tu papel es acompañar, no dirigir.
"La familia es un sistema y cuando nace un bebé los roles cambian. Todos los miembros tienen que reaprender esos nuevos roles. Son los nuevos padres los que deciden la educación de los hijos y son los que escogen su modelo de familia. Ellos son los que tienen que coordinar la crianza", argumentaba aquí la psicóloga Juliana Blasco.
Aunque no se compartan métodos, normas o estilos educativos, no le corresponde al abuelo corregirlos, y mucho menos delante del niño. La autoridad es de los padres. La clave para disfrutar del nuevo rol sin agobiar es estar disponible, pero no estar encima. No hace falta escribir cada día, preguntar todo ni vigilar cada decisión. "Si necesitáis algo, contad conmigo" es mucho más sano que "yo lo haría así".
"Si los nuevos abuelos ven que algo de lo que están haciendo los hijos es un error, con respeto y con cariño deben intentar cambiar la situación. Los abuelos piensan que la experiencia les da derecho a expresar su opinión. Ejercen su rol de padres con los padres de sus nietos y por eso piensan que puedan reñir e incluso imponer criterios a sus hijos. Por eso es importante, que cada uno dé su opinión con respeto", afirma la psicóloga.
Duplicar el cariño
Pese a los conflictos que puedan darse, la relación entre abuelos, padres y nietos ofrece enormes beneficios. El vínculo se construye desde la singularidad del rol del abuelo, no a través del de ejercer de padre bis, es decir: tiempo, juego, escucha, historias, calma, complicidad.
"Los niños reciben personas muy importantes en su vida que les quieren tanto o más que los padres. Es duplicar u cuadriplicar el cariño. Además, desde el punto de vista de la organización familiar, los padres sienten una enorme tranquilidad cuando dejan a los niños con los abuelos, confían plenamente en ellos y eso es importante cuando se pasan tantas horas fuera de casa", añade Blasco.
"Solo espero que me quiera mucho, que me tenga muy presente en su vida y que sepa que soy alguien en quién puede confiar y que siempre estará ahí para ayudarle en lo que necesite. Si además consigo que tenga ganas de verme, de hacer cosas divertidas conmigo y la visita a casa de los abuelos no se convierta en una pereza o una obligación incluso cuando sea adolescente, me hará inmensamente feliz", concluye Alosete ante la pregunta que debe hacerse cualquiera que se embarque en esta nueva etapa: qué tipo de abuelo quiero ser.
